La mayoría de los estudiantes universitarios utilizan IA a pesar de que sus instituciones desaconsejan su uso

Lumina Foundation y Gallup. State of Higher Education Study. 2025. https://www.gallup.com/file/analytics/704279/Lumina-Foundation-Gallup-SOHE_AI_Report.pdf

El avance de la inteligencia artificial en la educación superior se ha consolidado con una rapidez que contrasta con la lentitud institucional para regular su uso. Un estudio reciente de la Lumina Foundation y Gallup revela que la mayoría de los estudiantes universitarios emplea herramientas como ChatGPT, Microsoft Copilot y Google Gemini de forma habitual en sus tareas académicas.

En concreto, el 57 % afirma utilizarlas diaria o semanalmente, mientras que solo un 13 % declara no usarlas nunca. Sin embargo, más de la mitad de los estudiantes (53 %) indica que sus instituciones desaconsejan o prohíben su uso, y un 52 % señala la ausencia de directrices claras en al menos algunas de sus asignaturas. Este desajuste evidencia una brecha significativa entre la práctica estudiantil y la normativa académica.

En cuanto a los motivos de uso, los estudiantes recurren a la inteligencia artificial principalmente como herramienta de apoyo al aprendizaje. Entre quienes la utilizan al menos mensualmente, el 86 % destaca su utilidad para comprender materiales complejos, mientras que otros beneficios señalados incluyen el ahorro de tiempo (76 %), la mejora del rendimiento académico (70 %) y la preparación para el futuro profesional (65 %). Las aplicaciones más comunes consisten en resolver dudas sobre contenidos difíciles y verificar respuestas en tareas, actividades que al menos seis de cada diez usuarios realizan con frecuencia semanal o diaria. Por otro lado, quienes evitan estas herramientas lo hacen mayoritariamente por razones éticas: el 74 % considera su uso como una forma de hacer trampa, y el 68 % menciona las restricciones institucionales, frente a un reducido 14 % que alude a la falta de conocimientos técnicos.

A pesar de la expansión del uso de la IA, las políticas universitarias no han evolucionado al mismo ritmo. Solo un 7 % de los estudiantes afirma que su institución fomenta activamente el uso de estas herramientas, mientras que el 42 % señala que se desaconsejan en la mayoría de los casos y un 11 % indica que están prohibidas. No obstante, incluso en contextos restrictivos, el uso persiste: el 48 % de los estudiantes en instituciones que lo desaconsejan continúa utilizándolas semanalmente, al igual que el 27 % en aquellas donde están prohibidas. Además, la claridad normativa es desigual: únicamente el 51 % de los estudiantes de universidades de cuatro años y el 43 % de los de instituciones de dos años afirman que todas sus asignaturas cuentan con políticas claras sobre inteligencia artificial.

El impacto de la IA trasciende el ámbito académico y alcanza las expectativas laborales de los estudiantes. Casi la mitad (47 %) reconoce haber considerado cambiar de carrera debido a la influencia de la inteligencia artificial en el mercado laboral, y un 16 % afirma haberlo hecho ya. Asimismo, un 12 % señala que esta preocupación ha influido en su decisión de acceder a la educación superior. Aunque el 58 % considera adecuada la formación recibida en inteligencia artificial, cerca de tres de cada diez estudiantes creen que es insuficiente, cifra que aumenta en instituciones con políticas más restrictivas.

En conjunto, los resultados ponen de manifiesto un momento crítico para las instituciones educativas, que deben decidir si abordar la inteligencia artificial como un problema de control o como una oportunidad pedagógica. La evidencia sugiere que, con marcos normativos adecuados, la IA podría integrarse como una herramienta clave para el aprendizaje y la preparación profesional, en lugar de limitarse a ser objeto de prohibición.