La biblioteca de los libros vacíos

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Sierra i Fabra, Jordi. La biblioteca de los libros vacíos. Alzira (Valéncia): Algar, 2006. ISBN: 84-96514-82-X

Primeras páginas GRATIS

 

“Los libros son la verdad, y los sueños, y la realidad, y la fantasía, y el conocimiento, y el entretenimiento, y la paz, y la vida. Sí, la vida, porque los libros están vivos, tienen alma, corazón, sentimientos …”

En un pueblo apacible y tranquilo se produce un extraño fenómeno: a los libros de la biblioteca se les caen todas las letras. ¿Por qué? ¿Cuál es el misterio? Un hombre sabio descubre la verdad: incultura. En el pueblo nadie lee. Pero mientras crece el miedo y nadie se explica el insólito acontecimiento, los niños del pueblo descubrirán algo aún más importante, que marcará su futuro para siempre. Novela corta, en la que se mezcla fantasía y realismo. La historia es amena y se lee con mucha facilidad. Además, la problemática tan actual que presenta, y la solución que propone al tema de la incultura, donde los jóvenes tienen el máximo protagonismo, son ingredientes idóneos para que esta historia atrape desde la primera página.

 

Fragmento

 

“Entró en la placita de San Casiano. Vivía al otro lado de la Plaza Mayor, así que ya estaba  cerca. Ni siquiera miró a su derecha, en dirección a la oscura biblioteca municipal. Por allí apenas si había luz. La atravesó por el mismo centro y fue entonces cuando, de pronto, su pie pisó algo. Estuvo a punto de resbalar.

–¿Pero qué…? –rezongó Tadeo. Bajó los ojos al suelo sin ver nada. Levantó su pie para mirarse la suela del zapato. Y la encontró allí, pegada, diminuta aunque brillante. Una letra.

Para ser más exactos, una a mayúscula. Tadeo abrió unos ojos como platos. No entendía
nada. Pisar una letra era lo más extraño y absurdo que jamás hubiese hecho en la vida. ¿Qué estaba haciendo allí una letra, en mitad de la placita de San Casiano? Las letras no se caían como las hojas de los árboles. Las letras formaban parte de los libros y… Los libros.

Tadeo giró la cabeza a la derecha, en dirección a la biblioteca municipal. Llevaba cerrada  un año, justo desde la jubilación de la señorita Virtudes, la bibliotecaria.

Se acercó a ella, con la letra en la mano. A los tres pasos vio en el suelo una eme minúscula, y un poco más allá, una zeta. Las recogió. Eran de tipografías distintas, pero
eran letras al fin y al cabo.

–Esto es la mar de raro –dijo Tadeo en voz alta. No tenía la llave de la biblioteca, por supuesto, pero se acercó a la puerta igualmente, más y más perplejo. Las letras parecían provenir de allí. Justo en los tres escalones vio media docena más. Ya ni las recogió, aunque una era enorme, dorada y de carácter antiguo. Entre el último escalón y la puerta el viento estaba jugando con otro puñado, arremolinándolas. Lo comprendió al momento. Por debajo de la puerta de la biblioteca asomaban más puñados de letras, decenas, quizás centenas, millares. Letras y más letras. Tadeo nunca había visto nada igual. Por ese motivo, asustado, con el sueño y la pereza hurtados de su ánimo, echó a correr como alma que lleva el diablo hacia la casa de Benjamín, que además de su amigo era el alcalde del pueblo. Aquello necesitaba la presencia de la máxima autoridad.”

 


 

“Los libros hablan de personas que han existido en el pasado tanto como de seres sólo reales en la mente de sus creadores. …. Los libros son la verdad, y los sueños, y la realidad, y la fantasía, y el conocimiento, y el entretenimiento, y la paz, y la vida. Sí, la vida, porque los libros están vivos, tienen alma, corazón, sentimientos.”

“Cuando un libro no es leído, es como una persona que no vive, que se seca… y muere. Cuando una persona muere se la llora y se la entierra. Luego se la recuerda. Pero las demás personas siguen viviendo. Lo mismo pasa cuando un libro muere. Los demás siguen existiendo. Sin embargo… ¿qué sucedería si nadie leyera ningún libro? La respuesta se encuentra en una biblioteca cerrada y olvidada. Los libros se mueren, de tristeza, de soledad, abandonados a su suerte. …. Los libros se debilitan porque nadie los lee, ninguna energía ha recorrido sus páginas, sus letras, y han acabado extinguiéndose por aburrimiento!”