Yo tenía un cuaderno, tenía libros, una habitación propia

Mi vida secreta
(Las chicas)

yo tenía un cuaderno,
tenía libros,
una habitación propia
arriba en el desván.
Solo para escribir
lo que dentro me hería.
Solo para leer, abrir las puertas,
clavarme las aristas,
escarbar en la luz
de aquellas páginas,
desvelar sus misterios.

Tímidamente luego
fui bajando las escaleras.
Las chicas nos sabíamos
en el filo de la navaja,
solas ante el peligro.
Blanco muro de blanco
silencio, hilo envolvente
haciéndose madeja:
vivos colores,
vestidos estampados,
dulces melenas.

Y sin embargo nada pudo nunca
traicionar mi camino,
atravesar mi noche.
Los senderos son muchos,
pero el destino es uno
y corre entre peñascos y arboledas,
sin parar, como un río
donde saltan los peces
y las ondas murmuran.

Nada puede impedir al pensamiento,
esa agua subterránea,
anegar el silencio, bucear en lo oscuro
desgarrando los velos del engaño:
la consciencia no tiene marcha atrás
y el dolor va desnudo.

Así rodó mi historia
y sus cuchillas afiladas,
llevando siempre a cuestas
el peso y los afanes de mi sexo,
abriendo grietas en el muro
de los días. A golpes.
Hurtándole minutos a las horas.
A veces pienso en el porqué
de esta usura del tiempo,
cuando tanto le gusta al tiempo
fluir y derramarse sin descanso.

Así rodó mi vida
secreta,
como ruedan los libros,
los sueños, los cuadernos
manchados de palabras
robadas, letras que nos dicen
lo que somos,
lo que nos dejan ser.

Ángeles Mora «Soñar con bicicletas»