Gecker, Jocelyn; Bynum, Russ. “Schools are starting to teach AI literacy. For many, that means helping kids see chatbots’ flaws”. Associated Press, 21 de agosto de 2026. Artículo original en AP News
Las escuelas estadounidenses están pasando progresivamente de intentar prohibir la inteligencia artificial a enseñar a los estudiantes a utilizarla de manera crítica y responsable. El concepto de alfabetización en IA está adquiriendo protagonismo al comienzo del nuevo curso escolar, ante la constatación de que los alumnos ya utilizan herramientas como los chatbots para realizar trabajos académicos, pero en muchos casos lo hacen sin formación específica.
La nueva estrategia consiste en familiarizar a los estudiantes con las posibilidades de la IA, pero también con sus limitaciones, errores, sesgos y riesgos. Una de las demostraciones utilizadas en Charleston (Carolina del Sur) consiste en pedir a un sistema de IA que genere un mapa del mundo: el resultado contiene numerosos países mal escritos o directamente inventados, lo que permite mostrar de forma muy gráfica por qué no se debe confiar ciegamente en las respuestas de un chatbot.
El artículo destaca que la alfabetización en IA no debería reducirse a aprender a utilizar una herramienta o a perfeccionar los prompts. Su objetivo es desarrollar una competencia crítica más amplia, que incluya comprender cómo funciona la IA, reconocer las llamadas alucinaciones —respuestas falsas presentadas con aparente seguridad—, identificar sesgos, proteger los datos personales y verificar las informaciones obtenidas. En Charleston, por ejemplo, la formación destinada a estudiantes plantea situaciones habituales como pedir a un chatbot ayuda para elaborar un trabajo de investigación y muestra cómo puede proporcionar referencias inexistentes o información incorrecta. La recomendación fundamental es comprobar siempre los datos generados por IA, especialmente cuando se utilizan para actividades académicas.
La experiencia de Charleston refleja un movimiento más amplio en Estados Unidos. 37 estados han publicado ya orientaciones oficiales sobre el uso de la IA en educación, aunque existen grandes diferencias entre territorios y distritos escolares. El distrito escolar del condado de Charleston, con unos 50.000 estudiantes, ha desarrollado su propia política después de consultar a profesores, alumnos y familias. El proceso reveló que el uso de IA entre los estudiantes estaba muy extendido, pero carecía de orientación suficiente. Por ello, el distrito ha comenzado una segunda fase centrada en formar tanto a profesores como a estudiantes de secundaria en el funcionamiento, las posibilidades y los riesgos de estas tecnologías.
El caso de Utah aparece como uno de los modelos más avanzados de una estrategia coordinada a escala estatal. En 2024 creó un puesto específico de especialista en educación e IA y, durante el último año, se ha formado a más de 7.000 docentes, aproximadamente un tercio del profesorado público del estado. La formación aborda conceptos como el funcionamiento de los sistemas de IA, los sesgos, las alucinaciones, las cuestiones éticas y la privacidad de los datos. Además, el estado ha negociado acuerdos de privacidad y precios de las herramientas, facilitando el acceso de centros rurales y con menos recursos. Otros estados, como Maine, Virginia Occidental y Georgia, han creado posteriormente puestos similares.
Una de las principales conclusiones del artículo es que la alfabetización en IA no significa enseñar a los alumnos simplemente a utilizar ChatGPT o cualquier otra herramienta generativa, sino enseñarles también cuándo no deben utilizarla. El reto educativo consiste en evitar dos extremos: prohibir una tecnología que los estudiantes ya utilizan habitualmente o permitir que los alumnos deleguen en ella su capacidad de razonamiento. Los educadores entrevistados defienden que el estudiante debe ser capaz de analizar, cuestionar y verificar una respuesta generada por IA en lugar de aceptarla automáticamente. En este sentido, la IA se presenta no solo como una nueva herramienta tecnológica, sino como un desafío para la enseñanza del pensamiento crítico, la autonomía intelectual y la competencia informacional.
El artículo también advierte de una posible brecha educativa en alfabetización en IA. La formación requiere inversiones importantes y los distritos con menos recursos pueden tener mayores dificultades para proporcionar capacitación tanto a profesores como a estudiantes. La experiencia de Utah intenta reducir esta desigualdad mediante formación accesible y centralizada. En última instancia, la cuestión no parece ser si los jóvenes utilizarán inteligencia artificial, sino cómo aprenderán a convivir con ella sin delegar completamente en los algoritmos su capacidad para pensar, investigar y tomar decisiones.