¿Escuchar audiolibros también es leer? Evidencia científica contra el prejuicio

Mineo, Liz. “Audiobooks Don’t Really Count as Reading? Think Again.” Harvard Gazette, 2 de marzo de 2026. Leer artículo

Más del 40 % de los estadounidenses considera que escuchar audiolibros es menos exigente y no equivale a leer. Sin embargo, la neurocientífica cognitiva Nadine Gaab y otros expertos en educación discrepan, señalando que esta creencia es errónea y puede resultar perjudicial para el aprendizaje y el desarrollo.

El artículo aborda un debate muy extendido en la cultura contemporánea: si escuchar audiolibros puede considerarse realmente una forma de lectura. A pesar de que más del 40 % de los estadounidenses cree que no es así, diversos expertos en educación y neurociencia cuestionan este prejuicio y lo consideran incluso perjudicial para el aprendizaje. La investigadora Nadine Gaab sostiene que esta visión es errónea, ya que tanto la lectura tradicional como la escucha activan procesos cognitivos muy similares. Desde esta perspectiva, lo importante no es el formato —visual o auditivo— sino la comprensión del lenguaje y la construcción de significado.

El texto profundiza en la base neurocientífica de esta afirmación, señalando que las redes cerebrales implicadas en la comprensión del lenguaje escrito y oral están profundamente interconectadas. Aunque ciertas áreas específicas del cerebro, como las relacionadas con el reconocimiento visual de palabras, se activan más durante la lectura en papel, la comprensión global del contenido sigue rutas similares en ambos casos. De hecho, en algunos oyentes se produce una visualización mental de las palabras que reactiva zonas asociadas a la lectura. Como resume Gaab, “no hay mucha diferencia entre la red cerebral de la lectura y la de la comprensión del lenguaje” .

Otro punto clave del artículo es la crítica a la teoría de los estilos de aprendizaje, ampliamente difundida pero desacreditada por la investigación científica. Según los expertos citados, no existe evidencia sólida de que las personas aprendan mejor leyendo o escuchando; lo que sí puede variar es la preferencia individual. Esto refuerza la idea de que los audiolibros no son una forma “inferior” de acceder al conocimiento, sino simplemente una modalidad distinta. Además, los audiolibros ofrecen ventajas específicas, como la incorporación de elementos sonoros y expresivos que pueden enriquecer la experiencia narrativa y hacerla más atractiva.

Para finalizar el artículo subraya la importancia de superar el estigma asociado a los audiolibros, especialmente en contextos educativos. Considerarlos una forma válida de “lectura” puede ampliar el acceso al conocimiento, favorecer la inclusión —por ejemplo, en personas con dislexia o dificultades visuales— y fomentar hábitos lectores en una sociedad con múltiples demandas de tiempo y atención. En este sentido, la discusión no debería centrarse en si “cuentan” o no como lectura, sino en cómo contribuyen al aprendizaje, la comprensión y el disfrute de los textos en la era digital.