Los bares y las bibliotecas

«Siendo muchacho dividí en partes iguales el tiempo entre los bares y las bibliotecas; cómo me las arreglaba para proveerme de mis otras necesidades son un acertijo; bueno, simplemente no me preocupaba demasiado por eso —si tenía un libro o un trago entonces no pensaba demasiado en otras cosas— los tontos crean su propio paraíso. En los bares, pensaban que era rudo, quebraba cosas, peleaba con otros hombres, etc, … en las bibliotecas era otra cosa: estaba callado, iba de sala en sala, no leía tantos libros enteros sino partes de ellos: medicina, geología, literatura y filosofía. Psicología, matemáticas, historia, otras cosas me aburrían. Con la música, estaba más interesado en la música y en la vida de los compositores que en los aspectos técnicos…, sin embargo, era con los filósofos con los que me sentía en hermandad: Schopenhauer y Nietzsche, incluso aquel viejo difícil-de-leer, Kant; encontré que Santayana, bastante popular en aquella época, cojeaba y era aburrido; con Hegel realmente tenías que escarbarlo, sobre todo con una resaca… «

Charles Bukowski, 2002