
«Lo encerró en un cuarto con una pluma, un tintero y un papel, y le dijo que no saldría de allí hasta que no escribiera como los demás. Pero el niño, cuando se veía solo, sacaba el tintero y se ponía a escribir en un extraño alfabeto, en un rasgón de camisa blanca que había encontrado colgando de un árbol.»
Industrias y andanzas de Alfanhuí Rafael Sanchez Ferlosio , 1951