El 75 % de los estudiantes ya utiliza IA en sus trabajos académicos lo que preocupa a los docentes

KPMG Canada. Majority of students use AI, but educators sound alarm. KPMG Canada, 4 de septiembre de 2026. KPMG Canada – Majority of students use AI, but educators sound alarm

El 75 % de los estudiantes canadienses utiliza IA generativa en sus trabajos, pero el 59 % de los docentes cree que el sistema educativo no los prepara adecuadamente para este nuevo escenario. Aunque la IA mejora el aprendizaje para muchos estudiantes, el 51 % reconoce un deterioro de sus capacidades de pensamiento crítico. Los docentes reclaman formación explícita en un uso ético y responsable de la IA, especialmente ante problemas de plagio, dependencia y deshonestidad académica

KPMG Canada encuestó a 1.009 personas mayores de 18 años vinculadas a universidades, colegios, centros de formación profesional o educación secundaria, entre el 22 de julio y el 5 de agosto de 2026, utilizando la plataforma Methodify de Sago. En total fueron examinadas 1.864 personas para establecer la muestra

El informe de KPMG Canada pone de manifiesto una brecha cada vez mayor entre la rápida adopción de la inteligencia artificial generativa por parte de los estudiantes y la capacidad de las instituciones educativas para proporcionar orientación, formación y normas claras sobre su utilización. Según la encuesta, el 75 % de los estudiantes canadienses utiliza herramientas de IA generativa para realizar sus trabajos académicos, y casi el 70 % las emplea al menos varias veces por semana. Sin embargo, el 59 % de los docentes considera que el sistema educativo canadiense no está preparando adecuadamente a los estudiantes para un futuro laboral en el que la IA será una herramienta habitual. La situación evidencia que el uso de estas tecnologías se ha extendido mucho más rápidamente que la alfabetización necesaria para utilizarlas de manera crítica, responsable y ética.

Los estudiantes reconocen importantes beneficios de la IA. Más de tres cuartas partes consideran que estas herramientas han mejorado la calidad de sus trabajos y el 81 % afirma que les han ayudado a comprender mejor los contenidos de las asignaturas. Sin embargo, el mismo estudio revela una importante contradicción: el 51 % de los estudiantes afirma que sus capacidades de pensamiento crítico se han deteriorado desde que comenzó a utilizar IA, mientras que el 69 % considera que sus compañeros recurren a ella para evitar pensar críticamente. Esta percepción también preocupa a los docentes: el 89 % cree que, sin una orientación adecuada, los estudiantes pueden desarrollar hábitos perjudiciales para su aprendizaje.

Uno de los principales problemas identificados es la falta de formación específica en uso responsable de la IA. Solo el 53 % de los estudiantes afirma haber recibido algún tipo de formación formal sobre cómo utilizarla responsablemente en sus trabajos académicos y únicamente el 46 % de los educadores considera que sus estudiantes reciben suficiente preparación en este ámbito. Al mismo tiempo, existe una demanda clara de formación: el 79 % de los docentes cree que el uso responsable y ético de la IA debería enseñarse explícitamente, mientras que el 70 % de los estudiantes reclama que las instituciones educativas ofrezcan más cursos sobre IA generativa. El problema, por tanto, no parece ser la resistencia de los estudiantes a aprender sobre estas tecnologías, sino la falta de una respuesta educativa suficientemente estructurada.

La integridad académica constituye otra de las grandes preocupaciones. Los docentes sitúan entre sus principales problemas el fraude o la trampa académica, la dependencia excesiva de la IA y las cuestiones relacionadas con el copyright y el plagio. Existe además una importante diferencia de percepción entre profesores y estudiantes: el 72 % de los educadores considera que utilizar IA generativa para ayudar a realizar trabajos académicos constituye una forma de trampa, frente al 50 % de los estudiantes. Al mismo tiempo, resulta significativo que el 67 % de los estudiantes manifieste que cuestionaría el resultado de una evaluación si supiera que su profesor había utilizado IA para corregir su trabajo. Es decir, los estudiantes aceptan ampliamente la IA como herramienta para su propio aprendizaje, pero muestran mayores reservas cuando la tecnología interviene en la evaluación de su rendimiento.

El informe plantea, por ello, que la respuesta no debería consistir simplemente en prohibir la IA, sino en transformar las estrategias docentes y de evaluación. KPMG propone avanzar hacia actividades que obliguen a los estudiantes a demostrar comprensión, razonamiento y capacidad de juicio independiente, mediante aprendizaje basado en proyectos, evaluaciones orales, debates y actividades interactivas. El objetivo sería que la IA funcione como una herramienta para potenciar el aprendizaje y no como un sustituto del pensamiento. Esta perspectiva supone pasar de preguntarse si los estudiantes utilizan IA —algo que ya ocurre de manera generalizada— a plantearse cómo diseñar entornos educativos en los que su utilización contribuya realmente al desarrollo de competencias intelectuales.

Otro aspecto especialmente relevante es la desigualdad en el acceso a la inteligencia artificial. Casi una cuarta parte de los estudiantes encuestados paga actualmente por herramientas de IA para sus trabajos académicos, y casi la mitad considera que quienes pueden pagar por estos servicios disfrutan de una ventaja académica frente a quienes utilizan únicamente herramientas gratuitas. La preocupación es todavía mayor entre los docentes: el 84 % teme que las diferencias en el acceso a herramientas y formación en IA puedan generar nuevas desigualdades educativas. De este modo, la IA puede convertirse simultáneamente en una herramienta de democratización del conocimiento y en un nuevo factor de brecha educativa si no existen políticas que garanticen un acceso equitativo

En conjunto, el estudio dibuja una situación que resulta especialmente significativa para el debate sobre alfabetización en inteligencia artificial: los estudiantes ya están utilizando la tecnología antes de que las instituciones hayan establecido plenamente las competencias, normas y criterios necesarios para hacerlo de manera responsable. La cuestión fundamental ya no es enseñar únicamente a utilizar una herramienta o a formular mejores prompts, sino desarrollar la capacidad para evaluar las respuestas de la IA, detectar errores, contrastar fuentes, reconocer sesgos, respetar la propiedad intelectual y decidir cuándo utilizarla y cuándo recurrir al razonamiento propio. El reto para universidades, centros educativos y bibliotecas es, por tanto, integrar la IA dentro de una formación más amplia en pensamiento crítico, alfabetización informacional y ciudadanía digital.