
Hedfeld, Patrick. “AI as a socio-technical actor: rethinking definitions for ethics and governance.” Springer Nature – AI and Ethics, vol. 6, artículo 254, 2026. Publicado el 14 de abril de 2026. DOI: 10.1007/s43681-026-01123-1
El artículo de Patrick Hedfeld plantea una revisión profunda de la manera en que actualmente entendemos y definimos la inteligencia artificial, argumentando que las definiciones dominantes resultan insuficientes para afrontar adecuadamente los desafíos éticos y regulatorios que surgen con su expansión.
Tradicionalmente, explica el autor, la inteligencia artificial ha sido entendida desde dos perspectivas principales: una definición técnica centrada en algoritmos, capacidades computacionales y rendimiento en tareas específicas, y una definición orientada a la gobernanza, enfocada en clasificar riesgos, regular usos y establecer marcos jurídicos. Aunque ambas aproximaciones son necesarias, Hedfeld sostiene que dejan fuera un elemento crucial: el contexto social e institucional dentro del cual la IA opera y produce efectos concretos.
La tesis central del trabajo propone considerar la inteligencia artificial no simplemente como una herramienta tecnológica, sino como un actor sociotécnico, es decir, como un sistema que participa activamente en redes complejas de interacción humana, institucional y tecnológica. El autor aclara que esto no significa atribuir conciencia, autonomía moral o personalidad a la IA, sino reconocer que estos sistemas median decisiones humanas, condicionan comportamientos, reorganizan prácticas institucionales y alteran relaciones sociales. Desde esta perspectiva, la IA deja de ser un objeto neutral utilizado por personas y pasa a entenderse como una entidad con capacidad de influir estructuralmente en procesos colectivos.
Uno de los aportes más relevantes del artículo consiste en señalar que las definiciones puramente funcionales de inteligencia artificial no permiten comprender adecuadamente fenómenos éticamente problemáticos que están emergiendo con rapidez. Entre ellos se encuentran la responsabilidad distribuida —cuando no resulta claro quién responde por una decisión tomada con asistencia algorítmica—, la discriminación estructural derivada de sesgos incorporados en los sistemas de entrenamiento, la dependencia epistémica que generan herramientas automatizadas en investigadores o profesionales, y la transformación silenciosa de instituciones que comienzan a reorganizar su funcionamiento en torno a decisiones automatizadas. Según Hedfeld, estos problemas no pueden analizarse correctamente si la IA se sigue entendiendo únicamente como software o infraestructura técnica.
El autor se apoya en campos interdisciplinarios como los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (STS), la filosofía de la tecnología y la ética aplicada a la inteligencia artificial para construir su propuesta conceptual. Desde este marco teórico sostiene que la IA actúa como mediadora de acciones humanas: estructura opciones disponibles, dirige la atención hacia determinados resultados, establece patrones de interacción y modifica procedimientos institucionales mediante una interacción constante entre humanos y sistemas automatizados. En consecuencia, afirma que las discusiones sobre regulación no deberían centrarse únicamente en evaluar si un sistema funciona correctamente o si presenta riesgos inmediatos, sino también en analizar cómo transforma estructuras sociales más amplias.
En términos de gobernanza, el artículo concluye que adoptar una definición sociotécnica de inteligencia artificial permitiría desarrollar modelos regulatorios más sólidos y sensibles al contexto real de uso. En lugar de limitarse a clasificar sistemas por niveles abstractos de riesgo, los marcos regulatorios deberían incorporar análisis institucionales, mecanismos de responsabilidad compartida y evaluaciones continuas sobre impactos sociales de largo plazo. Hedfeld sostiene que esta perspectiva ofrece una base más adecuada para construir políticas públicas, mecanismos de rendición de cuentas y evaluaciones éticas capaces de responder a la complejidad real de la inteligencia artificial contemporánea.
En conjunto, el trabajo representa una contribución importante dentro del debate contemporáneo sobre ética de la inteligencia artificial, al desplazar la conversación desde una visión puramente tecnológica hacia una comprensión más amplia en la que la IA aparece integrada en sistemas sociales complejos. La investigación sugiere que definir correctamente qué entendemos por inteligencia artificial no es una cuestión meramente académica o semántica, sino una decisión fundamental que determina cómo distribuimos responsabilidades, cómo regulamos tecnologías emergentes y qué tipo de relación queremos establecer entre innovación tecnológica y valores democráticos en el futuro.