La mujer de papel. PreTextos

 

9788426420725

Alameddine, Rabih. “La mujer de papel”. Lumen 2012

La historia de una mujer que vive por y para la buena literatura en el convulso Beirut de estos últimos años. Somos lo que leemos, dijo un sabio, y Aaliya es eso: un ser adorable, hecho de papel y sin embargo vivo, con un sentido del humor muy peculiar, que se resguarda de todo y de todos a la sombra de una vieja chaqueta de lana y de la buena literatura, buscando en los libros el amor que su familia no supo darle. Una mañana de diciembre Aaliyah Sobhi de 72 años y residente en Beirut lee incorrectamente la etiqueta del champú y se tiñe el pelo de azul. El incidente lleva a Aaliya a rememorar su pasado y reflexionar sobre el presente. Así empieza la novela del libanés Rabih Alameddine, en la cual el autor hilvana la historia de una vida en Beirut, una ciudad donde se vive a pesar de la guerra o la paz.  Y nos obsequia con una lectura a la que denominar exquisita es quedarse muy corto.

“Hace ya mucho que me abandoné a una lujuria ciega por la palabra escrita. La literatura es mi caja de arena. En ella juego, construyo mis fuertes y castillos, me lo paso en grande. Lo que me da problemas es el mundo que hay fuera de ese parque. Me he adaptado dócilmente, aunque no de manera convencional, a ese mundo visible para poder retirarme sin muchos inconvenientes a mi mundo de libros. Para continuar con la metáfora, si la literatura es mi cajón de arena, el mundo real es mi reloj de arena, un reloj que se vacía grano a grano. La literatura me da vida, y la vida me mata.”

“Los libros en sí mismos casi nunca son aburridos, excepto las memorias de los presidentes de Estados Unidos (no, no, Nixon); o mejor dicho, las memorias de los estadounidenses en general. Es el síndrome “Vivo en el país más rico del mundo, pero compadeceos de mí porque de joven tenía los pies planos y una vagina maloliente, pero al final he triunfado”. ¡Puaj!”

“Mis libros me muestran cómo es la vida en un país serio donde le das a un interruptor y está garantizado que la bombilla se encenderá y seguirá encendida, donde sabes que los coches se detendrán en los semáforos en rojo y donde los semáforos no dejan de funcionar un par de veces al día. ¿Qué se siente cuando el fontanero se presenta a la hora acordada, o al menos se presenta? ¿Qué se siente cuando sabes que si alguien dice que hará una cosa tal día, la hará?”

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