¿Son realmente fiables los detectores de IA?

Nield, D. (19 de julio de 2026). Do AI Detectors Really Work? We Put Five to the Test. Popular Science. https://www.popsci.com/technology/do-ai-detectors-really-work-tech-tested/?utm_source=flipboard&utm_content=user/PopularScience

El crecimiento del uso de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Claude ha generado una nueva preocupación en ámbitos como la educación, el periodismo, la contratación de personal y la creación de contenidos: ¿es posible distinguir con fiabilidad un texto escrito por una persona de otro generado por una IA? Para responder a esta pregunta, Popular Science realizó una prueba práctica con cinco de los detectores de IA más populares del mercado: Pangram, Grammarly, GPTZero, Scribbr y Copyleaks.

Los detectores de texto generado por inteligencia artificial se han convertido en una herramienta habitual en escuelas, universidades y empresas preocupadas por el uso de modelos como ChatGPT, Gemini o Claude. Sin embargo, una prueba realizada por Popular Science demuestra que estas aplicaciones están lejos de ser infalibles. El artículo evaluó cinco detectores ampliamente utilizados enfrentándolos tanto a textos escritos íntegramente por una persona como a otros producidos por diferentes modelos de IA.

El objetivo era comprobar si realmente pueden distinguir con precisión entre escritura humana y escritura artificial. Los resultados revelan que todos los sistemas analizados cometieron errores, aunque en distinta medida, lo que pone de manifiesto las limitaciones actuales de esta tecnología.

La principal conclusión es que ningún detector ofrece una fiabilidad del 100 %. Algunas herramientas identificaron correctamente buena parte de los textos generados por IA, pero también clasificaron como artificiales escritos completamente humanos (falsos positivos) y, a la inversa, consideraron como humanos algunos textos creados por modelos de lenguaje (falsos negativos). Esta variabilidad se debe a que los detectores no reconocen el origen real de un documento, sino que calculan la probabilidad de que un texto presente determinados patrones estadísticos característicos de la escritura generada por IA, como la baja «perplejidad» o una estructura lingüística especialmente uniforme.

Pangram: el detector más preciso

La primera herramienta evaluada fue Pangram, que se presenta como «un detector de IA que realmente funciona». En la prueba obtuvo un resultado perfecto. Reconoció correctamente ambos textos escritos por el autor como completamente humanos, asignándoles un 100 % de probabilidad de autoría humana y un alto grado de confianza. Del mismo modo, identificó correctamente los textos generados por ChatGPT y Claude como escritos íntegramente por IA. Además de emitir un porcentaje, explicó qué expresiones o estructuras habían influido en su decisión, señalando algunas frases típicas del estilo de los modelos de lenguaje.

Grammarly: muy fiable, aunque menos contundente

La segunda herramienta fue Grammarly, conocida tradicionalmente por sus funciones de corrección ortográfica y gramatical, pero que también incorpora un detector de IA. Los dos textos humanos fueron clasificados correctamente como escritos por una persona, sin detectar ningún patrón asociado a inteligencia artificial. Sin embargo, cuando analizó los textos generados por Claude y Gemini, sí detectó que probablemente habían sido creados mediante IA, aunque con un grado de confianza inferior al de Pangram: uno recibió una probabilidad del 68 % y el otro del 66 % de haber sido generado artificialmente. Es decir, Grammarly acertó en todos los casos, aunque mostró mayor cautela en sus conclusiones.

GPTZero: otra de las herramientas más fiables

El tercer detector fue GPTZero, una de las aplicaciones más conocidas en el ámbito educativo y universitario. Los dos textos escritos por el autor fueron clasificados como completamente humanos, indicando incluso que existía una elevada confianza en esa conclusión. Cuando analizó los textos producidos por Gemini y ChatGPT también los identificó correctamente como generados por inteligencia artificial. Una característica interesante de GPTZero es que no solo ofrece una valoración global, sino que señala las frases concretas que considera más características de un texto generado por IA. Sin embargo, el propio autor reconoce que, al revisar esas frases, no siempre resulta evidente qué rasgos específicos justifican dicha clasificación.

Scribbr: el gran decepcionante

La cuarta herramienta fue Scribbr, conocida principalmente por sus servicios de revisión académica. En este caso, el detector identificó correctamente los textos humanos como escritos por personas. Sin embargo, falló completamente al analizar los textos generados por IA, clasificándolos también como totalmente humanos. Lo más llamativo es que el sistema mostró una elevada confianza en sus conclusiones erróneas, lo que pone de manifiesto una calibración insuficiente para detectar contenidos generados por modelos actuales.

Copyleaks: resultados irregulares

El último detector analizado fue Copyleaks, una plataforma que también ofrece herramientas para detectar imágenes y vídeos generados mediante IA. Como ocurrió con los demás detectores, identificó correctamente los textos humanos. Sin embargo, al evaluar los textos generados por IA obtuvo resultados contradictorios: uno de ellos fue clasificado erróneamente como completamente humano, mientras que el otro fue detectado correctamente como generado por inteligencia artificial. Esta inconsistencia llevó al autor a concluir que la calibración del sistema todavía necesita mejoras.

DetectorTextos humanosTextos IAResultado
Pangram✔✔✔✔4/4
Grammarly✔✔✔✔4/4
GPTZero✔✔✔✔4/4
Scribbr✔✔✘✘2/4
Copyleaks✔✔✔✘3/4

El reportaje explica que basta con realizar pequeñas modificaciones en un texto generado por IA para dificultar considerablemente su detección. Una revisión manual, la incorporación de experiencias personales o incluso el uso de herramientas de reformulación pueden alterar los patrones lingüísticos que utilizan los detectores para emitir sus predicciones. Del mismo modo, textos escritos por personas con un estilo muy formal, repetitivo o académico pueden ser erróneamente etiquetados como contenidos generados por inteligencia artificial. Esta limitación resulta especialmente preocupante en el ámbito educativo, donde ya se han documentado casos de estudiantes acusados injustamente debido a la confianza excesiva depositada en estas herramientas.

Otra conclusión importante del análisis es que los detectores deben considerarse únicamente un indicio y nunca una prueba definitiva. El artículo coincide con numerosos investigadores y organismos educativos en que estas herramientas pueden servir para señalar textos que merecen una revisión más detallada, pero no deberían utilizarse como única evidencia para sancionar a un estudiante o cuestionar la autoría de un documento. La mejor práctica consiste en combinar su uso con otros métodos de evaluación, como el seguimiento del proceso de escritura, entrevistas con el autor, versiones previas del trabajo o actividades presenciales que permitan verificar el aprendizaje.

En conjunto, la prueba de Popular Science confirma que los detectores de IA siguen siendo una tecnología inmadura. Aunque han mejorado respecto a sus primeras versiones y pueden ofrecer información útil en determinados contextos, la rápida evolución de los modelos generativos hace que la carrera entre generación y detección sea cada vez más difícil. La tendencia actual apunta a que, más que confiar ciegamente en algoritmos de detección, instituciones educativas y organizaciones deberán desarrollar nuevas estrategias de evaluación y políticas de uso responsable de la inteligencia artificial.