¿Por qué la media de préstamos en bibliotecas españolas es 15 veces inferior a la de Finlandia?

 

41713624815_f51884b90e_b_d

 

Me ha resultado muy esclarecedora la tabla que aporta el artículo de Pedro Lázaro Rodríguez, Javier López Gijón, Javier y Enrique Herrera Viedma, sobre visibilidad de las bibliotecas públicas y la lectura en medios de comunicación españoles publicado en la revsita BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació. En la tabla se muestran los resultados para los préstamos y las visitas por habitante para 17 países europeos. Una comparativa interesante de las distancias que en estos asuntos nos separan de países como Finlandia con 18 libros prestados por habitante, frente a los 1,3 prestados en las bibliotecas españolas por cada habitante. Pero no sólo de Finlandia, que es el país más destacado en educación y lectura, si no del resto de los países, ya que ocupamos el penúltimo lugar, sólo por encima de nuestros queridos vecinos portugueses. Al menos en visitas a bibliotecas estamos algo mejor posicionados en el doceavo lugar con 2,39 visitas por habitante a las bibliotecas al año, pero lejos de las casi 10 visitas que hace de media un ciudadano finlandés

Son muchas las razones que sustenta probablemente estas cifras, desde las condiciones climáticas al devenir histórico, pasando por otros temas de índole político como las inversiones en cultura, dotación e infraestructuras culturales, educativas o también de índole profesional. Hace unos meses publicábamos en universo abierto un artículo titlado “¿Por qué las ciudades de Finlandia son paraísos para los amantes de las bibliotecas?” En él hablábamos de que las bibliotecas son la cara visible de la creencia finlandeesa en la educación, la igualdad y la nueva ciudadania, una nación alfabetizada que lleva el aprendizaje publico en su ADN.

Tampoco es difícil entender por qué se utilizan tanto las bibliotecas urbanas de Finlandia: El 84% de la población del país es urbana, y dado el clima a menudo duro, las bibliotecas no son simplemente lugares para estudiar, leer o tomar prestados libros – son lugares vitales para socializarse. Y de este modo estos espacios no están diseñados para ser templos polvorientos para la alfabetización. Son espacios vibrantes y bien pensados que tratan activamente de involucrar a las comunidades que los utilizan.

Lo cierto es que como profesionales debemos de aprender del ejemplo. Me agradaría que dejaseis vuestra opinión y comentarios al respecto.