El bibliotecario como formador

 

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Las tareas que desarrollamos los profesionales de las bibliotecas están cambiando a medida que avanzamos en la sociedad del conocimiento, parece lógico que en una sociedad denominada de la información, aquellas profesiones que trabajan directamente con información han de estar llamadas a jugar un papel relevante como expertos en el manejo y conocimiento de los canales y flujos de información; unido a que con la llegada de los nuevos formatos y la multiplicidad de canales de información que van más allá del espacio físico de la biblioteca, cualquier ciudadano necesita disponer de las competencias y habilidades necesarias para desenvolverse con soltura suficiente en el manejo de información para de ese modo aprovechar todas las oportunidades que le ofrecen los medios digitales y la sociedad del conocimiento.

De este modo, el papel del especialista en información es ahora más importante que nunca, pues las personas necesitan ser adecuadamente instruidas para enfrentar los desafíos que plantean las nuevas necesidades de información con el objetivo de desarrollar el conocimiento y las habilidades que serán de utilidad para el resto de sus vida en un mundo cada vez más complejo tecnológicamente. En este contexto cualquier persona debe ser competente en encontrar información, organizarla, analizarla y usarla de manera ética. En este sentido los bibliotecarios como especialistas en el acceso, organización y uso de información estamos en una situación optima para convertirnos en instructores en la transmisión de estas competencias, ayudando a nuestros conciudadanos en la integración de habilidades de pensamiento crítico y aquellas relativas a dotar a las personas de las capacidades necesarias para participar activamente en el proceso de construcción de conocimiento.

En este sentido, nuestro papel como especialistas de la información está yendo más allá del de ser capaces de localizar una información relevante para un tema particular o área temática. El conocimiento que el bibliotecario puede proporcionar sobre habilidades de información genera importantes beneficios sociales, y es además una excelente oportunidad para que la sociedad cambie la percepción de lo qué es y qué hace un bibliotecario, convirtiéndose de este modo en un socio colaborativo para cualquier ciudadano.

Un aspecto esencial en este sentido es la asunción por parte del profesional de un importante posicionamiento como líder y menor social, este cambio se verá favorecido  con la implementación del un enfoque del profesional como formador y su orientación hacia el aprendizaje, ya que el aprendizaje proporciona la base sobre la cual construir los diversos otros roles. De este modo a través del desarrollo de estas actividades nos estamos convirtiendo en líderes efectivos, simplemente eligiendo ser instructores. Para ello los bibliotecarios debemos tener una visión clara de nuestra misión y la capacidad de articular y demostrar la importancia de nuestro papel para fortalecer las capacidades de los individuos, y por ende de nuestras comunidades. Ello implica ser dinámico, evolutivo, proactivo, creativo e innovador.

La forma en que pensamos acerca de la educación y nuestro enfoque de la enseñanza está evolucionando continuamente, y nuestras bibliotecas también están llevando a cabo una evolución paralela. Vivimos en un momento propicio que invita a que los profesionales participemos activa y colaborativamente en la formación y dotación de competencias de nuestra próxima generación. Las bibliotecas ya no son únicamente espacios polvorientos y silenciosos donde la función principal es almacenar y catalogar libros. Las bibliotecas de hoy en día se están convirtiendo en espacios vibrantes para la búsqueda de información, para compartir, crear y comunicar nuevos aprendizajes. En las que el profesionales, además de ocuparse las tareas tradicionales se implican en apoyar, conectar y colaborar con las personas en los nuevos entornos educativos.

Así, los bibliotecarios del siglo XXI todavía somos parte de la esencia de la profesión que se esfuerza en recomendar el libro adecuado a la persona adecuada, pero también somos entusiastas, expertos en el conocimiento y comunicadores vocacionales comprometidos con nuestras comunidades.De esta manera, el reposicionamiento del profesional de la biblioteca como un recurso educativo para una comunidad más interconectada describe con mayor precisión el trabajo del profesional de la biblioteca de la actualidad. No se trata de sustituir moños y gafas por pelo teñido de rosa y tatuajes; se trata de demostrar que los profesionales de la biblioteca sirven a sus comunidades ayudando y formando a los usuarios en todos aquellos aspectos que necesitan. Esta distinción es importante porque destaca el valor de los profesionales de la biblioteca, siendo la mejor de las manera de asegurar nuestra viabilidad futura. Apelar a los intereses de aquellos que disfrutan de trabajar con la gente resolviendo problemas futuros y cotidianos, diseñando nuevos enfoques innovadores y desafiantes será crucial para el futuro de la profesión.

2 pensamientos en “El bibliotecario como formador

  1. Magda Cecilia Sandi

    Excelente aporte. Que no se nos olviden nuestras raíces. Esta reflexión se debe compartir particularmente con los estudiantes de primer ingreso a la carrera para que tengan clara conciencia sobre la profesión que decidieron escoger.
    Saludos desde la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información de la Universidad de Costa Rica.

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