El libro electrónico y el libro tradicional El futuro, tal y como lo predijo Marshall McLuhan, no se ha hecho realidad.

Robert Darnton
Las razones del libro.
Futuro, presente y pasado

Ver en Trama Editorial

El futuro, tal y como lo predijo Marshall McLuhan, no se ha hecho realidad. Internet sí es una realidad, como lo es la inmersión global en televisión, y por supuesto también que los medios y los mensajes que lanzan estén por todas partes. Pero la era electrónica no ha provocado la extinción de la palabra impresa, tal como McLuhan profetizó en 1962. Su visión de un nuevo universo mental sostenido por una tecnología “post-impresión” parece ahora superada. Si durante décadas del siglo XX la visión de Luhan alimentó la imaginación, hoy ya no sirve como referencia. La “galaxia Gutenberg” aún existe y “el hombre tipográfico” aún está intentando comprender su papel en ella.

Consideremos lo que es un libro. Un libro tiene un poder de permanencia extraordinario. Desde la invención del códice, en torno a la era cristiana, el libro ha demostrado ser un instrumento maravilloso: es fantástico para guardar información, cómodo de hojear, confortable para acurrucarse junto a él, se almacena muy bien y es increíblemente resistente. No necesita ser actualizado ni bajado de la Red, no hay que arrancarlo ni inicializarlo, no hay que enchufarlo a ningún circuito o sacarlo de páginas web. Su diseño es un placer a la vista. Su formato consigue que sea agradable tenerlo en las manos. Además, gracias a su fácil manejo, durante miles de años fue la herramienta básica del aprendizaje, aún en los tiempos en los que para leer un libro era necesario desenrrollarlo…

¿Entonces, por qué seguimos escuchando profecías que predicen la muerte del libro? No porque McLuhan tuviera razón, sino porque la tipografía móvil no ha sido capaz de evolucionar lo suficientemente rápido para adaptarse a una realidad cambiante. La mayor parte de los libros electrónicos descargan textos de librerías on-line, las almacenan, y después las proyectan sobre una pantalla página por página… La Biblioteca Pública de Nueva York facilita tanta información electrónica a lectores repartidos por todo el mundo, que ya en 1999, según datos de la propia biblioteca, registraba cada mes en su sistema informatizado diez millones de consultas electrónicas frente a los 50.000 libros consultados en la sala de lectura. Según parece, todo se está digitalizando y cada digitalización conecta mediante un hipervínculo con todas las demás. Si el futuro nos traerá una prensa sin noticias, revistas sin páginas y bibliotecas sin paredes, ¿qué será del libro tradicional? ¿Será barrido por la edición electrónica?

Llevamos escuchando esta profecía insistentemente desde que se diseñó el primer libro electrónico en 1945, un aparato ruidoso y monstruoso llamado Memex. Tantas veces se ha proclamado la muerte del libro convencional, que muchos de nosotros ya no nos tomamos en serio la amenaza de que algún día las estanterías quedarán vacías. Ahora que tienen los ordenadores, los estadounidenses producen y consumen más papel impreso que nunca. Incluso el presidente de Microsoft, Bill Gates, confesó en un discurso reciente que para una lectura extensa prefiere el papel impreso a la pantalla del ordenador:

“Leer en una pantalla sigue siendo muy inferior a leer en papel. Incluso yo que poseo estas pantallas caras y que presumo de ser un pionero de este estilo “web” de vida, imprimo todo lo que excede de cuatro o cinco páginas y me gusta llevarlo conmigo y escribir anotaciones. La tecnología está aún muy lejos de poder ofrecer esa facilidad de manejo”.

En pocas palabras, el antiguo códice impreso sobre hojas de papel dobladas y conjuntadas, no está a punto de desaparecer en el ciberespacio.

¿Entonces, porqué esa fascinación persistente por la edición electrónica? Parece que ha pasado por tres etapas: una fase inicial el entusiasmo utópico, un periodo de desencanto y una nueva tendencia al pragmatismo. Al principio pensábamos que podíamos crear un espacio electrónico, meterlo todo dentro de él y dejar que los lectores crearan su propio orden. Después aprendimos que nadie estaría dispuesto a leer un libro en una pantalla de ordenador ni a batirse con montañas de papeles sacados por la impresora. Ahora nos enfrentamos a la posibilidad de complementar el libro convencional con publicaciones electrónicas específicamente diseñadas para determinados fines y determinados públicos.

En lugar de inflar el libro, creo que es posible estructurarlo en capas organizadas de forma piramidal. La capa superior podrá ofrecer una versión concisa del tema tratado, versión que quizá podría ofrecerse también en papel. La siguiente capa podrá contener versiones más extensas de diversos aspectos del tema… La tercera capa podría estar compuesta de diferentes tipos de documentación… Una cuarta capa podría ser de carácter teórico o historiográfico… La quinta capa contendría comentarios y cartas de lectores, así como la documentación sobre los intercambios mantenidos entre el autor y el editor, lo que conformaría un conjunto de comentarios que iría creciendo según el libro fuera abriéndose camino entre diferentes colectivos de lectores.

Este nuevo tipo de libro tendría como consecuencia la creación de un nuevo tipo de lectura. Algunos lectores se darían por satisfechos con una lectura rápida de la narrativa superior. Otros querrían leer el libro verticalmente, profundizando más y más en determinados temas a través de la lectura de los ensayos y la documentación de soporte. Otros, finalmente, navegarían en direcciones no esperadas, buscando conexiones que se ajustaran a sus intereses específicos o recolocando el material de acuerdo a sus preferencias personales. Los textos apropiados a cada caso podrían ser impresos y encuadernados según las especificaciones del lector. La pantalla del ordenador se usaría para seleccionar y buscar, mientras que una lectura concentrada y extendida tendría lugar mediante el códice convencional…

El mundo del aprendizaje y el conocimiento está cambiando tan rápido que nadie puede predecir cómo será dentro de diez años. Pero yo opino que seguirá estando dentro de la Galaxia de Gutenberg, si bien la galaxia se habrá expandido gracias a una nueva fuente de energía, el libro electrónico, que actuará como suplemento, que no como sustitutivo, de la gran máquina que Gutenberg inventó.

Robert DARNTON.
Las razones del libro: futuro, presente y pasado.

Trama editorial

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3 pensamientos en “El libro electrónico y el libro tradicional El futuro, tal y como lo predijo Marshall McLuhan, no se ha hecho realidad.

  1. mario

    Excelente artículo que expresa la verdad sobre los libros impresos. Nunca desaparecerá por todas las comodidades que se dan en el momento de la lectura en relación a las electrónicas.
    Yo también prefiero un libro impreso.

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  2. Rosa Bravo Muñoz

    Exactamente comparto con el artículo q los libros impresos no dejaran de existir, coexistiran con el electrónico..excelente y valioso articulo digno de compartir ..

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