
Hausenloy, Jason. 2025. “Will AI Automate Away Your Job?” Commonplace, March 20, 2025. https://commonplace.org/2025/03/20/will-ai-automate-away-your-job/
los trabajos más susceptibles a la automatización son aquellos que consisten en tareas pequeñas y repetitivas, como los de los centros de llamadas o algunos servicios freelance. Aunque muchas veces se piensa que los trabajos de «conocimiento» son inmunes a la automatización, también corren riesgo. Los ingenieros y programadores de Silicon Valley, por ejemplo, crean tareas de codificación estandarizadas que pueden ser replicadas fácilmente por IA. En cambio, roles como el de un CEO, que requieren años de experiencia y contexto, son más difíciles de automatizar debido a la complejidad de sus responsabilidades.
El artículo explora en profundidad el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el futuro del empleo, alejándose de los tópicos más habituales y proponiendo una herramienta conceptual interesante: el modelo del horizonte temporal. Este modelo plantea que la vulnerabilidad de un trabajo ante la automatización no depende tanto del nivel de conocimientos técnicos o del estatus del puesto, sino del marco temporal en el que se desarrollan sus tareas principales. Es decir, cuanto más breves, discretas y estandarizadas sean las tareas, más probable es que una IA pueda realizarlas de manera efectiva. Por el contrario, aquellas actividades que requieren contexto, juicio experiencial o se extienden en el tiempo, resultan más difíciles de replicar mediante sistemas automatizados.
El autor ejemplifica esta lógica comparando dos roles dentro del mismo campo profesional, el de las tecnologías de la información. Por un lado, presenta al especialista en soporte técnico, cuya jornada laboral se compone de tareas cortas, tales como resolver problemas de conectividad, restablecer contraseñas o responder dudas básicas. Son acciones repetitivas y bien documentadas, muchas veces resueltas siguiendo protocolos establecidos. Estas características hacen que este tipo de puesto sea altamente susceptible a la automatización, ya que los sistemas de IA pueden entrenarse con facilidad en este tipo de flujos de trabajo predecibles. Por otro lado, el artículo describe al arquitecto de sistemas, una figura profesional que se dedica a diseñar soluciones tecnológicas complejas, tomando en cuenta las necesidades específicas de distintas áreas de una empresa. Esta persona necesita una visión holística, capacidades interpersonales y un conocimiento profundo del contexto empresarial. Las decisiones que toma no pueden descomponerse fácilmente en tareas simples, lo que las hace mucho más difíciles de automatizar.
Este patrón se repite en muchas otras industrias, desde el periodismo hasta el derecho. Los redactores que simplemente reescriben artículos o producen contenido estandarizado corren más riesgo que quienes investigan en profundidad o desarrollan enfoques únicos. En el ámbito jurídico, los paralegales que redactan contratos estándar también están más expuestos que los abogados que negocian acuerdos complejos o desarrollan estrategias legales. Así, la clave no está necesariamente en qué industria se trabaja, sino en cómo están estructuradas las tareas que se realizan en el día a día. La IA avanza rápidamente en todos los frentes y ya es capaz de desempeñar tareas que requieren razonamiento, empatía e incluso creatividad en algunos casos. Por ello, el modelo del horizonte temporal ofrece un marco útil para reflexionar sobre el futuro del trabajo en la era de la automatización.
Paradójicamente, uno de los grupos profesionales más vulnerables según este análisis son los propios desarrolladores de software y programadores de Silicon Valley, quienes están entrenando a las IA que podrían sustituirlos. Si su trabajo consiste en escribir fragmentos de código modulares, bien estructurados y documentados —algo muy común en entornos colaborativos como GitHub—, entonces están produciendo exactamente el tipo de tareas que la IA puede aprender a ejecutar de forma autónoma. Este fenómeno pone en entredicho la idea, sostenida durante años, de que los “trabajadores del conocimiento” estaban a salvo de la automatización. En realidad, no lo están más que cualquier otro sector: todo depende de la forma y del contenido de sus actividades.
En definitiva, Hausenloy advierte que la inteligencia artificial no solo impactará en los trabajos de baja cualificación o en el sector manufacturero, como tradicionalmente se ha pensado. Más bien, la disrupción alcanzará incluso a profesiones altamente cualificadas si sus tareas pueden descomponerse en unidades de trabajo cortas, rutinarias o estructuradas. Por tanto, la protección ante la automatización no reside tanto en el título profesional como en la complejidad, la diversidad y el horizonte temporal de las responsabilidades laborales. Ante este escenario, la capacidad de adaptación, el aprendizaje continuo y el desarrollo de habilidades menos replicables por la IA serán factores clave para mantener la relevancia laboral en los próximos años.