Archivo de la etiqueta: PreTextos

La biografía de un hombre que ha pasado sus días en una biblioteca

La biografía de un hombre que ha pasado sus días en una biblioteca puede ser tan interesante como las campañas peninsulares. Las memorias de Gibbon lo demuestran. A mi juicio, viaja tan lejos cuando coge un libro del estante como si fuera a los túmulos de Asia. Con que el lisiado me contara con qué hombría se gira en su silla, mira a la ventana sur, y luego al norte, y al final mira al fuego, resultaría tan bueno como un viaje por el continente o las praderas, porque yo mido la distancia hacia el interior y no hacia el exterior. En el perímetro de las costillas de un hombre hay espacio y lugar suficiente para cualquier biografía.

HENRY DAVID THOREAU
Diarios (9 de noviembre de 1840)

El consejo inesperado que Einstein dio a su hijo para maximizar su inteligencia «Lee cuentos de hadas»

Stillman, Jessica. «Einstein’s Advice on How to Maximize Your Child’s Intelligence Is Totally Unexpected». Inc.com, 28 de agosto de 2024. https://www.inc.com/jessica-stillman/einstein-advice-how-maximize-child-intelligence-not-what-you-would-expect.html.

Está claro que Einstein no creía que la disciplina, la obediencia y las largas horas de estudio fueran la clave para desarrollar al máximo el potencial de una mente. ¿Qué recomendaba? La sorprendente respuesta es cuentos de hadas.

Albert Einstein, aunque fue uno de los genios más grandes de la historia, no tuvo éxito en el sistema educativo tradicional alemán. A pesar de que no tuvo malas calificaciones, su desagrado por la rutina y rigor escolar lo llevó a abandonar la escuela a los 15 años para educarse por sí mismo. Einstein creía que la disciplina estricta y la memorización no eran la clave para desarrollar todo el potencial intelectual.

En lugar de eso, Einstein recomendaba a los padres que leyeran más cuentos de hadas a sus hijos. En un artículo de 1958 de Montana Libraries, se relata que Einstein aconsejó que los cuentos de hadas eran cruciales para estimular la imaginación creativa, que es esencial para el desarrollo intelectual. Aunque la veracidad exacta de esta historia es incierta, coincide con otros comentarios de Einstein sobre la importancia de la exploración autodirigida y el disfrute en el aprendizaje.

El consejo de Einstein a los padres que quieren desarrollar el potencial intelectual de sus hijos nos llega a través de un artículo publicado en 1958 en Montana Libraries en el que la autora, una tal Rita McDonald, cuenta una historia que oyó sobre el gran físico. La Biblioteca del Congreso desenterró la antigua publicación para su blog. Dice así:

«En Denver oí una historia sobre una mujer que era amiga del difunto Dr. Einstein, sin duda reconocido como un destacado científico «puro». Ella quería que su hijo también fuera científico y le pidió al Dr. Einstein que le sugiriera el tipo de lecturas que podría hacer en la escuela para prepararse para esa carrera. Para su sorpresa, el Dr. Einstein recomendó «cuentos de hadas y más cuentos de hadas». La madre protestó por esta frivolidad y pidió una respuesta seria, pero el Dr. Einstein insistió, añadiendo que la imaginación creativa es el elemento esencial en el equipamiento intelectual del verdadero científico, y que los cuentos de hadas son el estímulo infantil de esta cualidad!»

Pero una cosa es segura: el consejo coincide con muchos otros comentarios de Einstein sobre el fomento del pensamiento libre, la inteligencia y la felicidad de los niños. También está respaldado por la ciencia moderna.

La ciencia moderna respalda esta recomendación, mostrando que los cuentos de hadas ayudan a los niños a desarrollar creatividad, pensar sobre conflictos y afrontar situaciones difíciles. Además, la lectura temprana está vinculada a un mejor rendimiento académico en el futuro, y los cuentos de hadas pueden ayudar a los niños a desarrollar empatía y pensamiento crítico.

Los cuentos de hadas, dicen los expertos modernos, son la forma perfecta de ayudar a los niños a pensar sobre el mundo, sus retos y sus esperanzas y miedos de la forma creativa e independiente recomendada por Einstein.

Las historias tradicionales de princesas pasivas y caballeros salvadores tienen sus inconvenientes. Pueden fomentar estereotipos sexistas y a menudo no representan todo el espectro de niños y sus experiencias. Pero hay muchas opciones más inclusivas y, según un resumen de PsychCentral de estudios recientes sobre sus beneficios, los cuentos de hadas ayudan a los niños a desarrollar su creatividad, a reflexionar sobre los conflictos y a afrontar situaciones difíciles.

Los cuentos de hadas también tienen otros beneficios. Los seres humanos somos criaturas que cuentan historias, y la neurociencia ha demostrado que, cuando leemos un cuento, nuestros cerebros imitan las situaciones de los personajes a los que seguimos; por ejemplo, un momento estresante de la historia provoca la liberación de hormonas del estrés en el cerebro. Tal vez por eso otros estudios demuestran que la literatura de calidad e incluso los programas de televisión ayudan a aumentar la empatía y la Inteligencia Emocional. No es descabellado pensar que los cuentos de hadas funcionan de forma similar para los niños.

Einstein probablemente tenía razón al decir que leer más cuentos de hadas a los niños podría maximizar su potencial intelectual, ayudándolos a desarrollar una mente creativa y empática. En otra carta a su propio hijo pequeño, que estudiaba piano, Einstein le aconsejaba: «Toca principalmente las cosas del piano que te agradan, aunque el profesor no te las asigne. Ésa es la forma de aprender más, cuando estás haciendo algo con tanto placer que no notas que pasa el tiempo».

Una biblioteca es una segunda casa para las personas

«Una biblioteca es una segunda casa para las personas que leen libros. Dentro de una biblioteca se cura la ignorancia, los libros son para la mente como las tiritas para las heridas… Tendrían que estar por todas partes, como las farmacias».

GLORIA FUERTES
El libro de Gloria Fuertes para niñas y niños

Todos los libros del mundo no te traerán felicidad

Todos los libros del mundo
no te traerán felicidad,
sino construir un camino secreto
hacia tu corazón.

lo que necesitas está en ti:
el sol, las estrellas, la luna,
la iluminación que estabas buscando
brilla desde dentro de ti.

la búsqueda de la sabiduría
te hizo peinar las bibliotecas.
Ahora cada página dice la verdad
que parpadea de ti. ”

HERMANN HESSE
«Libros»

La rueda de libros de Ramelli permitía leer varios libros a la vez

Maria, Francisco . «¿En qué consistió la rueda de libros, de Ramelli?», okdiario.com 18 de enero de 2023. https://okdiario.com/historia/que-consistio-rueda-libros-ramelli-10311286.

A principios del siglo XVI, el inventor italiano Agostino Ramelli creó la innovadora «Rueda de Libros». Este dispositivo fue diseñado para facilitar el acceso a múltiples libros simultáneamente, un avance significativo para la época.

La rueda de libros de Ramelli se puede considerar uno de los primeros ejemplos de la moderna biblioteca. Se trataba de una estructura de madera en forma de rueda, compuesta por seis o siete brazos, similares a los de una rueda de bicicleta. Cada brazo estaba destinado a sostener varios libros. Los libros se colocaban en los brazos, que podían girarse manualmente, permitiendo a los lectores acceder a diferentes partes de los libros sin necesidad de moverlos físicamente. Esto facilitaba la comparación y contraste de información entre distintos textos de manera mucho más eficiente que con los métodos tradicionales.

Mecanismo y funcionalidad

El dispositivo incluía una mesa con un mecanismo de engranajes situados en su periferia. Estos engranajes estaban conectados a una rueda dentada sobre la que se colocaban los libros. Mediante una palanca en forma de L, el usuario podía girar la rueda para alinear los libros en la posición deseada. Además, una segunda rueda dentada en la parte inferior permitía girar la mesa, facilitando el acceso a los libros desde diferentes ángulos.

Ventajas en almacenamiento

La rueda de libros no solo facilitaba la lectura simultánea de varios libros, sino que también ofrecía una forma compacta de almacenar una gran cantidad de textos. Esto optimizaba el espacio y permitía mover los libros con facilidad. Aunque hoy en día este invento no se usa debido a la tecnología moderna, la Rueda de Libros de Ramelli sigue siendo una notable contribución a la historia de la lectura y el almacenamiento de libros.

Hurgando aquellos viejos estantes como quien busca un exótico tesoro

«Sí, siento nostalgia cuando me recuerdo hurgando aquellos viejos estantes como quien busca un exótico tesoro. Aquella necesidad, casi física, por acariciar los lomos de los libros, por oler sus páginas impresas; como si en ese acto estuviese implícito un primer acercamiento, un olfato, como aquel con que los hombres de campo valuaban sus caballos. Y luego, la urgencia por hallarnos a solas con el libro, en silencio frente a la página, inermes ante una obra que podía modificar sustancialmente el curso de nuestra vida. Todo aquello formaba parte de un rito que se ha vuelto inusual en nuestro tiempo.»

ERNESTO SABATO
España en los diarios de mi vejez (2004)

La lectura es el invento más importante de la humanidad

Rosa Montero «Leer»

El País Semanal «Maneras de vivir»

Ni una tertulia de la que formé parte hace algunos años nos pidieron un día que, como punto de partida para el encuentro, dijéramos qué invento de la humanidad nos parecía más trascendente. Hubo respuestas de lo más variopintas; yo contesté que el alfabeto. Tiempo después vi una entrevista con Vargas Llosa en la que le preguntaban qué había sido lo más importante que había hecho en su vida, y él dijo bellamente que aprender a leer. Ambas cosas me parecen complementarias y trascendentales: desde lo colectivo a lo individual. Leer nos hace personas. Aún más: leer nos hace mejores personas.

Numerosos trabajos científicos han demostrado que leer es algo así como el bálsamo de Fierabrás, una poción mágica capaz de curar tanto los rotos como los descosidos del cuerpo y del ánimo. Entre los hallazgos más apabullantes está un estudio de la Universidad de Sussex (Reino Unido), en 2009, que demostró que la lectura podía reducir el estrés hasta en un 68%; la investigación de la Universidad de Yale (Estados Unidos) de 2016, que, tras monitorizar a casi 4.000 personas mayores de 50 durante 12 años, concluyó que aquellos que leen asiduamente media hora al día viven hasta dos años más que quienes no leen; o el estudio de 2010 del Carnegie Mellon (EE. UU.) que indica que leer libros nos cambia literalmente el cerebro, engrosando la materia blanca. Leer, en fin, es como hacer pesas dentro del cráneo. Si no quieres que se te caigan las nalgas, machácate las carnes en un gimnasio; si no quieres que se te desmayen y despanzurren las neuronas, lee todos los días, maldita sea. Por no hablar de las decenas de trabajos que demuestran que leer cuentos y novelas, es decir, ficción, fomenta la empatía. Como he dicho antes, es una actividad que nos hace mejores. Cosa que todos los que somos lectores ya sabíamos. Una novela es un viaje al otro, a los otros, a realidades previamente desconocidas. Pero también es el descubrimiento de una complicidad inesperada. Cuántos niños y niñas angustiados, cuántos jóvenes aislados y enajenados de su entorno, que se sentían únicos y raros, han encontrado la salvación a través de las páginas de un libro. Esto es, descubrieron espíritus afines, mundos mucho más grandes que les permitieron respirar y sobrevivir. Como la extraordinaria poeta norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), que, probablemente sometida a abusos sexuales en la adolescencia por parte de su padre y tal vez de su hermano, encontró un reducto de resistencia en la poesía: «Yo creo que fui Encantada/Cuando por primera vez / Niña sombría/Leí a Aquella Dama Extranjera/Lo Oscurosenti Hermoso», explica ella misma con sus versos. La Dama Extranjera era la poeta victoriana Elizabeth Barrett Browning, cuya obra rescató a Emily, poniendo un hilo de redentora luz en la oscuridad de esa niñez tenebrosa (qué bellas las palabras de Dickinson).

No sé qué sería de mi vida sin los libros: apenas puedo imaginar una carencia tal, sería como quedarte ciega y sorda, sin olfato y sin tacto, tal vez incluso también sin corazón. Los libros siempre han sido para mí un talismán, un poderoso embrujo, como si, teniendo un buen libro cerca, nada muy malo pudiera pasarte. Es mentira, lo sé, pero es una de esas mentiras poliédricas que encierran un grumo de verdad. Leer es algo más íntimo que hacer el amor, porque te metes en la cabeza y en los sentimientos de quien ha escrito el texto. Y, una vez allí, reescribes lo que lees junto al autor, o autora. Porque toda lectura es una reescritura, una colaboración a dos, una complicidad suprema.

Si no quieres que se te desmayen y despanzurren las neuronas, lee todos los días, maldita sea.

Hoy acaba la maravillosa Feria del Libro de Madrid, un evento único en el mundo por su popularidad, su raigambre social y su falta de pretensiones. En los fines de semana podemos estar 400 autores reunidos en las casetas, a pie de calle, sin intermediarios, a la misma altura y sin distancia física de los lectores. Es una verdadera fiesta de la lectura, y, cada libro que firmas, una especie de celebración familiar, como un cumpleaños o tal vez un bautizo. Ríes y lloras junto a los lectores, con las generosas intimidades que comparten contigo. De la misma manera que has reído y llorado al leer las obras que forman la columna vertebral de tu vida. Y adviertes con plena certidumbre que los libros forman una comunidad a través del tiempo y del espacio. Y que esa comunidad es salvadora y hermosa.

Todo lector auténtico es también amigo de los libros

“En el fondo, todo lector auténtico es también amigo de los libros. Porque el que sabe acoger y amar un libro con el corazón, quiere que sea suyo a ser posible, quiere volver a leerlo, poseerlo y saber que siempre está cerca y a su alcance. (…) Para el buen lector, leer un libro significa aprender a conocer la manera de ser y pensar de una persona extraña, tratar de comprenderla y quizá ganarla como amigo. (…) El que quedó cautivado un día por un libro, el que empieza a conocer y entender al autor, el que logró establecer una relación con él, para ése empieza a surtir verdaderamente efecto el libro. Por eso no se desprenderá de él, no lo olvidará, sino que lo conservará, es decir, lo comprará, para leer y vivir en sus páginas cuando lo desee”.

HERMANN HESSE
“Leer y poseer libros” (1908)