Cuando se ataca a las instituciones culturales

Litvinov, Y. V., & Margolin, T. (2025, 2 de diciembre). When Cultural Institutions Are Targeted: Global Lessons for Resilience. American Alliance of Museums. Recuperado de https://www.aam-us.org/2025/12/02/when-cultural-institutions-are-targeted-global-lessons-for-resilience/

Cuando las instituciones culturales pueden verse amenazadas no solo por desastres naturales o daños colaterales, sino también por ataques deliberados cuando su trabajo entra en conflicto con intereses políticos dominantes o narrativas oficiales. El texto parte de la observación de que lo que ocurre en distintas partes del mundo ya ofrece señales de los retos que pueden enfrentar museos, archivos, bibliotecas y otras organizaciones culturales incluso en contextos que no se perciben tradicionalmente como de crisis.

Un ejemplo central en el artículo es el de Memorial, una organización rusa dedicada a preservar la memoria histórica de las víctimas del sistema de gulags y otras represiones políticas del siglo XX. A pesar de su trayectoria respetada y de su valiosa labor archivística, Memorial fue objeto de campañas de estigmatización y presión por parte del gobierno ruso, que buscaba reescribir versiones oficiales de la historia para justificar agendas políticas contemporáneas. Eventualmente, la organización fue catalogada como “agente extranjero”, sometida a auditorías, multas, represión judicial y finalmente disuelta por decisión del Tribunal Supremo de Rusia en 2022. Este caso muestra cómo una institución cultural puede perder su estatus de entidad respetada y convertirse en objetivo cuando su trabajo desafía narrativas de poder.

Aunque Estados Unidos no es Rusia, la transformación del estatus del Memorial, de una institución venerada a un paria en cuestión de pocos años, resulta instructiva. Los autoritarios sienten aversión a cualquier narrativa que se desvíe de la suya, y las instituciones históricas y culturales deberían estar alerta. Una vez que estas organizaciones comiencen a ser presionadas, se esperará que cumplan, preferiblemente con antelación, con la narrativa estatal dominante. A menos de un año del inicio de esta administración, ya existen claros indicios de politización de las instituciones culturales nacionales: desde la toma de control de la junta directiva y la dirección del Centro Kennedy hasta informes de presiones sobre el Smithsonian para que alinee sus exhibiciones y su liderazgo con las narrativas aprobadas por el gobierno. Se espera que el resto del sector cultural en general las vea como advertencias, no muy sutiles, de lo que les sucederá si no cumplen (y esa resistencia es inútil).

Los autores extraen de este y otros ejemplos internacionales varias lecciones estratégicas para fortalecer la resiliencia de las instituciones culturales. En primer lugar, enfatizan que no es suficiente proteger físicamente los bienes culturales; también es crucial proteger la integridad narrativa, la independencia institucional y la libertad de pensamiento. Esto implica, entre otras cosas, realizar evaluaciones periódicas de vulnerabilidad, asegurar la fortaleza legal y financiera de la organización, y planificar cómo resistir presiones normativas o políticas que puedan socavar su misión.

Además, el artículo subraya la importancia de la solidaridad y las redes de apoyo internacionales. Las instituciones que enfrentan amenazas pueden beneficiarse enormemente de alianzas con organizaciones pares en otros países, lo cual no solo amplía la visibilidad de su situación, sino que también crea canales de asistencia, respaldo legal y recursos compartidos. Este enfoque colaborativo es clave para contrarrestar intentos de aislamiento o silenciamiento institucional.

Finalmente, aunque el contexto principal del artículo es la amenaza política y autoritaria contra las instituciones culturales, también se puede conectar con tendencias más amplias reconocidas por organizaciones como la UNESCO, que señala que la cultura y el patrimonio están en el frente de los conflictos y son especialmente vulnerables, pero que al mismo tiempo son motores de recuperación y paz si son protegidos y valorados por la comunidad internacional.