La experiencia de la lectura y la experiencia del deseo

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Anne Carson. Eros: poética del deseo. Madrud: Dioptrías, 2015

“De hecho, ni lector, ni escritor, ni amante alcanzan semejante consumación: las palabras que leemos y las palabras que escribimos nunca dicen exactamente lo que queremos significar; la gente que amamos nunca es justo como la deseamos; los dos “symbola” nunca encajan perfectamente. Eros queda siempre en el medio.”

“Tanto la experiencia del deseo como la experiencia de la lectura tiene algo que enseñarnos acerca de los límites. Hemos puesto nuestro esfuerzo en ver de qué se trata consultando como presentan ellos las literaturas antigua lírica y romántica. Hemos observado como dan forma a los poetas arcaicos a los poetas del amor (como triangulos) Y cómo los novelistas antiguos construyen novelas (como experiencias sostenidas de la paradoja). Vislumbramos una concepción similar, incluso, el número, en quien los fenómenos de leer y escribir brotan dentro de la historia de Belerofonte. Especulamos sobre el propósito de los escritores ¿seducir a los lectores?, Y por último, nos hemos visto obligados a sospechar que lo que el lector desea de la escritura y lo que el amante desea de la muerte son experiencias de concepción muy semejante. Es una concesión necesariamente triangular y encarna el intento de alcanzar lo desconocido.

El deseo de conocimiento es la marca de la bestia: Aristóteles dice ” todos los hombres por naturaleza desean saber “. Cuando percibimos el límite del yo en el momento del deseo, cuando percibimos los límites de las palabras de un momento a otro momento mientras leemos (o escribimos), nos vemos incitados a intentar llegar, más allá de los límites perceptibles, a algo más, algo que nos queda por comprender. ….

Y de ahí los artificios: lo que es erótico en la lectura (o en la escritura) es el juego de la imaginación convocando el nuevo espacio que media entre nosotros y el objeto del conocimiento. Los poetas y los novelistas, como los amantes, lo otorgan vida a ese espacio con sus metáforas y subterfugios. Los límites de espacio son los límites de las cosas que amamos, cuyas desarmonía hacen que la mente se emocione. Y ahí está Eros, realista nervioso en su dominio sentimental, actuando de su amor por la paradoja como así confinarse a los que tomado dentro de un misterio, fuera de la vista, dentro de un punto ciego donde puede suspenderse conocido y desconocido, actual y posible, cerca y lejos deseado y valiéndose de nosotros.”

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