
Evidence for Democracy. “The Misinformation Challenge: Rebuilding Trust in a Post-Truth World.” Evidence for Democracy (E4D), 19 de enero de 2026.
La investigación aborda la creciente amenaza que representan la desinformación y la información errónea (“misinformation”) para la democracia en Canadá. Partiendo de la evaluación oficial de la Comisionada de Interferencia Extranjera, que identifica la desinformación como el mayor riesgo existencial para la democracia canadiense contemporánea, el informe profundiza en las causas, manifestaciones y efectos de este fenómeno en el contexto político y social del país.
El estudio señala que la desinformación está siendo impulsada por una combinación de factores tecnológicos y sociales: el auge de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, un ecosistema digital poco regulado dominado por grandes plataformas, y agentes hostiles tanto internos como externos que explotan estos espacios para difundir narrativas falsas. Estas dinámicas no solo alimentan la polarización política y socavan la confianza en instituciones públicas, sino que también tienen consecuencias concretas para comunidades vulnerables, incluidas amenazas de violencia, discriminación y exclusión social.
Además, el informe destaca que las respuestas legislativas y políticas del gobierno canadiense han sido fragmentadas y lentas frente al rápido crecimiento de estas nuevas formas de desinformación, con intentos de regulación amplia enfrentando desafíos constitucionales y resistencia política. Frente a este panorama, la investigación propone un enfoque multifacético: medidas regulatorias claras sobre contenido generado por IA, mayor transparencia algorítmica en plataformas digitales, la creación de un organismo federal de supervisión y una inversión sostenida en alfabetización mediática digital para reforzar la resiliencia ciudadana y reconstruir la confianza pública en procesos democráticos e instituciones.
En síntesis, el informe de E4D destaca que la desinformación no es un problema superficial de “noticias falsas”, sino un fenómeno profundo que erosiona la confianza pública, distorsiona el diálogo cívico y pone en riesgo la integridad de la democracia, requiriendo respuestas coordinadas que combinen regulación, educación pública y rendición de cuentas de las plataformas tecnológicas.