
Comas-Forgas, Ruben, Alexandros Koulouris, y Dimitris Kouis. s. f. «‘AI-Navigating’ or ‘AI-Sinking’? An Analysis of Verbs in Research Articles Titles Suspicious of Containing AI-Generated/Assisted Content». Learned Publishing n/a (n/a): e1647. https://doi.org/10.1002/leap.1647.
La misinformation (en español, desinformación) se refiere a la difusión de información falsa o inexacta, pero sin la intención deliberada de engañar. Esto la distingue de la disinformation (desinformación intencional), que es información falsa creada y difundida con el propósito de manipular, confundir o influir de manera premeditada.
El artículo aborda cómo los rumores y las interpretaciones erróneas tienen un impacto fundamental en la difusión de desinformación, especialmente en el contexto de las elecciones en EE. UU. Según los autores, el problema no radica únicamente en la presencia de hechos falsos, sino en los marcos mentales que las personas emplean para interpretar la información. Estos marcos influyen en la manera en que se entienden los eventos, lo que a menudo deriva en rumores y malentendidos.
Los rumores son un intento colectivo de dar sentido a situaciones inciertas. Si bien muchas veces son falsos, reflejan confusiones o temores reales dentro de las comunidades. En contraste, la desinformación implica una manipulación intencionada de estos procesos, mediante la introducción de pruebas falsas o la distorsión de los marcos que las personas utilizan para interpretar los hechos.
La relación entre los marcos y la evidencia es clave. Los marcos mentales no solo guían cómo las personas seleccionan y analizan la evidencia, sino que también pueden ser moldeados intencionalmente por medios, líderes políticos y comunidades. Por ejemplo, durante las elecciones de 2020, el marco del «fraude electoral» promovido por Donald Trump llevó a muchos a interpretar el uso de bolígrafos Sharpie en Arizona como evidencia de un intento de manipulación, lo que dio lugar al llamado Sharpiegate.
El artículo también resalta el papel de las redes sociales en estos procesos. Las plataformas digitales amplifican contenidos que se alinean con marcos políticos dominantes, favoreciendo la viralización de rumores. Los influencers, en particular, contribuyen a la difusión de mensajes manipulados al aprovecharse de las dinámicas de atención impulsadas por los algoritmos. Esto se evidenció en 2024, cuando un video manipulado sobre migrantes votando ilegalmente se volvió viral, reforzando marcos de «fraude electoral» y «amenaza migratoria».
En las elecciones de 2024, los autores observan un aumento en la actividad de grupos que promueven el marco de «elecciones manipuladas». Estos grupos reclutan voluntarios para recolectar y difundir evidencia que respalde estas narrativas, lo que podría generar rumores adicionales y alimentar demandas legales o intentos de socavar los resultados.
Finalmente, el artículo destaca la importancia de comprender los procesos de generación y propagación de rumores. Esta perspectiva permite empatizar con las personas que comparten rumores de buena fe y, al mismo tiempo, identificar cómo los propagandistas manipulan estas dinámicas. Este enfoque es crucial para que investigadores, periodistas y funcionarios electorales puedan responder de manera más eficaz a la desinformación.