La lectura, ¿revolución o crisis?: una reflexión crítica sobre su comprensión y significado.

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La lectura, ¿revolución o crisis?: una reflexión crítica sobre su comprensión y significado.

Prof. Rosa Emma Monfasani
Bibliotecaria y Profesora en Ciencia de la Información.

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La lectura ha sido una preocupación constante y aún hoy más si tenemos en cuenta que ha despertado una revolución o una crisis en muchos sentidos. La forma en que se lee, los soportes utilizados y la comprensión de lo leído incitan a una lectura diferente. Lo importante es que por medio de ella se adquieran conocimientos y se generen nuevos que posibiliten volcarlos en la comunidad a la que atiende la biblioteca.

Ya desde las pinturas en las cuevas, los guijarros y las tabletas de arcilla existía una preocupación por introducir diferentes contenidos informativos, sea para registrar intercambios comerciales como para transmitir otro tipo de contenido. Las escrituras que en un principio fueron para ciertas clases específicas de a poco se fueron adentrando en las diferentes clases sociales y con el tiempo fue cambiando el soporte. Reflejo de ello se da con el surgimiento de las universidades que nacieron a partir de las escuelas palatinas, monásticas y episcopales, existentes desde la Alta Edad Media. Pero fue que la lectura surgió en el momento en que la humanidad empezó a reconocer palabras escritas, encontró otro sentido en lo que veía y empezó a comprender.

En 2008 Bombini plantea las cuestiones relacionadas con la lectura como política pública, en ese artículo se refiere a la región latinoamericana y a la promoción de la lectura como una política pública del ámbito pedagógico. Asimismo habla de asumir una mirada sociocultural, no solo en el contexto en que la lectura se produce sino de construir el significado de los textos.

En un documento de Unesco-Cerlalc preparado por Parra (2017) dice que con el fin de mejorar la inclusión social la lectura se ha instalado en los gobiernos de Iberoamérica y que se está desarrollando “…como una vía para formar ciudadanos cada vez más informados, críticos, conscientes y participativos”. La idea de los países adheridos a Redplanes Red Iberoamericana de Responsables de Políticas y Planes de Lectura, habla de posicionar a la lectura en estos países como una política de Estado.

En Argentina se pueden mencionar a nivel nacional:

– Plan Nacional de Lectura. Campaña Nacional de Lectura del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología 2009-. ha articulado tareas con todos los niveles educativos, modalidades, y diversos programas del Ministerio de Educación.
– Programa Libros y Casas de la Secretaría de Cultura de la Nación 2007-2013. Tenía por objetivos democratizar el acceso al libro y fomentar la lectura a través de la formación de mediadores, agentes y nuevos lectores.
– Semana de la Lectura y Escritura 2017-2019, realizada en diferentes provincias del país para los niveles educativos: inicial, primario, secundario, y superior de formación docente.

Existen diferentes estadios que posibilitan reconocer estructuras ya existentes, establecer nuevas conexiones, explorar ciertos patrones de información y particularmente una habilidad para buscar, recoger, relacionar y utilizar la información. Es en esta última instancia en donde la figura del bibliotecario cumple una importante función independiente del soporte utilizado.

Hace un tiempo leí un post denominado “Adiós a las bibliotecas”, del que he rescatado algunas cuestiones como que los diferentes algoritmos con que se trabaja en las redes no podrían igualar la labor en el fomento de la lectura, la vida de relación con la comunidad, y en especial la asesoría del bibliotecario. Con palabras textuales manifiesta: “…Entrar en una biblioteca y pasear el dedo por sus estanterías buscando el próximo título tiene un cariz imprevisible que el algoritmo nos niega”.

El siglo XX nos legó una revolución científico-tecnológica con la que aún hoy los países están tratando de congeniar, y digo congeniar porque el acceso a las tecnologías no es igual en todo el planeta, no todos tienen a su alcance los productos que provee la red si con ello se tiene en cuenta que lo digital no ha encontrado todavía el camino para llegar a todos los rincones.

Muchos autores se preguntan si existe una apropiación de la palabra escrita en el entorno digital, depende de lo que se considere como apropiación de la palabra escrita ya que en ese sentido tendría que estar rodeada de otros conceptos como la selección apropiada de los contenidos y el tipo de consumo que se haga de ella.

También se habla de una crisis del libro, tal como se conoce tradicionalmente en forma impresa. Ésta, también fue una preocupación desde la aparición de la imprenta, en que se cuestionaba la perdurabilidad del soporte utilizado. Cada modo de presentación del conocimiento ha sido el reflejo de una situación social, económica, política y cultural del pensamiento de una época. Depende de la forma de lectura que se haga para interpretar esa información, depende si se está frente a una revolución que significa un cambio radical respecto del pasado inmediato o se trata de una crisis como una situación complicada que debemos resolver. Me inclinaría por esto último si tenemos en cuenta que se nos presentan diferentes situaciones y que debemos atender a ellas para encontrar una salida posible.

A un poco más de 100 años de la reforma universitaria de 1918 en nuestro país, que impulsó un cambio con proyección latinoamericana y con miras a democratizar la universidad, le dio a ésta un carácter científico. Desde este punto de vista y pasando por los distintos niveles etarios presentaré un enfoque tendiente a democratizar el acceso al conocimiento basado en las formas y problemáticas para encarar la lectura. El bibliotecario cumple en todos esos estadios un rol importante que acompaña el proceso de enseñanza-aprendizaje en el acceso a la información.
Si se parte de los primeros albores en que los lectores acceden a la palabra escrita se debe atender a su formación en relación directa con los conceptos que va adquiriendo durante la enseñanza escolar. Esta es una primera etapa donde el aprendizaje que levará consigo los símbolos del lenguaje y la comprensión de lo escrito, depende de sus maestros pero también de los bibliotecarios que desempeñan un papel importante en la comprensión lectora. Las modalidades utilizadas son infinitas y la variedad de lectura también, incluso si se tiene en cuenta que en impreso, en imágenes, en digital, y en cualquier tipo de soporte, el bibliotecario encontrará la forma de seleccionarlo, transmitirlo y hacerlo comprensible.

La segunda etapa, la de la formación secundaria, puede resultar más compleja, especialmente en esta época, debido al avance de las tecnologías y la comunicación. El adolescente tiende a leer corrientemente lo que encuentra en forma virtual, y las redes sociales influyen considerablemente en sus opiniones. La comprensión, la reflexión, y la crítica sobre lo que lee muchas veces no ocupa un lugar primordial. La figura del bibliotecario aquí se complica más porque debe buscar los medios para llegar a los textos recomendados por el docente, no interviene tanto en instalar la comprensión de lo leído, sino que se constituye en un facilitador de los conocimientos sugeridos. Es en esta instancia es cuando se deben utilizar los soportes de interés para los estudiantes, como las aplicaciones en el teléfono celular, la posibilidad de consultar en línea en la biblioteca y la de hacer difusión de los contenidos por medio de las redes. Es un poco establecer la lectura por el placer de leer, que conducirá a la comprensión de los textos y el desarrollo lingüístico tan necesario en esta etapa. Esto ayudará a adquirir una conciencia crítica, a tener comprensión de la realidad que se le presenta y a cumplir con el requerimiento de sus estudios actuales y los por venir. Es una situación evidente, donde se presenta la disyuntiva de encontrarnos aquí con una crisis en la lectura, ya que en la actualidad hablar solamente de lo impreso es como significar un adiós a las bibliotecas.

La tercera etapa en el proceso de aprendizaje es cuando se transita la educación superior que se imparte en las universidades, en las academias superiores o en otras instituciones de formación profesional. Este tipo de enseñanza forma técnicos, profesionales, investigadores y científicos en todas las ramas del conocimiento, que generalmente llevan a obtener un título para acceder a un trabajo determinado. La experticia en esta instancia, basada en una marcada formación teórico-práctica, cumple un rol fundamental en las actividades de extensión para con la comunidad.

El papel de la universidad es ser creadora de conocimiento y tiene como objetivo primordial desarrollar el pensamiento creativo para generar nuevas ideas y descubrimientos en el campo de las ciencias y las tecnologías.

El bibliotecario se encuentra en una situación más comprometida donde además de facilitar el acceso a los documentos, es preciso conocer cuando y porque el usuario necesita una información determinada, debe saber dónde encontrarla, debe evaluarla para hacerla pertinente y comunicarla de manera ética. Cumple un papel activo y reflexivo sobre los diferentes tipos de recursos informativos. Es aquí cuando la figura del bibliotecario referencista, basado en los enfoques constructivos del aprendizaje y la aplicación de metodologías, debe favorecer las necesidades del sujeto. Todo esto requiere, además, un proceso de evaluación de los resultados. La lectura en esta instancia debe ser aún más crítica, y la elección y el uso de los recursos se hacen más complejos. Por eso es importante la colaboración con docentes, el trabajo en equipo y tener muy en cuenta el contexto, tanto el académico institucional como el externo.

No todo se puede leer en Internet, no todo está en Internet, la biblioteca hoy consta de una hibridez integrada por diferentes tipos de documentos: lo textos impresos, que se encuentra en las estanterías; los recursos informativos en diferentes tipos de dispositivos; la información electrónica en las computadoras; y lo virtual, como los objetos digitales en línea que pueden ser leídos en gran variedad de soportes. Todos ellos se complementan en el proceso informativo y en su conjunto proveen y transforman la recogida de datos en algo nuevo.
La creación de conocimiento estará fundada en el uso reflexivo e intencional de la información basada en las nuevas competencias educativas. Por eso se promueve el desarrollo de experiencias, el consensuar modelos y normas, el fomento de la colaboración, y la transmisión de conocimientos a través de encuentros, jornadas y de otro tipo de actividades.

La propuesta es repensar sobre la lectura que se quiere ofrecer, dónde y cómo se puede dar, cómo gestionar la información en los diferentes ámbitos de estudio, en cualquier tipo de biblioteca, y en regiones remotas donde la biblioteca cumple un papel importante para la comunidad.
La lectura que se haga en cualquier soporte debe llevar a mejorar la comprensión y la significación de lo leído y a fomentar un pensamiento crítico y creativo. Es en este sentido que se debe repensar si se trata de una revolución o de una crisis de la lectura, la identificación y el significado que demos a este proceso posibilitará adecuar el desempeño profesional en cada situación particular.

La lectura hace ver las realidades adyacentes, nos inserta en la sociedad y nos conecta con el resto del mundo.

Referencias

Alonso Tapia, Jesús (2005). Claves para la enseñanza de la comprensión lectora. Revista de Educación, núm. Extraordinario. Sociedad lectora y educación. p. 63-93. Recuperado de:
https://www.oei.es/historico/fomentolectura/articulos.htm [Consulta: 22-11-2018]

Argentina. Ministerio de Educación (2009- ). Plan Nacional de Lectura. Recuperado de: http://planlectura.educ.ar/ [Consulta: 15-01-2020]

Bombini, Gustavo (2008). La lectura como política educativa. Revista Iberoamericana de Educación. Nro. 46 Enero-abril. Recuperado de:
https://rieoei.org/historico/documentos/rie46a01.htm [Consulta: 10-12-2018]

Cerlac. Red Iberoamericana de Responsables de Políticas y Planes de Lectura. https://cerlalc.org/redplanes/

Monfasani, Rosa (2013). Bibliotecarios, usuarios y gestión del conocimiento. 1a ed. Buenos Aires: Alfagrama. 240 p.

Parra, Sofía (2017). Planes de lectura en Iberoamérica 2017: objetivos logros y dificultades. Preparado por. Bogotá: Cerlalc. 90 p. Recuperado de: http://cerlalc.org/wp-content/uploads/2017/11/PUBLICACIONES_CERLALC_Planes_lectura_Iberoamerica_2017_07_12_17.pdf [Consulta: 02-01-2020]