Mejor juntos: los espacios de colaboración pueden inspirar a científicos de todas las edades

Better together: collaborative spaces can inspire scientists of all ages. Nature, julio 2019

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Un espacio en el que los investigadores puedan reunirse y debatir ideas de manera informal es la mejor manera de producir inventos innovadores”

Ethan N. Gotian.

Soy un estudiante de 16 años que asiste a la escuela secundaria en un suburbio de la ciudad de Nueva York, y he visto por mí mismo cómo la innovación ocurre cuando la gente tiene la oportunidad de colaborar. El año pasado, como resultado directo de las conversaciones con mi profesor de ingeniería y emprendimiento y con mis compañeros de clase, diseñé un dispositivo -cuya patente está pendiente- para mitigar la propagación del SARS-CoV-2 en las manillas de las puertas, así como un sistema de riego que ganó un concurso nacional de ingeniería. Ambos inventos se hicieron realidad porque pude colaborar con compañeros de mi escuela, incluso de manera informal.

La innovación se produce cuando las personas tienen la oportunidad de lanzar ideas juntas. Algunas de las empresas tecnológicas más innovadoras de Estados Unidos, como Google, Kickstarter, Microsoft y muchas de las startups de Silicon Valley, tienen espacios de colaboración: zonas en las que la gente puede sentarse y hacer una lluvia de ideas juntos. La “curva de Allen” -representación gráfica de una teoría desarrollada por el difunto Thomas J. Allen, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge- ilustra cómo el aumento de la distancia física entre los ingenieros disminuye la frecuencia de la comunicación entre ellos. Mi escuela tiene una incubadora de colaboración llamada Inc., una sala en la que los estudiantes y los profesores se detienen durante el almuerzo o los periodos libres para compartir ideas y hacer preguntas. En esta sala, somos libres de ser curiosos, creativos y sin miedo. Este es solo uno de los muchos “makerspaces” -o espacios de trabajo colaborativo- de mi escuela, cuyo objetivo es acercar físicamente a los estudiantes, para desarrollar una comunidad en la que la gente no tenga miedo de probar cosas nuevas o hacer preguntas.

En definitiva, los espacios compartidos proporcionan un entorno fértil para hablar con socios y colegas y encontrar mentores. También fomentan la curiosidad y el ingenio, y proporcionan inspiración, incluso entre personas cuyas áreas de estudio pueden ser diferentes. Si no hubiera podido reflexionar sobre las ideas junto con mis compañeros y mi profesor, nunca habría podido idear mis proyectos. Los makerspaces de mi escuela fomentaron y alentaron estas importantes conversaciones.