El bibliotecario que salvó los tesoros culturales de Tombuctú de Al Qaeda

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Desde su toma de la histórica ciudad iraquí de Mosul a principios de 2014, el Estado Islámico saqueó  y demolió mezquitas, santuarios, iglesias y otros sitios sagrados en toda la región.

Abdel Kader Haidara, un coleccionista de libros de mediana edad en Malí ayudó a mantener las legendarias bibliotecas, libros y manuscritos de la ciudad a salvo de la ocupación de los yihadistas.

En 2012, los yihadistas -armados hasta los dientes con armas incautadas en Libia tras la caída de Muammar Qaddafi- invadieron el norte de Malí y establecieron un brutal régimen de la sharia en Tombuctú. Antiguamente un centro de aprendizaje y cultura, la ciudad albergó una invaluable colección de manuscritos: volúmenes de poesía, enciclopedias e incluso manuales sobre sexo que invocaban el nombre de Alá. Amenazados con la destrucción, los manuscritos fueron sacados de la ciudad para su seguridad en una emocionante operación de camuflaje.

La operación se desarrolló en tres etapas. La primera fue después de que Abdel Kader se preocupara de que los yihadistas pudieran atacar los manuscritos. Así que los sacaron de las grandes bibliotecas de Tombuctú y los trasladaron a casas seguras alrededor de la ciudad. Lo hacían por la noche, poniendo los manuscritos en cajas y trasladándolos en un carro de burros a los sótanos y almacenes de la gente. En la segunda fase, un par de meses después, los sacaron de la ciudad: un vehículo tras otro, en constante movimiento, a menudo escoltados por mensajeros adolescentes, a través  de más de 600 millas de desierto, pasando por puestos de control hasta llegar a Bamako, la capital en el sur.

La tercera fase, después de la invasión del ejército francés, transportar los libros por carretera se volvió demasiado peligrosoy consistió en llevarlos en barco por el río Níger hacia Bamako. Fue un proceso peligroso que duró meses, delante las propias narices de los yihadistas.

Todos los manuscritos han sido recogidos en un gran almacén de Bamako, por lo que han sido reunidos bajo un mismo techo. Se están digitalizando y los que resultaron dañados en el curso de la operación de contrabando se están restaurando cuidadosamente.

El artífice de esta operación fue Abdel Kader Haidara, hijo de un erudito de Tombuctú. Su padre dirigía una escuela islámica en el barrio más antiguo de Tombuctú. Así que Abdel Kader creció alrededor de estos manuscritos. Cuando tenía 17 años, su padre murió. Tenía una docena de hermanos y hermanas, pero en el testamento su padre lo convirtió en el heredero de la colección de libros de la familia, que en esa época era de miles. Su padre apreciaba el interés y la capacidad de estudio de Abdel Kader. También hablaba árabe con fluidez, lo que era esencial si se iba a encargar de estos manuscritos, ya que casi todos estaban escritos en árabe.