Makerspaces: una forma de llevar la cultura de la innovación a las comunidades

Makerspaces – a Less Known Way To Infuse a Culture of Innovation in Communities
The Sciences
, 18/03/2021

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La innovación suele atribuirse a los departamentos de investigación y desarrollo de las empresas, las instituciones académicas y otros laboratorios de investigación del sector privado y público. Pero los makerspaces están cambiando esta noción al facilitar que una comunidad de personas o “makers” innoven fuera de las rígidas estructuras formales de las instituciones científicas y tecnológicas. Estos “makers” están interesados en experimentar y crear cosas nuevas plasmando sus ideas en productos.

Los Makerspaces son talleres comunitarios en los que la gente puede acceder a las máquinas y herramientas necesarias para diseñar o fabricar cosas. Estas herramientas pueden ser tanto máquinas de fabricación de alta tecnología, como impresoras 3D, cortadoras láser y tornos, como herramientas tradicionales, como máquinas de coser, cinceles y martillos asociados a la artesanía de “baja tecnología”.

Los Makerspaces se conocen con diversos términos, como “hackerspaces” y “FabLabs”. La idea de disponer de un espacio físico que facilite el acceso a las herramientas necesarias para el diseño y la innovación surgió del Massachusetts Institute of Technology Centre for Bits and Atoms. Desde entonces, la cultura maker ha sido absorbida por la enseñanza de la ingeniería en los países occidentales para apoyar proyectos curriculares, extracurriculares e independientes de estudiantes, profesores y otras personas del mundo académico.

Un rasgo sorprendente que diferencia las actividades de los makerspaces de otras entidades con ánimo de lucro es su compromiso con la ética del intercambio abierto. Los miembros de los makerspaces comparten de buen grado ideas, diseños y conocimientos técnicos entre ellos, mostrando unas características únicas de camaradería y cooperación, a diferencia de los innovadores que trabajan en empresas de base tecnológica, que suelen recurrir a las patentes para proteger sus diseños de las copias.

En el caso de los makerspaces comunitarios estos se financian con cuotas mensuales, semanales o diarias que pagan los miembros para utilizar los servicios del espacio. Las máquinas de alta tecnología disponibles son caras y a menudo se financian mediante subvenciones, organizaciones benéficas y crowdfunding. Cuando estos espacios dependen de instituciones públicas como bibliotecas su uso es gratuito, si acaso se paga una tasa para cubrir gastos de mantenimiento.

Estos espacios podrían resultar especialmente útiles para quienes necesitan habilidades de pensamiento crítico y aprendizaje práctico en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM). Así pues, en un típico espacio de creación pueden participar aficionados que fabrican cosas para su realización personal, estudiantes que llevan a cabo proyectos educativos, emprendedores en ciernes y agentes de cambio social.