
Smith, Carrie. 2025. “Jam Forever: Creating Tabletop Role‑Playing Games in the Library.” American Libraries Magazine, November 3, 2025 https://americanlibrariesmagazine.org/2025/11/03/jam-forever/
Para organizar un game jam, ¿qué se necesita realmente? “Dos mesas. Y ya está”, tal como señala Danielle Costello, bibliotecaria de apoyo al éxito estudiantil en las Bibliotecas de la Universidad de Georgia, en Athens.
Aunque los game jams —encuentros de creación acelerada de juegos— nacieron en el ámbito del desarrollo de videojuegos, hoy son también una herramienta ideal para diseñar juegos de rol de mesa (tabletop role-playing games, TTRPG). Los TTRPG más conocidos, como Dungeons & Dragons, Pathfinder o La llamada de Cthulhu, suelen venir acompañados de voluminosos manuales de reglas y precios elevados. Sin embargo, existe un universo paralelo de juegos independientes, con sistemas sencillos, accesibles y fácilmente compartibles. En la sesión presidencial del Games and Gaming Round Table (GameRT), titulada “Crear juegos de rol en la biblioteca”, celebrada durante la Conferencia Anual de la ALA 2023 en Chicago, varias personas expertas compartieron estrategias para que las bibliotecas organicen game jams que permitan a estudiantes y público de todas las edades crear sus propios juegos.
En los últimos años, los TTRPG han ganado popularidad gracias a su creciente presencia en redes sociales y plataformas de streaming. Pero ese no es el único motivo del auge. La narración colaborativa otorga a los jugadores un sentido de agencia y control sobre el mundo del juego, “algo que muchos de nuestros usuarios necesitan especialmente en este momento”, señaló Costello.
¿Por qué diseñar juegos en lugar de limitarnos a jugarlos? Porque los game jams democratizan el proceso de creación y lo vuelven accesible, explicó Costello, quien añadió que “el propio acto de crear es un proceso maravilloso para que los usuarios se involucren”. Además, organizar un game jam es barato o incluso gratuito, y puede favorecer la alfabetización, la construcción de comunidad y el establecimiento de alianzas.
No hace falta ser diseñador profesional para organizar uno en la biblioteca, recuerda Rebecca Strang, bibliotecaria de divulgación y participación en la Biblioteca Oesterle del North Central College, en Naperville (Illinois). Se pueden buscar alianzas con desarrolladores locales, tiendas de juegos e incluso con el makerspace de la propia biblioteca. Y no se trata de actividades solo para adultos: Strang contó que ha dirigido game jams incluso para alumnado de tercer grado.
Muchos TTRPG tienen documentos de referencia del sistema (SRD) que permiten a los creadores desarrollar módulos o ampliaciones. También se pueden organizar sesiones de creación libre o con estructuras muy abiertas. Strang señaló que los “business card game jams”, donde se diseña un juego cuyas reglas caben en una tarjeta de visita, “son de mis favoritos”.
“Como herramienta académica, los juegos son una hermosa confluencia de ideas tomadas de libros, películas y otros juegos”, apuntó Russell Brandon, especialista en atención al público en la biblioteca de Pasco (Mid-Columbia Libraries, Washington). Para él, es esencial que los creadores acrediten sus fuentes e influencias, no solo por motivos legales o de derechos de autor: compartirlas “permite que quienes jueguen tus creaciones accedan al mismo marco mental en el que estabas cuando diseñabas, y eso genera una experiencia mucho más auténtica”.
Costello añadió que reinventar los TTRPG no debe limitarse al género fantástico: explorar la historia, la cultura popular o ideas contemporáneas resulta muy estimulante. “Estás jugando contra las barreras que intentan definir qué es —o no es— un juego”, afirmó. Muchas personas asumen que los TTRPG son solo fantasía o juegos bélicos, y “superar esa percepción puede ser complicado”.
Además, la creatividad no termina cuando acaba el game jam. Los juegos creados por usuarios y estudiantes pueden vincularse a múltiples funciones bibliotecarias: publicación, archivo, preservación o catalogación, explicó Brandon. Incluso pueden incorporarse al catálogo y ponerse en circulación. Y, por supuesto, siempre queda seguir creando: “Hay que jammear siempre. Jam para siempre”.