Bibliotecas y bicicletas

BIBLIOTECAS Y BICICLETAS

por Julio Alonso Arévalo

Horizontes del Bibliotecario Sept – Oct 2021 (Cuba)

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En la tumba del Cementerio del Père-Lachaise en París, de Jim Morrison líder de The Doors, y uno de los iconos pop más idolatrados de la historia de la música, reza  el epitafio: “Llegaré al mar en bicicleta”, es mi lema de WhatsApp, la cita es una metáfora de la posibilidad del viaje, de la apertura y de la aventura. 

Gabriel Levinson que es considerado el padre del movimiento de los “libros-bici”, cuando en 2008 comenzó a recorrer los parques de Chicago con su triciclo-libro Haley repartiendo libros gratis, se dice que proporcionó más de tres mil libros durante los dos primeros años de funcionamiento. Posteriormente, Levison se asoció con la Biblioteca Pública de Chicago e ideó un nuevo artilugio que denominaron “Read/Write BiblioTreka” en el que visitaba los mercados, los eventos artísticos, y cualquier otro lugar donde se convocaran las personas. Se hizo tan popular que, aunque le sustrajeron la biblioteca con nocturnidad y alevosía, la comunidad organizó una colecta y obtuvieron más de 5.000 dólares, no sólo para rehabilitar este servicio, sino, también para incrementar el número de bicicletas del libro que operaban en la ciudad. Si Levison es considerado el padre, la madre fue Karen Greene, de la Biblioteca Principal Joel D. Valdez del Condado de Pima, Arizona, que en 2012 comenzó con sus servicios de “bibliobici” y fue todo un ejemplo a seguir en diferentes regiones y ciudades que habilitaron servicios de préstamo de libros a través de bicicletas.

Desde entonces las flotas de bicicletas del libro en bibliotecas, bajo diferentes denominaciones como “Bookbike”, “Books on Bikes”, “Bibliocycle”, “BookCycle” o  Library on Wheels, no han dejado de crecer en casi todas las ciudades desde Berkeley, a Boston, Boulder, Cleveland Heights, o Denver… hasta el punto de que en Estados Unidos se ha institucionalizado el mes de mayo como el mes de la Bicicleta, y el día 27 de mayo, el de ir al trabajo en bicicleta. Pero este fenómeno no se reduce a América del Norte, en estos días que desgraciadamente estamos preocupados por la deriva de los hechos que acontecen en Afganistán, un tal Siyawash de Kabúl, fundó una pequeña organización llamada Read Books (en pashto: Ketab Lwast), un esfuerzo móvil para mejorar las tasas de alfabetización juvenil en Afganistán al proporcionar libros y formación sobre lectura a niños en áreas rurales. Siyawash y su equipo recorren los caminos polvorientos de su país en sus bicicletas de color azul eléctrico, en las que llevan una canasta de libros, para despertar el interés en la lectura, y dar la posibilidad sobre todo a las niñas de acceder al libro y a la cultura.

Pero no termina ahí la cuestión;  las bibliotecas también están extendiendo su papel más allá del libro, atendiendo a cualquier propósito o interés que suscite la atención de la comunidad, los espacios de creación o “makerspaces” con sus modernas impresoras 3D, o con tecnología básica abren un nuevo espacio bibliotecario para aquellas personas que no son afines al libro, es el caso de bibliotecas que prestan -además de libros- casi cualquier cosa, herramientas, máquinas de cortar el césped, o bicicletas. Por ejemplo, Millinocket Memorial Library presta bicicletas a sus usuarios, Citi Bike de New York ofrece un mes gratis de membresía a los residentes en las 55 bibliotecas del área de servicio de Citi Bike para realizar viajes ilimitados de 45 minutos durante un período inicial de 30 días. Incluso la biblioteca de Mill Basin, en el sur de Brooklyn, tiene un servicio de reparación de bicicletas.

Las bibliotecas comparten muchas similitudes y un sentido de propósito común con las biciletas. Yo destacaría dos puntos esenciales en este sentido que acompañan el sentir de estos corceles de dos ruedas en relación con el libro y la lectura.

– Confianza

– Sostenibilidad

Las bibliotecas y los bibliotecarios debemos ser considerados como asesores de confianza de nuestros usuarios y comunidades. Una persona que se presenta en una bicicleta en general genera confianza, un ciclista no crea intimidación, todo lo contrario. Recuerdo un programa de radio de un aventurero español que había recorrido el mundo en bicicleta sin apenas apoyo, cuando le preguntó el periodista como lo logró, dijo que cuando alguien se acerca en bicicleta a un pueblo o a un barrio, las personas se entregan y ofrecen todo su apoyo y solidaridad. Un bibliotecario en bicicleta como ocurre con el servicio InfoMotion en la biblioteca de la universidad de Colorado, facilita la generación  de conversaciones con los usuarios más allá del edificio. Así el personal de la biblioteca puede solicitar el uso de InfoMotion, poner en él cualquier material que desee, incluidos libros sobre un tema o diferentes temas en particular, y pedalear por el campus para acercar la información a los usuarios, incluso desde la bicicleta los usuarios también pueden llevar libros en préstamo. Es una manera de construir relaciones con nuestros usuarios

También las bicicletas del libro  ayudan a la biblioteca a involucrarse mejor con la comunidad y a que las personas tomen conciencia de la importancia de los valores sostenibles. El uso de la bicicleta tiene múltiples beneficios como: menos contaminación, reducción de los costes de atención médica, disminución del absentismo, costes reducidos de estacionamiento, mayor responsabilidad social, y más productividad, ya que los ciclistas y caminantes llegan al trabajo con menos estrés que aquellos que viajan en automóvil. Y las bibliotecas se alinean con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 y las ciudades inteligentes o “Smart cities”, para lograr un espacio social más sostenible, que facilite una vida más saludable y feliz de las personas en los núcleos urbanos, un espacio para la convivencia.

Para finalizar este relato diré, que me identifico totalmente con Peter Golkin, bibliotecario, Arlington Public Library. Cuando dice “Mis dos cosas favoritas en esta vida son las bibliotecas y las bicicletas. Ambas hacen avanzar a la gente sin gasto alguno. Un día perfecto: cuando voy en bici a la biblioteca”. Día a día, tomo una de las bicicletas públicas del Ayuntamiento de Salamanca, que ofrece por el módico precio de 13 euros, para acudir al trabajo en la Universidad de Salamanca, y como Gorkin lo hago con una maravillosa y mágica alegría.