El encanto de las tradicionales fichas de bibiblioteca

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Había una canción de Miguel Ríos que publico en el album “Extraños en el escaparate” que decía que “la nostalgia es comercia”.. La canción se titulaba “Flashback de los años 60”. Buscando en la red me ha sorprendido encontrarme unos cuantos productos que emulan o recuerdan la estética de las clásicas fichas de la biblioteca, desde calcetines, a marcapáginas, desde las tarjetas de préstamo a los ficheros clásicos.

 

OCLC dejó de actualizar su catálogo impreso el 1 de octubre de 2015, poniendo fin a una época que duró más de 150 años. El catálogo de la biblioteca ha cambiado a medida que lo ha hecho la tecnología.

La tecnología de catálogo de la biblioteca en la época que vivió Cutter era un libro impreso. Los catálogos impresos tenían las mismas ventajas que los propios libros: podían ser producidos en varias copias y eran altamente portátiles. Una biblioteca podía proporcionar una copia de su catálogo a otra biblioteca, por lo que era posible que otros usuarios pudieran encontrar el documento que necesitaban más allá de la propia biblioteca. Las desventajas del catálogo impreso, tiene que ver con el incremento de las colecciones. Un catálogo impreso necesitaba de una actualización casi constante, ya que nada más imprimirlo quedaba desactualizado; pues el tiempo requerido para producir un catálogo impreso (en una época en la que la impresión requería componer cada página) significaba que el catálogo podría estar muy desfasado nada más salir de la imprenta. La actualización de un catálogo impreso conllevaba la reimpresión en su totalidad, o la producción de volúmenes suplementarios con las obras más recientemente incorporadas a la biblioteca, lo que implicaba que buscar en el mismo se convirtiera en un un hecho bastante tedioso.

Se atribuye el desarrollo del catálogo de fichas a Esdras Abad en 1861, Esdras era ayudante de biblioteca de la Universidad de Harvard. El catálogo de fichas en aquel tiempo supuso disponer de un instrumento muy valioso de actualización continua para los usuarios de las bibliotecas y los bibliotecarios, demostrando ser una herramienta útil y flexible.

Y fue precisamente una compañía dirigida por Melvil Dewey, el creador de la clasificación decimal, llamada “The Library Bureau” la que empezó a diseñar y comercializar el mobiliario necesario para alojar el catálogo de fichas y una variedad de productos basados ​​en las tarjetas para el creciente mercado americano.

No podemos obviar que uno y otro sistema (catálogo impreso y de fichhas), aunque ahora nos parezcan caducos eran aplicaciones tecnológicas a las bibliotecas, tal como lo fue la  máquina de escribir que trajo una mayor uniformidad al catálogo de fichas que la que había proporcionado el más bello catálogo de fichas manuscritas, lo que además aumentó la cantidad de información que se podía incluir en en la superficie de una ficha de cartón de aproximadamente tres por cinco pulgadas.

Hoy estas fichas y las de préstamo, se comercializan como un merchandaising para nostálgicos en casi todo tipo de productos: bolsas, calcetines, marcapáginas, etc.

 

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Calcetines con una ficha de préstamo impresa

 

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Saquitos con fichas de préstamo

 

 

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Fichas antiguas vendidas para adornar estanterías

 

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Bloc de notas

 

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Post-it con fichas de préstamo

 

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Bloc con portada de una ficha clásica de biblioteca

 

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marco con ficha de biblioteca para anotar los hitos de la historia personal

 

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