Acelerar la adopción de IA en Europa

McKinsey & Company, Accelerating Europe’s AI adoption: The role of sovereign AI (19 de diciembre de 2025), McKinsey Insights.

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El informe de McKinsey sobre la adopción de inteligencia artificial en Europa parte de una constatación central: la IA representa una oportunidad única para revitalizar la productividad y el crecimiento económico de la región, que ha sufrido un estancamiento en los últimos años en comparación con potencias como Estados Unidos y China. Europa enfrenta un crecimiento débil de la productividad laboral —factor clave del PIB per cápita y de los estándares de vida— en parte debido a una adopción más lenta de innovaciones tecnológicas, incluida la IA. La organización argumenta que la adopción acelerada de la IA puede reconfigurar la trayectoria económica europea, siempre que se combinen esfuerzos públicos y privados con urgencia, escala y coordinación estratégica para superar barreras actuales como la falta de confianza, los riesgos de seguridad y la dependencia de proveedores extranjeros.

Un concepto clave que McKinsey desarrolla es el de “IA soberana”, entendido como la capacidad de una región o país para desarrollar y controlar tecnologías de IA críticas, con independencia operacional y técnica dentro de sus propios contextos económicos y sociales. Esta soberanía tecnológica no significa aislamiento, sino la creación de un ecosistema de IA europeo que pueda competir en las capas más valiosas del stack tecnológico —aplicaciones, modelos y herramientas— donde reside la mayor parte del valor económico y productivo. Mejorar estas capacidades ayudaría a Europa a aplicar IA de forma más profunda y segura en sectores estratégicos como salud, manufactura, energía y administración pública, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de plataformas no europeas.

Para desbloquear este potencial, el informe subraya la necesidad de concentrar inversiones y esfuerzos en áreas específicas donde Europa ya posee fortalezas —por ejemplo, investigación avanzada, calidad de datos y experiencia sectorial— y que pueden generar productos escalables de IA con impacto económico directo. McKinsey destaca que las aplicaciones que mejor aprovechan datos industriales y especializados —como mantenimiento predictivo en fábricas o diagnóstico médico asistido por IA— pueden aumentar la productividad y ofrecer ventajas competitivas claras. Al mismo tiempo, se reconoce que Europa todavía depende en gran medida de proveedores extranjeros en capas como centros de datos y hardware, lo que refuerza la urgencia de construir una infraestructura de IA más fuerte y localizada.

Además, McKinsey analiza diferentes escenarios para medir el impacto económico de adoptar una IA soberana entre 2025 y 2030, señalando que un enfoque estratégico podría generar hasta 480 000 millones de € anuales en valor económico para Europa —incluyendo beneficios por productividad y por retención de valor creado por empresas europeas del ecosistema de IA— frente a escenarios de crecimiento externo o de oportunidad perdida. Ello requiere que tanto el sector privado como los gobiernos establezcan políticas e inversiones claras —como fondos soberanos de IA, mercados únicos de servicios de IA, infraestructura energética y estrategias conjuntas de talento— para transformar el potencial de la IA en desarrollo sostenible, independencia tecnológica y ventaja competitiva global.

En síntesis, el artículo propone que Europa se encuentra en un momento decisivo: puede aprovechar sus fortalezas históricas en innovación, estándares éticos y sectores industriales robustos para liderar un “AI-first” económico y social, si logra combinar soberanía tecnológica con apertura estratégica y cooperación transfronteriza. Esta doble apuesta —por la independencia en tecnología crítica y por la integración con mercados globales— es vista como la ruta más factible para asegurar el crecimiento económico, la competitividad a largo plazo y la resiliencia frente a riesgos externos en la era de la inteligencia artificial.