El acceso abierto pirata como desobediencia civil electrónica: ¿Es ético violar las barreras de pago de las publicaciones académicas?

Sci-Hub (2020)

James, JE. Pirate open access as electronic civil disobedience: Is it ethical to breach the paywalls of monetized academic publishing? J Assoc Inf Sci Technol. 2020; 71: 1500– 1504. https://doi.org/10.1002/asi.24351

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El acceso abierto ha sido durante mucho tiempo un ideal de la publicación científica. Sin embargo, en contra de las expectativas iniciales, el costo del acceso a los conocimientos científicos publicados aumentó tras la llegada de Internet y la digitalización de contenidos. Un análisis de la ética de las disposiciones actuales en materia de publicaciones académicas muestra que la monetarizaciòn y el secuestro del conocimiento científico detrás de los muros de pago infringen el principio de equidad y perjudican el interés público. Tras decenios de esfuerzos fallidos por corregir la situación, existen motivos éticos para que los consumidores de conocimientos científicos invoquen el derecho a la desobediencia civil colectiva, incluido el apoyo al acceso abierto de los sitios piratas. ¿Podría ser ésta la mejor opción de que disponen los consumidores de conocimientos científicos para eliminar las barreras de pago a los conocimientos que pertenecen legítimamente al dominio público?

  1. INTRODUCCIÓN

Maximizar el acceso al conocimiento científico ha sido una aspiración de la publicación académica desde la fundación en 1665 de la revista científica de más larga trayectoria, Philosophical Transactions of the Royal Society (Fyfe, 2015). La solidez de esa aspiración se pone de manifiesto en numerosas afirmaciones a lo largo de los siglos, incluida la reciente afirmación de Science Europe de que el conocimiento científico “sólo puede funcionar correctamente” si es abiertamente accesible a todos (Schiltz, 2018). Así pues, a pesar del valor incalculable del conocimiento científico acumulado, la publicación académica persiguió durante mucho tiempo un “espíritu de compartir” (Fyfe, 2018) en lugar de comerciar con fines de lucro.

A pesar de los ideales igualitarios, los costos asociados a la publicación impresa obstaculizaban el acceso abierto universal (OA). Después, a finales del siglo XX, con la llegada de Internet y la publicación electrónica, la barrera del costo pareció por fin superable (Fyfe, Coate, Curry, et al., 2017). Sin embargo, la transición mundial de los formatos impresos a los digitales tuvo un resultado exactamente opuesto al que el sentido común consideró inevitable. El costo del acceso ha aumentado de hecho, exacerbando así los obstáculos al acceso de un número cada vez mayor de autores y lectores (James, 2017; Tickell, 2016).

En contraste con las operaciones altamente monetarizadas a las que nos hemos acostumbrado, la mayoría de las revistas científicas anteriores al decenio de 1950 no operaban con carácter comercial (Fyfe, 2018). Es decir, durante casi 300 años, hasta mediados del siglo XX, la publicación académica favoreció prácticas que hoy en día existen como meras aspiraciones encarnadas en el movimiento del Acceso Abierto. La monetarización del conocimiento científico es la norma actual, que implica que un inmenso canon de la producción científica publicada se encuentra secuestrado detrás de los barreras de pago (Fyfe et al., 2017). Tras decenios de esfuerzos fallidos por eliminar las barreras de los costos, existe la opinión de que la publicación académica está en crisis (Himmelstein y otros, 2018; Lagoze, Edwards, Sandvig y otros, 2018), lo que se pone de manifiesto en los boicots selectivos y las cancelaciones a gran escala de las suscripciones a revistas que ya no son asequibles ni siquiera en las universidades más ricas (Himmelstein y otros, 2018; Larivière, Haustein y Mongeon, 2015; Schiermeier, 2018).

Los acontecimientos en curso tienden a transmitir una creciente sensación de desesperación, de la que puede servir de ejemplo el recientemente anunciado Plan S, ampliamente respaldado por los financiadores europeos de la investigación y otros (por ejemplo, el mayor financiador gubernamental de la investigación en China; McNutt, 2019). Entre una serie de restricciones propuestas, el Plan S tiene por objeto obligar tanto a los financiadores como a los editores a aceptar topes en los gastos de publicación (Else, 2018). Sin embargo, este plan “radical” ha sido objeto de críticas generalizadas (Kowaltowski y Oliveira, 2019), incluida la preocupación de que amenaza la libertad académica al restringir la elección del autor del medio de publicación (Shrier y Schmid, 2019), amenaza la calidad de la ciencia al ignorar las diferencias de rigor editorial entre las revistas (Brainard, 2019; Spedding, Barrett, Morgan, et al, 2019), y no distingue entre las editoriales con y sin fines de lucro, en grave detrimento de estas últimas (Brainard, 2019; Eddy, 2019).

El descontento por la lentitud de la innovación en el Acc eso Abiertono es obviamente nuevo, ya que a menudo se expresan fuertes sentimientos como parte de los debates que aparecen en los medios de comunicación social y en los blogs. En un contexto de creciente frustración por los intentos fallidos del pasado, se percibe ampliamente que hace mucho tiempo que deberían haberse adoptado medidas eficaces. En particular, un aspecto de la crisis que a veces se insinúa, pero que por lo general no recibe más que una atención superficial, es la ética de los acuerdos actuales entre los principales interesados. Se argumenta aquí que los principios éticos ampliamente aceptados no se limitan a informar sobre las preocupaciones morales rara vez examinadas en las publicaciones académicas, sino que también sugieren medidas prácticas que muchos en la comunidad científica pueden estar inclinados a adoptar en este momento. Aunque no necesariamente se apaciguan todas las preocupaciones de los interesados, las medidas sugeridas por la aplicación de los principios éticos pertinentes pueden poner en tela de juicio las tendencias hacia una mayor monetarización de las publicaciones académicas que muchos consideran la causa principal del actual estancamiento de la OA.

2 JUSTICIA: EL PRINCIPIO ÉTICO EN EL CENTRO DE LA CRISIS DE LA PUBLICACIÓN ACADÉMICA

Dado que la publicación científica se basa en acuerdos supuestamente cooperativos entre autores, editores y custodios institucionales del conocimiento científico (por ejemplo, bibliotecas), el principio de equidad (Rawls, 1999; Simmons, 1979) es directamente aplicable a las cuestiones relativas a los derechos de acceso a ese conocimiento. El principio de equidad incorpora la equidad procesal y la equidad distributiva, que están inextricablemente vinculadas. Por su naturaleza, los acuerdos de cooperación generalmente tienen por objeto “establecer un procedimiento justo” para asegurar “la distribución adecuada de los beneficios y las cargas” de esos acuerdos (Rawls, 1999).

Si bien la apertura y la imparcialidad son elementos esenciales de la equidad procesal, las empresas editoriales han impuesto durante mucho tiempo el secreto en sus tratos con los custodios institucionales (acuerdo de confidencialidad), incluidos los acuerdos de no divulgación como parte de las negociaciones para la suscripción y otros tratos con bibliotecas y consorcios de bibliotecas (Schiermeier, 2018; Solomon, Laakso, & Björk, 2016). La no divulgación en este contexto obstaculiza la capacidad de los participantes para juzgar la equidad de los acuerdos y, por esa razón, puede decirse que viola la equidad procesal.

La equidad distributiva se basa en los principios de igualdad y proporcionalidad, en virtud de los cuales los participantes en un acuerdo de cooperación reciben beneficios proporcionales a la contribución que cada uno ha hecho (Simmons, 1979). Es injusto, por ejemplo, que una parte reciba más que otra cuando esta última ha aportado lo mismo o más a una empresa cooperativa. Por ese motivo, es evidente que los acuerdos predominantes en las publicaciones académicas son injustos. En comparación con las aportaciones comparativamente circunscritas de las editoriales, los autores y el público (como principal financiador) aportan la mayor proporción, con mucho, de recursos humanos y físicos responsables de la creación de conocimientos (James, 2016). Sin embargo, la monetarización de las transferencias de derechos de autor de los autores a los editores restringe necesariamente el acceso equitativo al nuevo conocimiento tanto para los autores como para los lectores, en detrimento del progreso científico y del interés público.

Ante la persistente injusticia en un acuerdo supuestamente cooperativo, los participantes agraviados sienten naturalmente un fuerte y justificado impulso de adoptar medidas correctivas. De hecho, numerosos organismos nacionales e internacionales han tratado durante más de dos décadas de abordar la injusticia que rodea a las publicaciones académicas corporativas. Es posible que el Plan S resulte ser simplemente el último de una larga historia de esfuerzos fallidos por invertir la perversa transición que se ha producido, en la que la costosa imprenta se transformó en una imprenta digital aún más costosa debido a la desenfrenada obtención de beneficios.

3 LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO UN MEDIO ANTIGUO PARA ABORDAR LA INJUSTICIA PERCIBIDA

La historia de la desobediencia civil como forma de protesta contra la injusticia percibida se remonta, al menos, a la antigua Grecia en el siglo IV a.C. (Bedau, 1991). Sin embargo, el término en sí mismo es de origen mucho más reciente, apareciendo por primera vez a mediados del siglo XIX en un célebre ensayo del naturalista estadounidense Henry David Thoreau (1849). La desobediencia civil, que ha llegado a considerarse ampliamente como un derecho de los ciudadanos, puede definirse como un acto de protesta intencionalmente ilícito pero basado en principios, destinado a cambiar una situación que se percibe como injusta, incluida una política o un estatuto jurídico específico, sin intención de poner en tela de juicio el estado de derecho en general (Celikates, 2016; Habermas, 1985).

En términos generales, la desobediencia civil es la expresión de principios destinados a servir al bien común y, a ese respecto, se distingue de la criminalidad interesada. Además, si bien la desobediencia civil puede infringir una ley, la ley que se infringe no suele ser la ley objeto de la protesta. Por ejemplo, los ciudadanos pueden bloquear las puertas de las fábricas para impedir la entrada de vehículos que transporten materiales tóxicos. El bloqueo puede infringir las ordenanzas de tráfico, aunque el objetivo del bloqueo en este caso no sea el control del tráfico, sino las deficiencias percibidas en la ley que permiten que los procesos industriales tóxicos se lleven a cabo en un entorno comunitario.

Un tema recurrente de los relatos académicos sobre la desobediencia civil es el concepto de conciencia, que se traduce en actos de protesta basados en convicciones sinceras que priorizan el bien general por encima de los intereses propios (Brownlee, 2017). En el contexto actual, Internet ofrece oportunidades sin parangón para la acción de conciencia colectiva en protesta por el predominio de las publicaciones académicas con fines de lucro, cuyos dividendos dañan el interés público al restringir el libre acceso al conocimiento científico. En su forma más simple, El OA implica un acceso libre de barreras, incluido el costo, tan abierto como sea posible. Las principales opciones existentes de la rutas dorada, verde e híbrida han evolucionado en un entorno de creciente monetarización (James, 2017), y si bien cada una de ellas profesa el “acceso abierto”, sólo están abiertas de nombre. El OA pirata tiene un historial de éxito en la elusión de la literatura publicada de pago, y un examen cuidadoso de esa capacidad puede ayudar a poner fin a la actual crisis de la publicación académica.

4 PIRATAS DE ACCESO ABIERTO: EL EJERCICIO DEL DERECHO A LA DESOBEDIENCIA CIVIL


El OA pirata generalmente se refiere al acceso no autorizado a la literatura científica secuestrada detrás de los barreras de pago. Su uso es habitual, como lo demuestra la importante plataforma de OA pirata, Sci-Hub, que proporciona acceso directo descargable a más de 50 millones de artículos de revistas científicas (Fyfe et al., 2017). Si bien se entiende en general que el OA pirata amenaza los intereses de los editores, se han hecho pocos análisis de los posibles beneficios del OA pirata para el interés público. Enmarcada en la desobediencia civil electrónica, la utilización del OA pirata puede considerarse una acción legítima encaminada a iniciar una nueva era del OA universal al hacer inviable la actual explotación con fines de lucro de los conocimientos científicos.

Sci-Hub fue fundada en 2011 por la neurocientífica kazaja Alexandra Elbakyan como reacción al alto costo de los artículos de pago. Aunque el acceso público a los detalles operativos es limitado, se ha afirmado que el sitio se sostiene en gran medida a través de donaciones (Elbakyan, 2016). Concretamente, parece que una proporción, al menos, de las credenciales en línea que Sci-Hub utiliza para eludir los muros de pago son donadas voluntariamente por personas anónimas que tienen un derecho de acceso legítimo. Sin embargo, es probable que la obtención de credenciales en línea obtenidas mediante phishing también ocurra (Hoy, 2017). En cualquier caso, el uso del sitio ha crecido rápidamente, con millones de usuarios en todo el mundo descargando un estimado de 28 millones de artículos en los 6 meses hasta marzo de 2016 (Bohannon, 2016). En marzo de 2017, se informó de que el sitio albergaba aproximadamente el 80% de todos los artículos de revistas científicas publicadas (Himmelstein et al., 2018).

A pesar de su evidente popularidad, Sci-Hub provoca diversas opiniones, incluido un palpable nivel de inquietud respecto a su papel y futuro en la publicación académica. En un reciente “análisis en gran escala de la prevalencia y el impacto de” la publicación de la OA, se definió el “acceso abierto” de manera que excluía de la consideración del OA y la Sci-Hub piratas (Piwowar y otros, 2018). El impulso para ignorar a Sci-Hub parece provenir de la opinión de que su cuestionable legalidad impide que se considere el papel que podría desempeñar en la promoción de las aspiraciones del OA. Sin embargo, a la luz de las pautas de uso actuales, los análisis que utilizan definiciones del OA que niegan la existencia y el impacto actual del OA pirata difícilmente pueden esperar producir recomendaciones sólidas para resolver los dilemas actuales en la publicación académica. Además, el rechazo preventivo de Sci-Hub como plataforma ilegal hace caso omiso del derecho que desde hace mucho tiempo tienen los ciudadanos de las sociedades democráticas a impugnar, incluso mediante la desobediencia civil, las convenciones legales que se consideran injustas.

4.1 ¿Qué se puede decir de la legalidad de Sci-Hub?

En 2015, Elsevier, la editorial académica más grande del mundo, presentó una demanda en los Estados Unidos contra Sci-Hub, alegando -entre otras cosas- que opera “una red internacional de piratería e infracción de derechos de autor (incluyendo) la reproducción y distribución ilegal de copias digitales de las obras con derechos de autor de Elsevier y de las obras con derechos de autor de otras editoriales” (DeMarco, Hirschberg y Sen, 2015). En 2017, el tribunal falló a favor de Elsevier, concediendo al editor 15 millones de dólares en daños y perjuicios. En un juicio separado en 2017, Elbakyan y Sci-Hub se enfrentaron a cargos similares presentados por la American Chemical Society, lo que dio lugar a una nueva multa de 4,8 millones de dólares por daños y perjuicios. Aunque se ha intentado dejar inactivos los dominios de Sci-Hub de conformidad con una orden judicial, el sitio ha permanecido más o menos continuamente accesible con la publicación en línea de nombres de dominio alternativos.

Ante el peligro de ser arrestada por piratería informática, Elbakyan optó por permanecer en la clandestinidad y fuera del alcance de la extradición. En sus declaraciones públicas, se ha alineado con el Open Access Movement, expresando opiniones similares a las del programador y activista informático estadounidense Aaron Swartz. En el Manifiesto de la Guerrilla por el Acceso Abierto, Swartz articuló la creencia del Movimiento de que los trabajos científicos deben publicarse “en condiciones que permitan a cualquier persona acceder a ellos”. Después de descargar masivamente trabajos académicos en 2011, Swartz fue arrestado por cargos similares a los que más tarde se presentaron contra Elbakyan y Sci-Hub. En 2013, al enfrentarse a devastadoras sanciones financieras y a una sentencia de cárcel potencialmente larga, Swartz se suicidó.

Cabe destacar que gran parte del uso de Sci-Hub tiene más que ver con la conveniencia que con la protesta, ya que muchos usuarios que tienen acceso legítimo a los artículos, según se informa, prefieren Sci-Hub porque ofrece una usabilidad superior (Gardner, McLaughlin y Asher, 2017). Podría decirse que los ciudadanos no deberían infringir las leyes por mera conveniencia o por la expectativa de poder hacerlo con impunidad. Por el contrario, tampoco debería ser la condición jurídica por sí sola la única consideración que obligue a los ciudadanos a cumplir las leyes. Más bien, corresponde a los ciudadanos de conciencia considerar la justicia de las leyes y comportarse como dicta la conciencia. Bajo esa premisa, cuando la conciencia lo dicta, los ciudadanos tienen el deber moral de protestar contra los gravámenes que consideran injustos. A veces, la objeción a los acuerdos injustos puede incluir el aumento de la protesta de conciencia hasta el nivel de la desobediencia civil si fallan otros medios de objeción.

Suponiendo, pues, que el ideal secular de maximizar el acceso al conocimiento científico sea de interés público, el principio de equidad justifica que los consumidores de conocimientos científicos consideren el estado actual de la publicación académica y hagan un balance de los imperativos morales implícitos. Sólo entonces cada individuo estará éticamente equipado para decidir qué medidas, si es que se requiere alguna, se requieren para desafiar las actuales barreras de acceso. Algunos, aun creyendo que la transferencia de los derechos de autor y los pagos de acceso no son éticos, pueden llegar a la conclusión de que el uso del OA pirata, con su consiguiente legalidad y moralidad discutible, no está justificado. Otros, sin embargo, pueden adoptar el punto de vista opuesto, concluyendo que el uso del OA pirata no es meramente justificable como una forma de desobediencia civil sino un imperativo moral. En ese caso, el acto de desobediencia civil no tiene por objeto violar la ley de seguridad cibernética o la ley de derecho de autor per se. Más bien, la desobediencia civil electrónica en ese caso es un acto de protesta contra la injusticia percibida en los actuales acuerdos de publicación que permiten (de hecho, alientan) la transferencia de los derechos de autor de los conocimientos científicos públicos para ser monetarizados con fines de lucro.

5 CONCLUSIONES

A pesar de su deseo de actuar, algunos pueden resistirse a pasar por alto activamente los beneficios del conocimiento científico por temor a perjudicar a las publicaciones académicas y a la propia ciencia. Sin embargo, es bueno recordar que la llegada de la publicación en línea ha eliminado casi por completo los costos de papel, impresión y difusión. Los principales costos de la actual publicación académica residen en la infraestructura electrónica y los costos administrativos humanos asociados que se derivan de las plataformas de hospedaje para recibir, examinar y procesar los artículos presentados. Por ello, no hay razón para creer que la publicación académica se verá irreparablemente perjudicada por la pérdida de beneficios de las empresas editoras que decidan abandonar el oficio. Más bien, cabe esperar lo contrario. Suponiendo que las aportaciones no remuneradas de los autores y revisores continuarán como en el pasado, se creará una enorme reserva de fondos al quedar obsoletos los gastos de publicación. Esa reserva excede en gran medida los costos de infraestructura y administración necesarios para mantener la publicación en línea de OA. De hecho, es probable que haya una importante reserva residual de fondos, que luego estaría disponible para el mejoramiento de la ciencia, como el mejoramiento de las normas de calidad que rigen el examen por homólogos y la supervisión editorial (James, 2017).

Las consideraciones éticas demuestran que las disposiciones actuales en materia de publicación académica infringen el principio de equidad y perjudican el interés público. A la luz del fracaso de decenios de intensos esfuerzos por resolver los arreglos injustos, no sería prudente rechazar el OA pirata simplemente porque es ilegal en algunas, pero no necesariamente en todas las jurisdicciones. Como medio probado para eludir las barreras a la aspiración secular de un acceso sin trabas a los conocimientos científicos, El OA pirata es, sin duda, un ejercicio éticamente justificable del derecho a la desobediencia civil. El uso del OA pirata como forma de desobediencia civil electrónica colectiva puede ser la mejor opción de que disponen los consumidores de conocimientos científicos para eliminar los obstáculos que permiten secuestrar y monetarizar con fines de lucro los conocimientos científicos que, con razón, pertenecen al dominio público.

Bibliografía:

Un pensamiento en “El acceso abierto pirata como desobediencia civil electrónica: ¿Es ético violar las barreras de pago de las publicaciones académicas?

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