El estado de las bibliotecas universitarias de Estados Unidos en 2025 (2026)

Parsons-Diamond, Gena. “The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey.” ACRL Insider, 13 de octubre de 2026. Association of College and Research Libraries (ACRL), American Library Association.

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La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

Los hallazgos clave incluyen:

  • Personal de la biblioteca: La mediana del personal total, expresada en equivalentes a tiempo completo (ETC), es de 7,6; esto representa una ligera disminución con respecto a 2024, incluso cuando la proporción de estudiantes (en ETC) por miembro del personal ha aumentado.
  • Gastos: La mediana de los gastos anuales totales de las bibliotecas es de 470 mil dólares, sin incluir los beneficios adicionales. Las bibliotecas destinan 523 dólares por estudiante (en ETC), la misma cifra que en 2024, lo que sugiere que, al ajustar por la inflación, las bibliotecas cuentan con un menor poder adquisitivo en términos reales.
  • Colecciones y circulación: Las bibliotecas universitarias siguen centrándose en los recursos electrónicos; el 79,7 % del total de sus colecciones y el 98,2 % del total de su circulación corresponden a formatos digitales.
  • Visitas: El número de personas que acuden a las bibliotecas universitarias anualmente aumentó cerca de un diez por ciento en 2025 con respecto a 2024, alcanzando una mediana de 53 250.
  • Servicios de información: El personal de la biblioteca comparte sus conocimientos a través de interacciones con los usuarios, tanto de forma individual como grupal. En 2025, las bibliotecas universitarias registraron una mediana de 838 transacciones y consultas de referencia. Casi un tercio (29,3 %) de estas interacciones se producen de manera virtual.

Resumen amplio

1. Un informe fundamental para conocer la situación de las bibliotecas universitarias

La Association of College and Research Libraries (ACRL), división de la American Library Association (ALA), ha publicado los resultados de su encuesta anual sobre tendencias y estadísticas de las bibliotecas universitarias estadounidenses. El informe The State of U.S. Academic Libraries: Findings from the ACRL 2025 Annual Survey ofrece una visión general de la situación de estas instituciones a través de indicadores relacionados con el personal, los gastos, las colecciones, la circulación, las visitas y los servicios de información.

El objetivo de esta encuesta es proporcionar datos que permitan evaluar el funcionamiento de las bibliotecas, comparar sus resultados con los de otras instituciones y fundamentar las decisiones de gestión. Estas estadísticas también constituyen una herramienta de defensa de la profesión, ya que ayudan a demostrar la contribución de las bibliotecas a la educación superior y a justificar los recursos necesarios para cumplir sus objetivos.

La edición de 2025 adquiere especial relevancia por un cambio en el sistema estadístico estadounidense: tras finalizar la recopilación de datos sobre bibliotecas universitarias dentro del Integrated Postsecondary Education Data System (IPEDS), correspondiente al ejercicio fiscal de 2024, la encuesta de la ACRL pasa a ser la única fuente nacional de datos exhaustivos sobre estas bibliotecas. Los resultados se ponderan para representar al conjunto de las bibliotecas universitarias estadounidenses.

2. Personal bibliotecario: plantillas reducidas ante necesidades crecientes

Uno de los principales resultados del informe es que la mediana de personal equivalente a tiempo completo se sitúa en 7,6 trabajadores por biblioteca, ligeramente por debajo de la cifra registrada en 2024. Al mismo tiempo, ha aumentado la proporción de estudiantes equivalentes a tiempo completo por cada trabajador.

Este dato apunta a una tensión estructural: las bibliotecas deben atender a comunidades universitarias y necesidades de información cada vez más complejas sin que sus recursos humanos crezcan al mismo ritmo. La transformación digital, la gestión de recursos electrónicos, la formación en competencias informacionales y el apoyo a la investigación requieren conocimientos especializados y una actualización profesional constante.

El incremento de las necesidades de los usuarios no implica únicamente más consultas. También exige nuevas competencias para gestionar colecciones digitales, orientar a los investigadores, apoyar la publicación científica y ayudar a los estudiantes a desenvolverse en un entorno informativo marcado por la inteligencia artificial y la abundancia de contenidos digitales.

La reducción de las plantillas puede dificultar que las bibliotecas amplíen sus servicios o desarrollen nuevas iniciativas, especialmente cuando deben mantener simultáneamente sus funciones tradicionales. Por ello, el indicador de personal debe interpretarse junto con el número de estudiantes atendidos, el volumen de consultas, los recursos disponibles y la diversidad de servicios ofrecidos.

3. Presupuestos: el efecto de la inflación sobre la capacidad de gasto

El informe sitúa la mediana del gasto anual total de las bibliotecas universitarias en 470.000 dólares, sin incluir las prestaciones complementarias del personal. El gasto mediano por estudiante equivalente a tiempo completo es de 523 dólares, la misma cifra que en 2024.

Aunque la estabilidad del gasto por estudiante podría sugerir que las bibliotecas mantienen sus recursos, el informe advierte de que, una vez considerada la inflación, su capacidad adquisitiva real se reduce. Es decir, con una cantidad nominal similar, las instituciones pueden comprar menos recursos y afrontar con mayor dificultad el encarecimiento de las suscripciones, las publicaciones científicas, las bases de datos y otros servicios.

Esta situación tiene consecuencias directas para la política de adquisiciones. Las bibliotecas universitarias deben decidir cómo distribuir sus presupuestos entre publicaciones impresas, revistas electrónicas, libros digitales, bases de datos especializadas y otros recursos que necesitan estudiantes e investigadores. La presión económica obliga a priorizar inversiones y evaluar con mayor rigor el uso y el coste de los materiales contratados.

Además, el presupuesto bibliotecario no puede analizarse exclusivamente en términos de gasto total. Es necesario relacionarlo con el tamaño de la comunidad universitaria, la evolución de los precios, las necesidades de investigación y la amplitud de los servicios prestados. El dato de 523 dólares por estudiante ofrece una referencia comparativa, pero no significa que todas las instituciones tengan las mismas necesidades o dispongan de idénticas posibilidades financieras.

4. Colecciones digitales: el predominio de los recursos electrónicos

Uno de los indicadores más destacados del informe es la consolidación de los recursos electrónicos en las bibliotecas universitarias. Según los resultados de 2025, el 79,7 % de los fondos de las colecciones corresponde a recursos digitales, mientras que el 98,2 % de la circulación total se realiza en formato digital.

Estas cifras muestran que la transformación digital no se limita a incorporar nuevos formatos: afecta al modo en que los usuarios acceden a la información y utilizan los recursos bibliotecarios. La disponibilidad en línea permite consultar materiales desde distintos lugares y horarios, algo especialmente importante para estudiantes a distancia, investigadores y comunidades universitarias con necesidades diversas.

Sin embargo, el predominio digital también plantea retos. Las bibliotecas deben gestionar licencias, autenticación, accesibilidad, preservación digital, interoperabilidad y cambios en las condiciones de acceso impuestas por los proveedores. Asimismo, necesitan evaluar qué recursos justifican su coste y cómo garantizar que los usuarios puedan acceder a ellos de manera equitativa.

La elevada proporción de circulación digital tampoco significa que las colecciones impresas hayan perdido toda su importancia. Los libros físicos, las colecciones especiales y los fondos patrimoniales siguen desempeñando funciones culturales, docentes y de investigación. El reto consiste en mantener una política equilibrada, basada en las necesidades reales de cada comunidad y no únicamente en la tendencia general hacia lo electrónico.

5. Las bibliotecas recuperan visitantes y mantienen su dimensión presencial

Pese al predominio de los recursos digitales, las bibliotecas universitarias estadounidenses registraron un aumento aproximado del 10 % en las visitas presenciales durante 2025 respecto a 2024. La mediana alcanzó las 53.250 entradas anuales por biblioteca.

Este resultado es significativo porque cuestiona la idea de que la expansión del acceso electrónico conduce inevitablemente a la desaparición de la biblioteca como espacio físico. Aunque una parte importante de las consultas y de la circulación de materiales se desarrolla en línea, los usuarios continúan necesitando espacios para estudiar, trabajar en grupo, recibir orientación, utilizar equipamientos y participar en actividades formativas.

La biblioteca universitaria funciona así como una infraestructura de aprendizaje que combina servicios digitales con espacios presenciales. Sus instalaciones pueden ofrecer condiciones adecuadas para la concentración, el trabajo colaborativo y el acceso a recursos que no siempre están disponibles en el entorno doméstico.

El aumento de las visitas también tiene implicaciones para la planificación de los espacios. La distribución de puestos de estudio, las salas de trabajo en grupo, la accesibilidad, los horarios de apertura y los servicios de apoyo deben adaptarse a los patrones de utilización de cada institución.

No obstante, es importante interpretar correctamente el dato: se trata de un incremento de las visitas registradas, no de una demostración automática de que haya aumentado en la misma proporción el número de usuarios únicos. Una misma persona puede visitar la biblioteca varias veces durante el año.

6. Servicios de información: la atención personal sigue siendo esencial

La encuesta también examina las actividades de referencia y consulta mediante las cuales el personal bibliotecario ayuda a los usuarios a localizar información, resolver dudas y aprovechar los recursos disponibles.

En 2025, la mediana fue de 838 transacciones de referencia y consultas por biblioteca, y el 29,3 % de estas interacciones se desarrolló de manera virtual.

Estos resultados ponen de manifiesto la coexistencia de diferentes modalidades de atención. Las consultas presenciales siguen teniendo su lugar, pero los canales virtuales permiten atender a estudiantes e investigadores que no pueden acudir a las instalaciones o que necesitan resolver una cuestión mientras trabajan en línea.

La atención bibliotecaria actual exige mucho más que localizar un libro o proporcionar una referencia. El personal puede intervenir en búsquedas bibliográficas especializadas, formación en competencias informacionales, evaluación crítica de fuentes, apoyo a la investigación y orientación sobre el uso responsable de herramientas digitales.

En este contexto, el crecimiento de la inteligencia artificial generativa añade nuevas necesidades formativas. Los estudiantes y los investigadores deben aprender a contrastar las respuestas automatizadas, detectar referencias incorrectas, evaluar la autoridad de las fuentes y comprender los límites de las herramientas que utilizan. La biblioteca puede desempeñar un papel importante en esta tarea mediante programas de alfabetización informacional y en inteligencia artificial.

Las cifras de consultas, por sí solas, no reflejan toda la contribución del personal. Una sesión formativa o una consulta compleja de investigación puede requerir mucho más tiempo que una pregunta sencilla. Por ello, para evaluar adecuadamente los servicios resulta conveniente combinar los datos cuantitativos con indicadores de calidad, satisfacción e impacto en el aprendizaje.

7. La inteligencia artificial y los nuevos retos de las bibliotecas universitarias

Aunque el artículo se centra principalmente en los resultados estadísticos generales, la encuesta de 2025 también incorporó un cuestionario específico sobre tendencias relacionadas con la inteligencia artificial en las bibliotecas.

Este componente resulta especialmente relevante en un momento en el que la IA está modificando las prácticas de búsqueda, evaluación y producción de información. Las bibliotecas universitarias tienen que considerar cómo incorporar estas tecnologías a sus servicios sin comprometer la privacidad, la integridad académica ni la calidad de la información.

Entre las áreas en las que la inteligencia artificial puede influir destacan la automatización de determinadas tareas técnicas, la recuperación de información, el apoyo a la investigación, el análisis de datos y la formación de los usuarios. Sin embargo, la adopción de estas herramientas requiere personal capacitado, políticas institucionales y recursos suficientes.

Aquí aparece una conexión importante con los resultados presupuestarios y de personal del informe. Las bibliotecas afrontan nuevas expectativas tecnológicas precisamente cuando sus plantillas y su capacidad de gasto se encuentran sometidas a presión. Por tanto, la transformación digital no puede plantearse únicamente como una cuestión de incorporar herramientas: también requiere inversión, formación continua y una planificación realista de las cargas de trabajo.

El cuestionario sobre IA abre una línea de análisis complementaria a las estadísticas tradicionales. Para conocer la situación con mayor precisión sería necesario examinar sus resultados específicos, ya que el resumen general de la publicación no proporciona cifras detalladas sobre las tasas de adopción de estas tecnologías.

8. Comparación entre bibliotecas: una herramienta para la planificación y la defensa profesional

Uno de los principales valores de la encuesta es que permite utilizar indicadores comunes para analizar las diferencias entre instituciones y estudiar la evolución del sector a lo largo del tiempo.

La plataforma Benchmark: Library Metrics and Trends ofrece datos históricos desde 1998 hasta 2025 a sus suscriptores, con herramientas de visualización y comparación. Estas funcionalidades permiten examinar los recursos empleados por las bibliotecas y relacionarlos con los servicios y resultados que producen.

Las comparaciones pueden ayudar a responder preguntas relevantes para la dirección de una biblioteca: ¿cómo se sitúa su plantilla respecto a instituciones de tamaño similar?, ¿qué proporción del presupuesto se dedica a recursos electrónicos?, ¿cómo evoluciona el gasto por estudiante?, ¿qué servicios se ofrecen y qué volumen de consultas reciben?

Estos indicadores también resultan útiles para presentar propuestas presupuestarias, identificar áreas de mejora y argumentar ante los órganos de gobierno la necesidad de mantener o ampliar determinados servicios. No obstante, las comparaciones deben realizarse entre instituciones razonablemente similares y teniendo en cuenta las diferencias en sus funciones, disciplinas, estructuras organizativas y comunidades de usuarios.

El valor del benchmarking no reside en establecer una clasificación simplista de las mejores y peores bibliotecas, sino en identificar prácticas, comprender diferencias y utilizar la evidencia para tomar decisiones mejor fundamentadas.

Conclusión y valoración

El informe de la ACRL ofrece una fotografía significativa de las bibliotecas universitarias estadounidenses en el curso 2024-2025. Sus resultados dibujan una realidad marcada por la digitalización de las colecciones y de la circulación, el repunte de las visitas presenciales y la continuidad de los servicios de referencia. Al mismo tiempo, muestran dificultades para mantener el personal y el poder adquisitivo necesarios para responder a las nuevas demandas de la educación superior.

La principal conclusión es que las bibliotecas universitarias están ampliando y transformando sus funciones en un contexto de recursos limitados. Deben mantener colecciones de calidad, facilitar el acceso digital, ofrecer espacios adecuados para el aprendizaje, apoyar la investigación y ayudar a los usuarios a desenvolverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.

Desde una perspectiva internacional, estos resultados pueden servir como referencia para estudiar los retos de las bibliotecas universitarias españolas y latinoamericanas. Aunque los sistemas de financiación y las estructuras universitarias son diferentes, cuestiones como el coste de las publicaciones electrónicas, la adecuación de las plantillas, la evaluación del impacto y la alfabetización en inteligencia artificial tienen un interés compartido.

En definitiva, el informe confirma que el futuro de las bibliotecas universitarias no depende solamente de digitalizar sus colecciones, sino de disponer de recursos humanos, financieros y tecnológicos que permitan transformar esa infraestructura en mejores servicios educativos y científicos. Medir esta evolución con datos comparables constituye una condición esencial para planificar, justificar inversiones y demostrar el valor de las bibliotecas dentro de sus universidades.