La horrible historia de la “Big Farma” : por qué no podemos dejar a las empresas farmacéuticas al mando de la respuesta al Covid-19

James Angel and Nick Dearden, Editing by Heidi Chow. The horrible history of Big Pharma: Why we can’t leave pharmaceutical corporations in the driving seat of the Covid-19 response. London: Global Justice Now, dec, 2020

Texto completo

Cualquier solución a largo plazo para la mortal pandemia de Covid-19 implica el descubrimiento y la distribución equitativa de una vacuna eficaz y de opciones de tratamiento. Sin embargo, en todo el mundo, los gobiernos están entregando la responsabilidad de las soluciones para el Covid-19 a las grandes empresas farmacéuticas, que tienen un largo historial de dar prioridad a los beneficios empresariales sobre la salud de las personas.

La industria farmacéutica es una de las mayores y más rentables del mundo. Muchas de las empresas individuales que constituyen la “Big Farma” tienen unos ingresos anuales muy superiores a los de la mayoría de los países del planeta. En términos de ingresos, Johnson & Johnson es más rica que países ricos como Nueva Zelanda y Hungría. Los ingresos de Pfizer son mayores que los de Kuwait o Malasia, países ricos en petróleo.

Dejando de lado a Moderna, las otras seis empresas gigantes incluidas en este informe obtuvieron unos ingresos combinados de 266.000 millones de dólares el año pasado, con unos beneficios de 46.000 millones. Consideremos estas cifras en comparación con el programa de gasto público sin precedentes de EE.UU. para el desarrollo de vacunas, que podría alcanzar los 18.000 millones de dólares, pero que en la actualidad se sitúa en torno a los 11.000 millones, la mayor parte de los cuales se ha entregado a las mismas ricas corporaciones detalladas en este informe.

Muchos comentaristas observan el trabajo de algunas de estas corporaciones en 2020 -desarrollando vacunas a una velocidad de vértigo- y concluyen que, sean cuales sean los problemas de la “Big Farma”, casi han entregado los productos.

Pero esto es pasar por alto muchos elementos importantes de la historia que, en conjunto, demuestran que el modelo farmacéutico actual es en realidad profundamente defectuoso, con su afán de obtener rendimientos altísimos para los accionistas, no para una población más sana. La búsqueda de rendimientos muy elevados incentiva los comportamientos más atroces.

Todo el mundo quiere acabar con esta pandemia lo antes posible. La mayoría de nosotros estamos entusiasmados por los resultados positivos de los ensayos de la vacuna y asombrados por el ingenio de los científicos que nos han llevado a esta etapa tan rápidamente. Y sin embargo, podríamos hacerlo mejor y ayudar a acabar con la pandemia de forma justa y equitativa.

Imaginemos que se eliminara de la ecuación el afán de lucro de las empresas farmacéuticas. Imagínese que pudiéramos sustituir la competencia despiadada y el secretismo por la colaboración y la apertura. Imaginemos que nuestra investigación estuviera impulsada únicamente por el deseo de librar al mundo de la enfermedad y el sufrimiento, empezando por las afecciones más graves y mortales. Si se combina con nuestros conocimientos tecnológicos, la dedicación de nuestros brillantes investigadores y la confianza que un modelo así podría inspirar a la población en general, imagínese lo que podríamos conseguir.

El coronavirus nos da la oportunidad de reajustar la forma de producir medicamentos. Si aprovechamos la oportunidad, la salud de las personas de todo el mundo podría ser muy diferente. Si lo conseguimos, esta terrible pandemia podría dar paso a un mundo mejor y más justo.