
Staiman, Avi. 2026. “Why Authors Aren’t Disclosing AI Use and What Publishers Should (Not) Do About It.” The Scholarly Kitchen, January 27, 2026. https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/01/27/why-authors-arent-disclosing-ai-use-and-what-publishers-should-not-do-about-it/
El artículo aborda el fenómeno creciente de que muchos autores académicos no están declarando el uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) en sus procesos de investigación y redacción, a pesar de que un número significativo de ellos reconoce emplearlas en distintas fases del trabajo científico
Staiman explica que, aunque las editoriales han desarrollado políticas que requieren declaraciones sobre el uso de IA con el objetivo de mantener la integridad de la literatura científica, estas normas no están siendo efectivamente cumplidas: solo un porcentaje muy bajo de autores realmente declara haber usado IA en sus manuscritos. Esta brecha entre las expectativas formales de transparencia y la práctica real refleja, según el autor, varios factores humanos y estructurales que dificultan la declaración abierta de asistencia artificial en la escritura científica.
Una de las principales razones de esta falta de transparencia es el miedo de los investigadores a que la divulgación de uso de IA sea percibida negativamente por editores y revisores, lo que podría influir adversamente en la evaluación de la calidad, originalidad o rigor del trabajo. Aunque muchos investigadores usan IA para tareas como mejorar la redacción, sintetizar información o buscar literatura relevante, existe una percepción persistente de que tal uso podría ser interpretado como una forma de atajo o amenaza a la integridad académica, lo que crea un ambiente en el que los autores prefieren omitir estas declaraciones.
Otra barrera importante es la confusión y falta de claridad en las directrices editoriales: las políticas de las revistas y editoriales varían ampliamente sobre qué tipo de uso de IA debe ser declarado, cuándo hacerlo y cómo documentarlo. Algunos requisitos son vagos o excesivamente complejos, lo que genera incertidumbre en los autores respecto a si deben declarar, cómo hacerlo o si incluso es obligatorio. Esta ambigüedad, combinada con la carga adicional de trabajo que supone documentar exhaustivamente cada instancia de uso de IA y la ausencia de incentivos claros para hacerlo, contribuye a que muchos autores opten por no reportarlo.
Además, el artículo señala que algunos autores ni siquiera son conscientes del uso de IA en herramientas integradas en aplicaciones comunes (como asistentes de redacción en suites ofimáticas), lo que dificulta aún más la trazabilidad y divulgación de la asistencia artificial. También destaca una confusión extendida entre el uso de IA y el plagio, lo que lleva a algunos autores a tratar de ocultar signos de asistencia de IA en lugar de ser transparentes, con la intención de evitar evaluaciones negativas o fallos en las pruebas de detección.
Finalmente, el autor advierte que, si las editoriales no clarifican, educan y, sobre todo, repiensan cómo deben abordar el uso de IA, es probable que la falta de divulgación continúe. Argumenta que las editoriales no deberían centrarse en herramientas de detección de IA —las cuales son poco fiables y pueden reforzar la idea de que el uso de IA es inaceptable— sino en proporcionar directrices claras, educar a la comunidad académica sobre prácticas responsables y crear políticas que reconozcan las distintas formas legítimas de asistencia de IA sin sacrificar la integridad de la investigación.