
Huamani, Kaitlyn. “Trump’s Use of AI Images Sparks Alarm and Misinformation Fears.” The Independent, 27 de enero de 2026.
Donald Trump ha incorporado imágenes generadas o manipuladas con inteligencia artificial dentro de su estrategia comunicativa, incluso desde canales oficiales vinculados a la Casa Blanca. No se trata únicamente de montajes humorísticos o memes aislados, sino de piezas visuales difundidas en espacios institucionales que tradicionalmente se asociaban con información verificable. Este desplazamiento desde lo informal hacia lo oficial es uno de los elementos que más inquietud genera entre analistas y especialistas en desinformación.
Uno de los casos señalados en el reportaje es la publicación de imágenes alteradas que exageran rasgos emocionales o escenifican situaciones con una clara intencionalidad política. Aunque estas piezas puedan presentarse como sátira o ironía, los expertos advierten que su circulación desde cuentas oficiales les otorga una legitimidad que difumina la frontera entre propaganda, entretenimiento y comunicación gubernamental. El problema no radica solo en la manipulación visual, sino en el contexto institucional que amplifica su impacto.
Un pasaje destacado del artículo se refiere a un caso en el que la cuenta oficial de la Casa Blanca en X (antes Twitter) publicó una fotografía digitalmente alterada de la abogada de derechos civiles Nekima Levy Armstrong en la que aparecía aparentemente llorando tras un arresto. La imagen original había sido compartida por una secretaria de Seguridad Nacional, pero la versión difundida por el canal oficial fue retocada para acentuar las lágrimas, lo que provocó críticas de que se estaba utilizando la IA para manipular la percepción pública de eventos reales. Críticos como académicos en estudios de información sostienen que etiquetar estas publicaciones como “memes” puede ser una táctica para minimizar la crítica, aunque su difusión desde canales oficiales les confiere una legitimidad peligrosa.
El artículo subraya que este fenómeno contribuye a una erosión progresiva de la confianza pública. Cuando los ciudadanos perciben que incluso las fuentes oficiales emplean imágenes artificiales o engañosas, se debilita la idea de que existe un terreno común de hechos verificables. Investigadores en comunicación política señalan que la repetición de estos recursos puede normalizar la duda permanente: si todo puede estar manipulado, nada resulta plenamente creíble.
Además, el reportaje conecta esta práctica con un entorno digital más amplio en el que la inteligencia artificial facilita la producción masiva de contenidos visuales difíciles de distinguir de fotografías auténticas. En este contexto, el uso estratégico de imágenes generadas por IA no solo influye en campañas electorales o debates puntuales, sino que alimenta una cultura política donde la emoción y la viralidad pesan más que la precisión factual.
En definitiva, el texto plantea que el verdadero riesgo no es únicamente la existencia de imágenes falsas, sino la institucionalización de su uso. Cuando la comunicación oficial adopta recursos propios de la cultura meme y la manipulación digital, se intensifica la crisis de confianza en las instituciones democráticas y en los medios de comunicación, reforzando un clima de polarización y escepticismo estructural.