El mito de la edad de oro de la lectura

 

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Según Leah Price, los períodos de atención se están acortando. Ya no tenemos paciencia para leer con detenimiento. El códice impreso es una tecnología muerta y el futuro está navegando en libros electrónicos y páginas web con hipervínculos; en su opinión escuchar un audiolibro no es tan bueno como leer un libro. Price dice que en el momento actual los cambios son tan acelerados que no somos capaces de asumir que hubo una época dorada de lectura que no volverá.

 

Para Leah Price, autora del libro What We Talk About When We Talk About Books, cuando la gente habla de la muerte del libro, a menudo están hablando de dos cosas muy diferentes. Una es la muerte de un tipo particular de objeto que se ve, se siente y huele de cierta manera. Y el otro es un conjunto de prácticas o actividades, que ese objeto a veces ha impulsado. Cuando lo más preocupante no es la supervivencia del objeto, si no  la supervivencia de esas prácticas o actividades humanas.

En la era digital pensamos en alguien leyendo un libro impreso acurrucado en la cama o tumbado bajo un árbol, leyendo por placer, probablemente alguna obra clásica de literatura imaginativa. Pero durante la mayor parte de la historia de los libros impresos, este tipo de lectura ha sido claramente minoritaria. Si le hubieras preguntado a la gente en Gran Bretaña o en los Estados Unidos de hace una generación qué libros tenían en sus casas, las respuestas más comunes habrían sido una Biblia y una guía telefónica. Así que cuando culpamos de los bajos índices de lectura de libros impresos a la distracción, a la impaciencia y a la superficialidad del mundo digital, estamos siendo injustos. Ya que estamos comparando un escenario ideal de lectura impresa con una evaluación más realista de la lectura digital. Nos engañamos si pensamos que la presencia de libros impresos nos volvería mágicamente más atentos y enfocados.

La gran mayoría de los libros impresos en el pasado no eran grandes obras de literatura imaginativa hechas para ser leídas de principio a fin. Eran enciclopedias, diccionarios y catálogos. Así que una cosa de la que nos apenamos cuando lloramos el libro impreso es cierto tipo de pasividad o receptividad. Los lectores en el ámbito impreso tienden a zigzaguear y saltarse páginas en un libro, y eso es muy similar a nuestro comportamiento actual de vida cuando navegamos o buscamos información en línea.

El resurgimiento de la lectura en voz alta a través de audiolibros puede explicarse en gran parte por el problema de encontrar tiempo de lectura en momentos robados. Desde principios del siglo XIX, el viaje al trabajo ha sido uno de los grandes momentos para la lectura. La gran época del periódico en el siglo XIX es también la gran época del ferrocarril. Y ahora podemos decir que el audiolibro está llenando el espacio que ocupaba antes el periódico en el tren.