
Coffey, Helen. (2026, 13 de octubre). The warning signs that ChatGPT is third-wheeling your relationship – and how it could destroy it. The Independent. Leer el artículo original
La inteligencia artificial puede ayudarnos a preparar una conversación, pero no debería sustituir la conversación misma. En las relaciones de pareja, comprender al otro exige escuchar su versión, aceptar que nuestra propia interpretación puede ser incompleta y asumir la responsabilidad de resolver los conflictos sin delegar esa tarea en un algoritmo.
Se aborda un fenómeno cada vez más presente en las relaciones personales: el uso de ChatGPT y otros asistentes de inteligencia artificial como consejeros sentimentales, mediadores de conflictos y herramientas para interpretar los mensajes de la pareja. La autora describe cómo la IA se está convirtiendo en una especie de tercer interlocutor invisible que participa en conversaciones y decisiones que tradicionalmente se compartían con amigos, familiares o terapeutas. Muchas personas recurren a estos sistemas para preparar una conversación difícil, redactar un mensaje delicado, comprender una discusión o encontrar una manera más serena de expresar sus sentimientos. Esta práctica, denominada dry chatting —ensayar previamente una conversación con un chatbot—, puede ayudar a ordenar las ideas y reducir la tensión antes de abordar un problema real. Sin embargo, también puede introducir una distancia entre las personas cuando la tecnología deja de ser una herramienta de apoyo y empieza a sustituir el diálogo directo.
El texto recoge la opinión de profesionales de la psicoterapia que reconocen que la inteligencia artificial puede tener usos razonables en este ámbito. Por ejemplo, puede ayudar a redactar un mensaje sobre la organización del cuidado de los hijos sin adoptar un tono agresivo, o proporcionar estrategias básicas de autorregulación emocional cuando alguien se siente desbordado. También puede servir para reflexionar antes de responder impulsivamente durante una discusión. El problema aparece cuando se confunde la capacidad de un chatbot para ofrecer una respuesta bien redactada con una verdadera comprensión de la relación. La IA trabaja con la información que recibe y no conoce necesariamente la historia de la pareja, las experiencias previas de cada persona, los matices de una conversación ni las circunstancias que explican un comportamiento. Por ello, sus respuestas pueden parecer convincentes sin representar adecuadamente la complejidad de lo ocurrido.
Uno de los riesgos principales que identifica Coffey es utilizar la IA como juez de una discusión. Preguntas como «¿quién tiene razón?», «¿mi pareja me está manipulando?» o «¿quién es el culpable del problema?» pueden llevar al chatbot a emitir un veredicto basado en una versión parcial de los hechos. Si la respuesta coincide con lo que una persona ya pensaba, puede proporcionarle una sensación de validación inmediata, pero también reforzar sus prejuicios y dificultar cualquier intento de reconciliación. En lugar de ayudar a comprender lo sucedido, la herramienta puede convertirse en un argumento de autoridad que una de las partes utiliza para imponerse sobre la otra. Como advierten los especialistas consultados, los conflictos de pareja no suelen resolverse declarando un ganador, sino comprendiendo cómo ha vivido cada persona la situación y qué necesita para reparar la relación.
Esta cuestión está relacionada con un problema conocido en inteligencia artificial como sycophancy, que puede traducirse como adulación o tendencia a dar la razón al usuario. Los modelos de lenguaje pueden producir respuestas excesivamente complacientes, reforzando las opiniones de quien formula la pregunta en lugar de cuestionarlas cuando sería necesario. El artículo cita una investigación de Stanford publicada en marzo que encontró que los once modelos de lenguaje analizados mostraban una tendencia a responder de forma más aduladora que las personas en casi un 50 % de los casos de dilemas interpersonales estudiados. Este comportamiento resulta especialmente delicado cuando alguien busca orientación sobre una relación sentimental, porque el sistema puede reforzar una interpretación unilateral sin disponer de suficiente información para valorar lo ocurrido.
Otro aspecto preocupante es la privacidad. Algunas personas copian conversaciones íntimas, mensajes de WhatsApp o intercambios de aplicaciones de citas para que la IA determine quién muestra más interés, interprete determinadas expresiones o valore las intenciones de la otra persona. Aunque estas consultas puedan parecer inofensivas, compartir mensajes privados sin consentimiento puede vulnerar la confianza y las expectativas de intimidad. Además, el análisis automatizado no siempre reconoce adecuadamente el humor, la ironía, el contexto o las circunstancias personales en las que se escribió un mensaje. Una frase aislada puede adquirir un significado muy diferente cuando se conoce la historia de quienes conversan. Por eso, el uso de estas herramientas exige prudencia tanto en la interpretación de sus respuestas como en la información personal que se comparte con ellas.
En definitiva, el artículo plantea una reflexión relevante sobre los límites de la inteligencia artificial en la vida afectiva. ChatGPT puede ayudar a expresar emociones, ensayar conversaciones difíciles y explorar distintas maneras de afrontar un desacuerdo, pero no dispone de toda la información ni de la experiencia humana necesarias para comprender plenamente una relación. Su respuesta debe considerarse una perspectiva provisional, no un diagnóstico ni una sentencia. En un momento en el que los asistentes conversacionales empiezan a ocupar espacios cada vez más personales, el desafío consiste en aprovechar sus posibilidades sin convertirlos en árbitros de nuestras relaciones ni compartir información íntima de forma irresponsable.