«Libro de Buen Amor» de Juan Ruiz en la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca

Esta imagen muestra el manuscrito del siglo XIV-XV titulado «Libro de Buen Amor» de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Foto de la exposición Scripta celebrada en la Biblioteca Nacional de España en 2018 en el 8o centenario de creación de la Universidad

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita Libro de Buen Amor Siglos XIV-XV Ms. 2663

De las tres copias conocidas de esta obra emblemática de la primitiva literatura en castellano, el códice salmantino es el que contiene mayor cantidad de texto. Procedente del Colegio Mayor San Bartolomé y copiado por uno de sus colegiales —el humanista Alfonso de Paradinas, cuya firma consta en el colofón—, es un sencillo ejemplar en papel con encabezamientos, rúbricas y calderones en rojo, que rompen el negro de las sucesivas estrofas en cuaderna vía. Esporádicamente, aparecen dibujos de manos, perfiles o animales en los márgenes.

El Libro de Buen Amor, atribuido a Juan Ruiz y datado entre los siglos XIV y XV, constituye una de las obras más representativas de la literatura medieval castellana. Se trata de un texto complejo y rico en matices, en el que se entrelazan elementos narrativos, líricos y didácticos, con una mirada irónica y a menudo ambigua sobre el amor, la moral y la vida cotidiana. Su carácter híbrido y su tono cercano lo convierten en una obra clave para comprender la transición entre la mentalidad medieval y las nuevas sensibilidades que desembocarían en el Renacimiento.

El ejemplar al que se hace referencia no es una edición de lujo, sino una copia en papel realizada por Alfonso de Paradinas, un estudiante vinculado a Salamanca. Este hecho resulta especialmente significativo, ya que pone de relieve el uso académico y práctico del manuscrito, alejado de los códices ricamente iluminados destinados a la nobleza o a instituciones religiosas de alto rango. Nos encontramos, por tanto, ante un objeto de estudio y transmisión del conocimiento, propio de un contexto universitario en el que el acceso a los textos comenzaba a ampliarse.

Desde el punto de vista formal, el manuscrito presenta elementos característicos de la época. Destacan las letras rojas que aparecen al inicio de las estrofas, conocidas como calderones. Estas marcas no solo cumplen una función estética, sino que ayudan a estructurar visualmente el texto y facilitan la lectura. Su presencia está estrechamente ligada a la métrica de la cuaderna vía, una forma poética culta compuesta por estrofas de cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas), muy utilizada en la literatura didáctica medieval.

Otro aspecto llamativo es la presencia de pequeños dibujos en los márgenes, como el que aparece en la parte superior izquierda de la página, que podría representar un oso o un león. Este tipo de ilustraciones marginales, a menudo realizadas de manera espontánea, aportan un carácter personal al manuscrito. Más allá de su posible valor simbólico, reflejan la interacción directa del copista o de los lectores con el texto, convirtiendo el manuscrito en un objeto vivo, intervenido y reinterpretado a lo largo del tiempo.

En conjunto, este ejemplar del Libro de Buen Amor no solo transmite una obra literaria fundamental, sino que también nos permite asomarnos a las prácticas culturales, educativas y materiales de su época. A través de sus características físicas —el soporte en papel, los calderones, las anotaciones marginales— se revela un momento de cambio en la historia del libro, en el que la funcionalidad y la difusión del conocimiento comienzan a adquirir un protagonismo creciente.