
«Nada me apetecía más que quedarme allí, en aquel rincón seguro y feliz, rodeado de árboles y de libros, sumergido en la calma que me infundía la luz dorada de aquel cuarto de lectura… En el silencio de aquel cuarto empecé a sentir que mis palabras ya no eran mías, que hablaban por sí solas y que yo era apenas el instrumento que las hacía sonar en el aire.»
Antonio Muñoz Molina «El jinete polaco»