Algunos de los comienzos más celebres de la literatura

 

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El comienzo de una novela es una escena o breve historia que se cuenta antes de pasar a relatar la historia principal y que aunque no tiene necesariamente que ocurrir en la misma línea temporal en que se desarrolla la novela, sí influye siempre en su desenlace o en la forma en cómo el lector va a percibirlo. Confieso que muchas de las novelas que he leído me han enganchado con la primera frase, el “incipit” que dirían los latinos marca la decisión de leer o no una obra.

Aquí tenemos algunos de los más celebres inicios de algunas novelas. Si tienes alguno que te sorprendió y no está recogido lo escribes en los comentarios

 

COMIENZOS MÁS CÉLEBRES

Odisea. Homero. Siglo VIII antes de Cristo. “Háblame,
Musa, del varón de gran ingenio…”.

Ilíada. Homero. Siglo VIII antes de Cristo. “Canta, diosa,
la cólera de Aquiles…”.

Eneida. Virgilio. Siglo I antes de Cristo. “Canto las
armas y a ese hombre que de las costas de Troya llegó
el primero a Italia…”.

Divina comedia. Dante Alighieri. 1321. “A mitad del
camino de la vida, en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado…”.

Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes. 1615.
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero
acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo
de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco
y galgo corredor”.

El contrato social. Jean-Jacques Rousseau. 1762. “El
hombre ha nacido libre y en todas partes se halla en
cadenas”.

Moby-Dick. Herman Melville. 1851. “Llamadme
Ismael”.

Historia de dos ciudades, de Charles Dickens 1859 “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”

Anna Karénina. León Tolstói. 1877. “Todas las familias
felices se parecen, pero cada familia infeliz lo es a su
manera”.

La regenta, de Leopoldo Alas Clarín, 1884. “La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.”

La metamorfosis. Franz Kafka. 1915. “Al despertar
Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño
intranquilo, encontrose en su cama convertido en un
monstruoso insecto”.

En busca del tiempo perdido. Marcel Proust.
1913-1927. “Mucho tiempo he estado acostándome
temprano”.

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. 1914. “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

El túnel, de Ernesto Sabato. 1948 “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”

El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. 1952 “Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.

Lolita. Vladímir Nabokov. 1955. “Lolita, luz de mi vida,
fuego de mis entrañas”.

Rafael Sánchez Ferlosio. El Jarama. 1955 «Sus primeras fuentes se encuentran en el gneis de la vertiente Sur de Somosierra, entre el Cerro de la Cebollera y el de Excomunión. Corre tocando la Provincia de Madrid, por La Hiruela y por los molinos de Montejo de la Sierra y de Prádena del Rincó

Pedro Páramo de Juan Rulfo 1955.“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo …”

Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
1967. “Muchos años después, frente al pelotón de
fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de
recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó
a conocer el hielo”.

Albert Camus “El extranjero” 1942: “Hoymamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé. He recibido un telegrama del asilo: “Madre fallecida. Entierro mañana.

1984, de George Orwell. 1948 “Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece”.

El tambor de hojalata, de Günter Grass. 1959 “Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiquiátrico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que a mí, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.”

– Rayuela, de Julio Cortázar. 1963. “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Marquez. 1981 “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. 1998 “2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk 1998. “Encuentra al hombre que me asesinó y te contaré detalladamente lo que hay en la otra vida.”