¡El diccionario de Adán está en peligro!

 

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David Molins Garcia (Autor, Traductor), Ilustraciones de Empar Piera. Las aventuras de Sandro y el resto de unicornios (Calidoscopio) Tapa blanda –ISBN 978-84-16044-85-6

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¡El diccionario de Adán está en peligro!

 

He subido a clase a por el estuche y he visto a Iker haciendo pis en el diccionario de Adán.
–¡Eres un cochino asqueroso! ¿Por qué estás haciendo pipí en el diccionario de Adán? –le he dicho. Adán se iba a mediodía a comer a su casa, es una lástima que no se hubiera quedado en el cole.
–¡Porque estoy harto de él! ¡El otro día La Seta me castigó sin salir al patio por su culpa! ¡Cuando Adán coja el diccionario esta tarde le van a oler muy mal las manos y ninguna chica se acercará a él!
–¡Se lo voy a decir a la profe esta tarde!
–¡Ve con cuidado! ¡Si se lo dices te daré un par de puñetazos! —y me tuve que callar porque Iker es mucho más fuerte que yo y no quiero que estropee mi preciosa cara.
Pero por la tarde ocurrió una cosa terrible: ¡Adán no vino! Aitana nos contó que Adán había empezado a tener fiebre a mediodía. Y en clase de Lengua, la señorita Gloria cogió justamente el diccionario de Adán, y en cuanto le llegó a su nariz el olor a pipí, empezó el espectáculo.
–¿Quién ha sido el gracioso que ha hecho pipí en el diccionario de Adán Moreno?
Todos nos quedamos callados y yo no quería decir nada por miedo a que Iker me destrozara la cara.
–¡Seguro que ha sido Valentín! –gritó Iker.
–¡Mentiroso! Seguro que has sido tú! –le respondió Valentín.
–¿A que te doy un guantazo? –gritó Iker.
–¡Va, listo, ven si te atreves! –le respondió Valentín.
–¡Pelea, pelea! —empezamos a gritar todos. Y entonces Iker se levantó y se dirigió hacia Valentín, y le dio un puñetazo en la cara. Valentín se puso a llorar y por suerte, en ese momento entró El Pulpo a nuestra clase debido al escándalo que estábamos organizando.–¡Se os oye desde la otra parte de la escuela! ¿Me puede decir qué ha pasado, señorita Gloria?
–Ha habido un gracioso que ha orinado en el diccionario de Adán y no sabemos quién es –dijo la señorita Gloria, que estaba afónica.
–No se preocupe. Eso tiene una solución sencilla –y dirigiéndose a la clase–: ya que nadie se declara culpable, tendréis un castigo y estaréis toda la semana sin patio. Además, Iker y Valentín copiaréis doscientas veces: «No me pelearé con los compañeros porque la violencia no llega a ninguna parte». Entonces sonó la sirena y recogimos nuestras cosas.
Estoy seguro de que la señorita Gloria no querrá volver a venir a nuestra clase después de todo lo que la hemos hecho sufrir en el día de hoy.