
Oxford University Press (OUP). (2026, 10 de septiembre). Supporting researchers to disclose AI use with confidence. Oxford University Press. https://fdslive.oup.com/www.oup.com/Group_comms/pdf/Disclosing_AI_use_in_academic_research.pdf
Oxford University Press ha actualizado sus directrices para autores y editores sobre el uso responsable, apropiado y transparente de la inteligencia artificial, con el objetivo de ayudar a los investigadores a declarar con mayor seguridad cuándo y cómo han utilizado herramientas de IA durante sus procesos de investigación y publicación.
El informe muestra que la IA ya forma parte habitual del trabajo investigador. El 64 % de los investigadores afirma haberse beneficiado de su utilización, aunque únicamente el 20 % confía en los resultados generados por las herramientas de IA. Existe, por tanto, una actitud bastante pragmática: los investigadores encuentran utilidad en estas tecnologías, pero mantienen una considerable cautela respecto a su fiabilidad. Esta prudencia se refleja en que el 83 % comprueba las fuentes de las citas y el 80 % contrasta los resultados proporcionados por la IA, mientras que solo alrededor del 36 % conserva un registro de cómo ha utilizado estas herramientas durante su investigación.
Uno de los principales problemas identificados es precisamente la falta de claridad sobre qué usos de la IA deben declararse. El 74 % de los investigadores considera que existe una falta general de claridad sobre las situaciones que requieren divulgación, y un 44 % teme que declarar el uso de IA pueda afectar negativamente a la percepción que otros investigadores tengan de su trabajo. El informe señala así una tensión entre el creciente uso cotidiano de estas tecnologías y unas normas de transparencia que todavía están evolucionando. Algunos investigadores reclaman una declaración obligatoria y exhaustiva, mientras que otros prefieren distinguir entre usos aceptables e inaceptables o normalizar la IA como una herramienta más del proceso investigador.
La utilización de IA se concentra especialmente en determinadas fases de la investigación. Los usos más frecuentes son descubrir investigaciones existentes (55 %), resumir literatura científica (46 %) y editar los textos de investigación (45 %). También se emplea para generar ideas, diseñar investigaciones, analizar datos, programar, traducir, corregir textos y preparar solicitudes de financiación. En cuanto a las herramientas, los chatbots de IA disponibles en la web abierta son utilizados por el 68 % de los investigadores que emplean IA, mientras que la traducción automática alcanza aproximadamente al 49 %.
El estudio identifica además una importante infra-declaración del uso de IA en la comunicación científica. El 46 % de los autores de artículos de revista y el 39 % de los autores de libros reconocen que no habían declarado completamente el empleo de IA durante la preparación de sus manuscritos, especialmente cuando se utilizó para redactar textos. La situación también afecta a otros procesos: el 48 % de quienes prepararon solicitudes de financiación no había declarado completamente su utilización de IA, particularmente en redacción narrativa, traducción/edición y elaboración de resúmenes en lenguaje sencillo. Entre los revisores por pares, el 25 % tampoco había declarado completamente su uso, especialmente cuando recurrieron a IA para la edición lingüística.
El informe resulta especialmente interesante porque muestra que los investigadores no constituyen un grupo homogéneo frente a la IA. OUP identifica cinco perfiles: escépticos persistentes, que confían muy poco en la IA; conversos cautelosos, preocupados sobre todo por la falta de claridad de las normas; usuarios despreocupados, que utilizan las herramientas sin prestar demasiada atención a sus implicaciones; entusiastas comprometidos, que confían más en sus resultados y conocen mejor las herramientas disponibles; y pioneros frustrados, que obtienen importantes beneficios de la IA pero encuentran obstáculos relacionados con costes, créditos y carga administrativa.
Otro aspecto relevante es que una parte importante de los investigadores no utiliza IA deliberadamente. Entre quienes no la emplean, el principal motivo son las dudas sobre su exactitud, sesgos y fiabilidad (37 %). También aparecen preocupaciones éticas, morales y sociales (24 %), cuestiones relacionadas con la integridad académica (22 %), falta de utilidad para determinadas áreas de investigación (22 %) y preocupaciones medioambientales (20 %). Un 18 % expresa además temor a que la IA perjudique el pensamiento crítico y la calidad de la investigación.
En conjunto, el estudio plantea que el problema ya no consiste simplemente en si los investigadores utilizan IA, sino en cómo la utilizan, cómo verifican sus resultados y cómo documentan y comunican ese uso. La IA está modificando los procesos de búsqueda, análisis, escritura, traducción y revisión, pero las políticas institucionales y editoriales todavía no ofrecen siempre respuestas suficientemente claras. De hecho, el 45 % considera que la posición de su institución ante la IA es «mixta o poco clara», frente a un 43 % que percibe una actitud al menos parcialmente facilitadora.