PreTextos: Dublinesca: el final de la era Gutemberg

dublinesca-cover

Enrique Vila-Matas. Dublinesca. Debilsillo, 2011 – 283 páginas

“En la posdata, se lee: Habrá tiempo en Dublín para todo, creo que incluso para encontrar un buen sitio para nuestra sentida oración fúnebre para la gloriosa y liquidada era Gutenberg” [p. 108]

La última novela de Vila-Matas ‘Dublinesca’, especula con ironía sobre el fin de la era del papel. Se trata de una suerte de elegía del paso de la era Gutenberg –el mundo del papel – a la era digital tomando para ello la figura de Joyce y su ‘Ulises’, como el gran canto de cisne de la era de la imprenta y por extensión de la literatura. Para ello, en un paralelismo con el Ulises, -que a su vez es otra alegoría de la Odisea de Homero-, en el que Blomm y Dedalus acuden al de funeral de Paddy Dignam, el protagonista Riba, un editor en decadencia que hace dos años tenido que cerrar su negocio, convoca a sus amigos para asistir a Dublín al entierro de la imprenta, y por ende de la literatura justamente el mismo 16 de julio, conocido por los más fervientes lectores del Ulises como Bloomsday.

A Riba no se le escapa que es característico de la imaginación encontrarse siempre al final de una época. Desde que tiene uso de razón oye decir que nos hallamos en un periodo de máxima crisis, en una transición catastrófica hacia una nueva cultura. Pero lo apocalíptico ha estado siempre, en todas las épocas. [p. 105]

 Samuel Riba, un personaje que se antoja quijotesco, se considera a sí mismo el último editor puramente literario. A través de un narrador omnisciente, conocemos que Riba es gris, sólo quiere sentirse por un instante en el centro del mundo; La trama de la novela está conectada directamente con James Joyce. Samuel Riba ve el ocaso de su profesión y decide dar un funeral a la gran puta de la literatura en Dublín, justo en el bloomsday. A través del protagonista, Vila-Matas plantea la siguiente reflexión para los lectores: Es una etapa de cambios, estamos viendo desaparecer a la literatura como se conoce; hoy Internet es más fuerte, poco a poco hay menos escritores geniales y los editores van desapareciendo.

Sería para ir al Bloomsday, le interrumpe Riba con una vocecilla que intenta dar pena y busca que comprenda que no tiene a nadie que quiera acompañarle. Por un momento, teme que la palabra Bloomsday haya podido estropearlo todo y que Javier empiece a despotricar contra James Joyce y su novela Ulysses, a la que no ha tenido nunca en demasiada consideración, porque siempre estuvo contra el intelectualismo de Joyce y más bien a favor de un tipo de narración más ortodoxa, en la línea de Dickens o de Conrad. [p. 71]

Samuel Riba pertenece a la cada vez ya más rara estirpe de los editores cultos, literarios. Y asiste todos los días conmovido al espectáculo de ver cómo la rama noble de su oficio ­editores que todavía leen y a los que les ha atraído siempre la literatura­ se va extinguiendo sigilosamente a comienzos de este siglo. Tuvo problemas hace dos años, pero supo cerrar a tiempo la editorial, que a fin de cuentas, aun habiendo alcanzado un notable prestigio, marchaba con asombrosa obstinación hacia la quiebra. En más de treinta años de trayectoria independiente hubo de todo, éxitos pero también grandes fracasos. La deriva de la etapa final la atribuye a su resistencia a publicar libros con las historias góticas de moda y demás zarandajas, y así olvida parte de la verdad: que nunca se distinguió por sus buenas gestiones económicas y que, además, tal vez pudo perjudicarle su fanatismo desmesurado por la literatura.

“Se ha sentado ante la pantalla del ordenador poniendo la misma
cara que Spider cuando muestra nítidamente su incomunicación con un
mundo que no comprende. Primero, busca últimas noticias en Google
sobre él. Al igual que en los últimos días, no hay ninguna. Navega luego
un rato por los más diversos lugares y da finalmente con un artículo que
le parece curiosamente relacionado con su decisión de celebrar un
funeral en Dublín. En él se habla de que se llegará más pronto de lo
esperado a una digitalización de todo el saber escrito y a la
desaparición de los autores literarios en aras de un único libro universal,
de un flujo de palabras prácticamente infinito, lo que se alcanzará,
naturalmente, dice el articulista, a través de Internet.”

Enrique Vila-Matas “Dublinesca”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s