¿Cómo diseñar la biblioteca del futuro?

 

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The Library Is Dead. Long Live the Library! In site Architecture, ebruary 24, 2014

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Cuando se trata de discutir el futuro de las bibliotecas, las palabras se interponen en el camino. Más exactamente, los libros llenos de palabras (y las habitaciones llenas de libros) se interponen en el camino.

La evolución de las bibliotecas y los libros comparten una historia común y entrelazada. Pero es esta asociación con los libros como la razón de ser de la biblioteca la que alimenta la ilusión de la perdición pendiente de la biblioteca. La tecnología está introduciendo caminos más convenientes, instantáneos, asequibles y precisamente calibrados para recuperar la palabra escrita. Frente a esto, la “tecnología” de 560 años de la imprenta es una base necesaria pero ya no suficiente para diseñar una institución duradera.

En esto, los expertos de la biblioteca pública a lo largo de la historia estarían de acuerdo. Ellos constantemente enfatizaron la biblioteca como una fuerza para el progreso. Un requisito previo para una democracia efectiva era una ciudadanía informada y sedienta de conocimiento, y un foro para compartir ideas. También la reconocieron como una fuerza democratizadora en un sentido diferente: un instrumento para promover la alfabetización social y cultural (así como funcional) en el que, en palabras del Andrew Carnegie, cuya filantropía construyó 2.500 bibliotecas, “ni el rango, ni el cargo, ni la riqueza reciben la más mínima consideración”.

Ese es un concepto tan radical hoy como lo era hace un siglo.

REINVENTAR LA BIBLIOTECA

Definamos una visión para nuestra biblioteca del futuro que abarque esta misión más amplia, y deje la palabra “libro” fuera de ella: La biblioteca del futuro es un foro de conocimiento e ideas que promueve la comunidad, la democracia y la igualdad de acceso. Es un instrumento en constante adaptación para promover la alfabetización cultural, social y tecnológica en el futuro, al tiempo que sirve como una cápsula del tiempo que nos permite una profunda comprensión del pasado.

Para acomodar esta visión, nuestra biblioteca necesita la agilidad para adaptarse, y atraerlo a usted y a sus descendientes a regresar una y otra vez. ¡Y qué afortunados ciudadanos serán todos ustedes! Como nunca antes, la disponibilidad masiva de información será un hecho en una época en la que el contenido de un millón de libros puede caber en un dispositivo que se lleva en el bolsillo.

Así que quizás sea la conservación de esta avalancha de información, además de las sofisticadas herramientas de búsqueda y hallazgo, y la disponibilidad pública de hordas de conocimiento por suscripción es lo que será la base de incluso la biblioteca más pequeña. Mientras tanto, las conexiones regionales e internacionales – especialmente aquellas que se comprometen en formas multiculturales, multimedia y multidimensionales – serán los requisitos mínimos en su camino hacia la ciudadanía ilustrada.

Para contrarrestar este vertiginoso conjunto de recursos, su futura biblioteca también debe nutrir el conocimiento en los niveles más locales. El futurista Thomas Frey imagina bibliotecas que sirvan como “cápsulas de tiempo” vitales, el único depósito que queda de los periódicos locales a largo plazo, la fotografía basada en películas y las emisiones locales. Pero la forma en que se transmiten estas historias sería más parecida a las exhibiciones de museo más interactivas de hoy, permitiendo a los jóvenes del mañana experimentar el sabor, los rituales, los sonidos y los momentos culturales formativos de las eras pasadas en cada pueblo

 

DISEÑANDO LA BIBLIOTECA

¿Pero cómo diseñamos un edificio que se acomode a un mandato siempre cambiante? Para empezar, no deberíamos definir nuestra biblioteca tanto por lo que alberga, y más por cómo lo hace.

Ese es el lenguaje lleno de adjetivos de la arquitectura.

Podría significar una mezcla de espacios: uno lúdico, otro inspirador; uno estudioso, otro conspirativo; una habitación serena y meditativa, y otra estimulante, rica en sentidos, vigorizante; un espacio aireado y sociable; un rincón acogedor e íntimo.

Los jardines, los patios o los anfiteatros podrían crear “habitaciones” más flexibles que ofrezcan oportunidades de aprendizaje sin ataduras en un foro al aire libre.

Esta agilidad arquitectónica es quizás más indispensable en las comunidades más pequeñas. Un ejemplo de ello son las obras de la ciudad de Lodi, en los Lagos Finger, con una población de 1.500 habitantes. La comunidad ha estado trabajando durante dos años con los arquitectos para concebir una nueva biblioteca que responda a estos desafíos. Las representaciones conceptuales en el sitio web de la biblioteca revelan un edificio en el que una serie de habitaciones caen en cascada de forma irregular por el sitio inclinado. Están conectadas por rampas que fomentan la exploración completa de los recursos, y enlazan espacios de carácter variado cuyas funciones pueden cambiar con el tiempo.

Para mí, un punto de partida se puede encontrar en uno de mis primeros proyectos completados para una biblioteca en Castile, una ciudad de 2800. Su habitación infantil, iluminada de forma natural y con balcón, fue concebida como “un pabellón en el bosque” con una generosa ventana al bosque. Concebido como un lugar para la narración de cuentos y la imaginación, sus paredes de libros definen – en lugar de llenar – lo que es esencialmente un espacio de diseño flexible. En mis visitas de los últimos diez años, he sido testigo de que el espacio se adapta para reuniones de ayuntamientos, exposiciones de colchas, películas, conferencias, degustaciones de chocolate, subastas, recaudaciones de fondos y fiestas de té de las muñecas americanas, por nombrar algunas. ¿Podría ser un lugar para una recreación holográfica del discurso de Gettysburg en su 200 aniversario en 2063? Podría ser.

Si estos ejemplos indican algo, es que la biblioteca del futuro no debe abordar simplemente los cambios que la tecnología ha provocado en la forma en que consumimos la información. Debe trascenderlos.