Un poema crece inseguro

Un poema crece inseguro
en la confusión de la carne,
se levanta aún sin palabras, sólo con ferocidad y sabor,
tal vez como la sangre
o una sombra de sangre a través de los canales del ser.
Fuera está el mundo. En el exterior, la espléndida violencia
o las uvas de las que nacen
las pequeñas raíces del sol.
En el exterior, los cuerpos genuinos e inalterables
de nuestro amor,
los ríos, la gran paz exterior de las cosas,
las hojas que duermen en el silencio,
las semillas en la orilla del viento,
la hora teatral de la posesión.
Y el poema crece tomando todo en su regazo.
Y ningún poder destruye el poema.
Insostenible, único,
invade las órbitas, la cara amorfa de las paredes,
la miseria de los minutos,
la fuerza sostenida de las cosas,
la armonía redonda y libre del mundo.
Abajo, el instrumento perplejo ignora
la columna vertebral del misterio.
Y el poema está hecho contra el tiempo y la carne.


Herberto Helder