
Los libros de la biblioteca son como las mujeres públicas: Se usan, se toman se manosean, se ojean; son deseados, pero no amados. Son utilizados cuando hay una gran necesidad, cuando hay curiosidad, siempre de afán y en voz baja pero nunca se llevan a casa. Y al final terminan sucios, arrugados e incompletos.
Dixon Acosta Medellín