
Richter, Felix. “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores.” Statista, 8 septiembre 2026. Statista, “PISA Links Frequent AI Use With Lower Science Scores”
Los resultados de PISA 2025 introducen una importante advertencia sobre la relación entre el uso de la inteligencia artificial y el rendimiento académico. El análisis de Statista, basado en los datos de la OCDE, muestra que los estudiantes de 15 años que utilizan herramientas de IA casi todos los días para realizar tareas escolares concretas, como redactar trabajos, resumir textos o realizar investigaciones preliminares, obtienen en promedio peores resultados en ciencias que aquellos que utilizan la IA con menor frecuencia o que no la utilizan. La diferencia entre los usuarios intensivos y los estudiantes que no emplean IA llega a ser equivalente, según Statista, a aproximadamente un año de escolarización.
Sin embargo, los datos no permiten concluir que la inteligencia artificial sea perjudicial por sí misma. La investigación de PISA muestra una relación mucho más compleja, en la que importan tanto la frecuencia como el propósito del uso. Los estudiantes que utilizan la IA para una finalidad general de aprendizaje presentan un comportamiento diferente al de quienes recurren a ella para que realice directamente determinadas tareas académicas. De hecho, los alumnos que utilizan la IA de manera moderada para «ayudarles a aprender» pueden alcanzar resultados similares o incluso ligeramente superiores a los de quienes no la utilizan.
La diferencia resulta especialmente significativa cuando se analiza el uso de la IA para tareas específicas. Los estudiantes que no utilizan chatbots para determinadas actividades escolares tienden a obtener mejores resultados científicos que quienes los utilizan, mientras que los usuarios moderados pueden situarse por encima de los usuarios muy frecuentes en algunas actividades, como resumir textos o realizar investigaciones preliminares. Esto apunta a que el problema no reside necesariamente en disponer de ChatGPT u otras herramientas similares, sino en delegar en ellas procesos cognitivos que el estudiante debería realizar por sí mismo.
El informe introduce así el concepto de «atrofia de habilidades»: cuando una persona deja de ejercitar regularmente una capacidad porque una herramienta tecnológica la realiza por ella, puede perder progresivamente esa competencia. En educación, esto resulta particularmente importante. Si un estudiante utiliza la IA para generar una respuesta, escribir un trabajo, resumir una lectura o resolver un problema sin comprender el proceso, obtiene una ventaja inmediata, pero puede estar renunciando al aprendizaje que precisamente pretendía conseguir la actividad. La propia OCDE señala que la IA debería complementar el esfuerzo intelectual del alumno y no sustituirlo.
Uno de los aspectos más interesantes de PISA 2025 es que aprender a utilizar críticamente la IA parece marcar una diferencia. Alrededor de seis de cada diez estudiantes de los países de la OCDE señalan que en sus clases se les ha pedido evaluar la calidad de información generada por IA. Entre los estudiantes que utilizan frecuentemente estas herramientas para aprender, quienes además reciben en la escuela formación para valorar críticamente sus resultados presentan un rendimiento científico ligeramente superior. Esto sugiere que la respuesta educativa no debería ser simplemente prohibir o permitir la IA, sino enseñar a interrogarla, verificarla, contrastarla y comprender sus limitaciones.
El estudio también plantea una cuestión de equidad educativa. Las oportunidades para aprender a evaluar críticamente contenidos generados por inteligencia artificial no están distribuidas de manera uniforme: los estudiantes socioeconómicamente favorecidos tienen más probabilidades de recibir este tipo de formación en sus centros. Esto podría generar una nueva brecha digital: no tanto entre quienes tienen acceso a la IA y quienes no lo tienen, sino entre quienes saben utilizarla como herramienta de aprendizaje y quienes simplemente la emplean como sustituto del esfuerzo intelectual.
La cuestión no es cuánta inteligencia artificial utilizan los estudiantes, sino cómo la utilizan. Un uso intensivo y pasivo puede estar asociado a peores resultados, mientras que un uso moderado, consciente y acompañado de alfabetización crítica puede convertirse en una herramienta educativa de gran valor. PISA 2025 apunta, por tanto, hacia un modelo en el que la IA debe utilizarse para ampliar la capacidad del estudiante —ayudarle a comprender, formular preguntas, recibir retroalimentación o explorar conceptos—, pero sin sustituir las actividades cognitivas fundamentales que permiten aprender