PreTextos : Barro de Medellín

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Goméz Cerda, Alfredo. “Barro de Medellín“. Zaragoza, Edelvives, 2008 (Col. Ala Delta). 

Barrio de Medellín cuenta una historia difícil pero exquisita. Camilo y Andrés son dos niños pobres de 10 años para los que días transcurren vagabundeando por las calles de su barrio en Medellín, para ellos el mejor lugar del mundo. Camilo tiene claro que, cuando sean mayores, dirigirán una banda de ladrones. Pero Andrés no quiere ser ladrón. Eso sí, siempre estarán juntos. Lo que no imaginan es que su entrada fortuita al Parque Biblioteca tal vez cambie sus vidas. Camilo tiene un padre alcohólico que le trae muchos problemas y una madre trabajadora y abnegada que a duras penas logra obtener lo necesario para el sustento de sus hijos. El protagonista cuenta con la incondicional amistad de su vecino Andrés y juntos correrán diversas aventuras. El episodio más interesante lo constituye su incursión en la importante biblioteca pública de la ciudad, a partir de la cual, Camilo descubrirá el fascinante mundo de los libros.

 

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Extractos

 

 

“En el centro de la ciudad hay muchos edificios altos. Desde la terraza del Parque Biblioteca pueden verse. Hacía sólo unos meses que el gigantesco edificio de la biblioteca había sido inaugurado con solemnidad por las autoridades y, desde entonces, en todas partes se hablaba de esa construcción inmensa, que parecía una roca oscura caída directamente del cielo, una roca que se hubiese quedado encajada milagrosamente en la ladera, con parte de su superficie al aire, sobre el vacío. Los más agoreros afirmaban que en cualquier momento la mole echaría a rodar ladera abajo, llevándose consigo todo lo que encontrase a su paso. Lo cierto es que el Barrio de Santo Domingo Savio parecía otro desde que habían construido ese edificio para la biblioteca. Sólo cuando se aproximaban al Parque Biblioteca España cambiaban de rumbo, y todo porque Camilo no quería acercarse de ningún modo allí. Lo cierto es que el Barrio de Santo Domingo Savio parecía otro desde que habían construido ese edificio para la biblioteca”

 

En este extracto se refleja el ambiente de la biblioteca, sobre todo los niños disfrutando de la biblioteca, haciendo sus trabajos o divirtiéndose.

“Los muebles estanterías formaban un inmenso cuadro en medio de la inmensa sala, y dentro de este espacio estaban colocadas las mesas y las sillas. Multitud de niños se movían incesantemente entre los estantes, tomando y dejando libros. Algunos parecían estar haciendo un trabajo y se afanaban  en escribir en sus cuadernos. Los más pequeños prescindían de las sillas y se tiraban al suelo con un libro de imágenes en las manos.

 

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Mar es la bibliotecaria, una chica simpática, guapa y amable que invita a los chicos de estos barrios marginales a visitar la biblioteca con la mejor de sus sonrisas en los labios.

ªMar, en cuanto los vio, se levantó y dejó las tareas que estaba haciendo. Rodeó su mesa y salió a recibirlos. Como de costumbre, una sonrisa, remachada con brackets adornaba su rostro. —-Adelante —les dijo, invitandolos a entrar con un gesto de sus brazos—-. ¿Habéis traído hoy las fotografías?

—No. —Ya sabeis: con ellas os haré el carné para que podais sacar libros. ¿No os gustaría?

—Sí.

Se agachó ligeramente para mirar de cerca el ojo de Camilo, incluso lo agarró por la barbilla para moverle un poco la cara hacia la luz. El niño sintió el contacto de su mano cálida. Tenía una piel muy suave, lo que le hizo pensar que también ella metía las manos de vez en cuando en el barro de Medellín.

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“La mujer joven les invitó a entrar con un movimiento de sus manos, Camilo la observó un instante, curioso, era morena, con el pelo largo y un poco enmarañado, de ojos marrones como la miel y el otoño. Sus labios sonrosados, casi siempre sonrientes, dejaban al descubierto unos dientes muy blancos a los que unos brackerts habían hecho prisioneros, les pareció linda, muy linda.”

“Se dirigieron a la salida, pero antes de llegar a ella Camilo cambió de dirección y se acercó a una de las estanterías. Se detuvo ante ella y empezó a pasar la mano sobre el lomo de los libros. Andrés lo siguió y no dejaba de sorprenderse por la actitud del amigo”

“Decidieron no ir a la biblioteca hasta después de almorzar, aunque llegaron mucho antes que el día anterior. El  ambiente de la sala de lectura era más tranquilo, pues la mayoría de los niños aún no habían salido de la escuela. Eso les hizo retraerse un poco y estuvieron a punto de dar marcha atrás y regresar más tarde. Pero Mar (la bibliotecaria) ya los había visto y, a pesar de la distancia, les había dedicado una sonrisa de bienvenida. Por eso, aunque un poco titubeantes se acercaron a la entrada”

 

Los niños empiezan a acudir a la biblioteca para robar libros  y así resolver algunos de los problemas del día a día. Camilo tienen un padre alcohólico y si no le lleva dinero lo maltrata.Para que el detector no se accioné arrancan los tejuelos, algo muy común, que todos hemos padecido, aunque la alarma precisamente no está en el tejuelo.

 

“Camilo observó detenidamente el libro. No lo había elegido al azar, sino que había tenido cuidado en agarrar uno bien encuadernado, con cubierta rígida y tan nuevo que parecía recién comprado. Lo abrió y lo estuvo hojeando un rato. Muchas paginas llevaban ilustraciones a todo color, y este detalle le gustó mucho, pues pensó que así el libro tendría más valor….

Con cuidado, quitó el tejuelo que le habían colocado en la biblioteca. Como las pastas estaban plastificadas le resultó muy sencillo.”

Cuando van a salir por la puerta con el libro sustraído, Mar la bibliotecaria apaga la alarma. Considera que por lo menos roban libros, y que eso hará que en algún momento el libro des sea de utilidad. Pero un día Mar, siempre amable y sonriente les sorprende llevándose uno de los libros, y lo que hace es desactivar la alarma, decirle a Camilo y a Andrés que ese libro es aburrido, siempre sin perder la amabilidad y la sonrise, y les dice que mejor se lleven otro libro que seguro que les gustará mucho más..

… Expulsaron de golpe todo el aire que sus pulmones habían contenido. Estaban a salvo. Pero en ese momento escucharon la voz de Mar.

——¿Ya os vais? —les pregunto”.

Los dos se volvieron muy despacio. Se había levantado y los miraba con su sonrisa de siempre, metalica y brillante. Se había colocado justo al lado del detector.

—¿Tenéis cosas que hacer? —Volvió a preguntarles. ——Sí —respondió Andrés.

Entonces Mar señaló con su dedo índice a Camilo y le hizo señas para que se acercase. El niño la obedeció titubeante. Ella miró a un lado y a otro, y cuando se cercioró de que nadie los observaba, metió su mano por debajo de la camisa de Camilo y sacó el libro. Andrés se acercó al amigo y se colocó hombro con hombro. No pensaba dejarlo solo nunca, y menos en situaciones como aquélla. Si a Camilo lo metían en la cárcel, se resignaría e iría con el. Mar contempló el libro y frunció la cara, haciendo un gesto de desagrado. —Es muy aburrido —dijo.

Dejó el libro sobre el montón y buscó otro. Le echó un Vistazo y afirmó con la cabeza un par de veces, en señal de aprobación.
Luego, volvió a mirar a su alrededor y: por último, levantó la camisa a Camilo y le ocultó el libro bajo los faldones.

—Éste te gustara mucho mas.

Camilo se sentía incapaz de articular una sola palabra. Tenía la sensación de que habia perdido el habla y no la recuperaria jamas.
Miraba fijamente a Mar, atrapado por sus ojos de miel oscura, y permanecía inmóvil, como una estatua.

Fue Andrés quien reaccionó. Señaló el aparato metalico y preguntó:
—¿Eso es el detector?
—Sí —respondió Mar.
—¿Y por qué no ha sonado el timbre ni se ha encendido la luz roja?
——Soy la dueña del detector —respondió Mar—. Sólo funciona cuando yo quiero, Mar les guiñó un ojo con dificultad, pues nunca había aprendido a guiñar un ojo, y volvió a su mesa. En unos segundos estaba de nuevo enfrascada con el ordenador.

Camilo y Andres recuperaron las fuerzas suficientes para reanudar la marcha y salir”

En el final de la novela Camilo y Andrés se sienten atraídos por la biblioteca y la lectura, todo gracias a la generosidad y amabilidad de Mar, la bibliotecaria.

“Cuando se desató la tormenta había leído al menos diez páginas. No podía levantar la vista del libro. Aquel niño le había atrapado por completo. Ya no estaba dispuesto a abandonarlo hasta el final. Quería saberlo todo de él. Todo. Pero se fue la luz y el barrio entero se quedó a oscuras. Camilo levantó la cabeza. Los relámpagos se sucedían sin interrupción y el cielo se llenaba de culebrillas refulgentes. Los truenos se encadenaban produciendo un estruendo espeluznante. Sintió un escalofrío y apretó el libro abierto contra su pecho. De pronto, algo le sobresaltó. Alguien había entrado a toda velocidad en el refugio y había caído de golpe sobre él. Los dos rodaron por el suelo. Estaba tan oscuro que no podía ver nada. Soy yo —dijo Andrés – Te he traído un poco de comida… Volvió la luz. Andrés descubrió que Camilo estaba abrazado al libro.

– Lo estás leyendo – Si, – ¿Y te gusta? -Si. – me lo dejarás leer a mi. Si. Cuando termine

“Pasearon como de costumbre pero, en contra de lo que hacían en otras ocasiones, sus pasos no se distanciaron mucho de la zona donde estaba enclavado el edificio Parque Biblioteca, y en casi ningún momento lo perdieron de vista. Tenían la sensación de que aquel gigante ceniciento y rugoso ejercía sobre  ellos el efecto de un poderoso imán, y aunque lo intentaban no se libraban de su campo magnético”

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