
«Sí, siento nostalgia cuando me recuerdo hurgando aquellos viejos estantes como quien busca un exótico tesoro. Aquella necesidad, casi física, por acariciar los lomos de los libros, por oler sus páginas impresas; como si en ese acto estuviese implícito un primer acercamiento, un olfato, como aquel con que los hombres de campo valuaban sus caballos. Y luego, la urgencia por hallarnos a solas con el libro, en silencio frente a la página, inermes ante una obra que podía modificar sustancialmente el curso de nuestra vida. Todo aquello formaba parte de un rito que se ha vuelto inusual en nuestro tiempo.»
ERNESTO SABATO
España en los diarios de mi vejez (2004)