
«Toda la biblioteca es fundadora. Pero hay días en que uno querría deshacerse de los libros a carretilladas. Ya no tengo el valor de hacerlo. En otro tiempo dispuse de un vertedero doméstico, una trampilla que se abría en cada cocina de un edificio y que, por un conducto estrecho, enviaba los desechos a un cubo comunitario. Ese modo de ejecución rápida ha desaparecido hoy, por exigencias de higiene. Sin embargo, era tan práctico para despachar una brazada de libros: un gesto, y dos mil años de trabajo y de esperanzas caían de golpe seis pisos abajo, entre las cáscaras de cebolla».
Pierre Michon ‘Un aerolito en la cabeza’, 2014