El futuro del Acceso Abierto: ¿Por qué la ciencia no se ha adherido a la Revolución de Internet?

 

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Leetaru, K. H. «The Future Of Open Access: Why Has Academia Not Embraced The Internet Revolution?» Forbes APR 29, 2016

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Más que cualquier otra tecnología, la web ha revolucionado el acceso a la información en el mundo, poniendo toda la información al alcance de cualquier persona que simplemente disponga de una conexión a Internet en cualquier lugar del planeta. El papel de la Web en la democratización del acceso a la información global se ha convertido en un emblema de la potencia que tiene la tecnología para hacer progresar la sociedad. Sin embargo, dadas los orígenes de la web moderna como una plataforma para el intercambio de investigación científica, podría ser sorprendente saber que la gran mayoría de los conocimientos y avances generados por las universidades de todo el mundo se ha quedado fuera de esta revolución de la información.

Uno de los aspectos más notables de la historia de la evolución de la web es que la mayor parte de la producción científica  de las universidades del mundo no es actualmente plenamente disponible, como si lo están otros productos de información que están consultables en línea. En el caso de las enciclopedias como la Wikipedia, al igual que la la mayoría de la prensa que comúnmente se distribuye gratuitamente con publicidad e incluso la música y los vídeos  que ya buena parte están disponibles legalmente a través de los servicios ene streaming con publicidad o servicios de descarga bajo licencias abiertas.

Los trabajos científicos, el elemento vital del mundo del académico, se han resistido a esta transición. Para aquellos que no trabajan en la universidad le resulta sorprendente que la mayoría de las universidades no publiquen todos sus libros, documentos, presentaciones y materiales de aprendizaje en sus sitios web para que el mundo tenga acceso. Incluso en las universidades públicas, donde los salarios de los profesores, del personal y los gastos de funcionamiento de la institución son a menudo fuertemente subvencionados con el dinero de los contribuyentes, ya sea indirectamente a través de sus impuestos o directamente a través de las donaciones de otras agencias estatales.

En su lugar la mayoría de los conocimientos del mundo están en manos de empresas multinacionales que operan con las revistas donde publican los investigadores. Muchas revistas requieren incluso que los investigadores firmen un acuerdo legal de transferencia de los derechos de autor de su trabajo a la revista, y prohíbe que el investigador comparta el documento con los demás o que lo lo ponga en en su propio sitio web personal (aunque un número cada vez mayor de revistas permite depositar el preprint después de un período de embargo.

A cambio, las revistas cobran tarifas muy altas de suscripción para el acceso a esas publicaciones, pagando decenas o incluso cientos de dólares por la comprar del acceso a un solo artículo. El extremadamente alto costo de las suscripciones significa que incluso las mejores universidades deben ser muy selectivas con los materiales que adquieren.

El alto costo de acceso y las interfaces complicadas ha alimentado un movimiento subterráneo para piratear la literatura científica. Science publicó un artículo sobre uno de los sitios de piratería científica, que ofrece acceso gratuito a más de 50 millones de documentos adquiridos ilegalmente. Uno de los hallazgos más fascinantes es que el tráfico de descarga no viene exclusivamente del mundo en desarrollo para los cuales las suscripciones a revistas a menudo son inaccesibles, sino de las principales universidades occidentales que probablemente tienen suscripciones legales a esas revistas. Una de las razones de esto, tiene que ver con que las plataformas web de los distribuidores de contenidos científicos disponibles a través de las bibliotecas generalmente son engorrosas y difíciles de usar, siendo complicado localizar un documento, incluso si la universidad tiene una suscripción legal a la revista.

Los altos precios de suscripción y la inflación a las revistas tradicionales dieron lugar a la revolución del acceso abierto, que impulsan organismos de financiación tales como NIH, Cada vez son más las revistas que ofrecen modelos de publicación en acceso abierto, pero la mayoría, al menos en los ámbitos estrictamente científicos, trasfiere el costo de la publicación al autor. Desde la creación de la primera revista la publicación de un artículo en la mayoría de las revistas es gratis, y los gastos de publicación los asumen los suscriptores de la revista. En el mundo de acceso abierto, en algunos modelos como el conocido como «el autor paga», los artículos son gratuitos para el lector final, pero los autores deben pagar por publicar sus trabajos en abierto. La publicación en abierto con este modelo en revistas como las de PLOS oscila entre los 1500$ y 2900$ por artículo, mientras que la tasa promedio de publicación en acceso abierto para revistas de Elsevier, de acuerdo con su lista de precios actuales oscila entre los 2,200$ y los  5,000$ por artículo.

La universidad ha estado en la vanguardia de la revolución para facilitar la apertura de la información al mundo, desde el software libre a las revistas de acceso abierto, por ello cabe preguntarse ¿por qué la mayoría de la producción científica todavía esta fuera de la revolución abierta después de más de 20 años del nacimiento de la web? Tal vez la respuesta más simple es que en la acreditación científica y la promoción profesional en las universidades está estrechamente vinculada con la publicación en revistas de primer nivel, la mayoría en manos de empresas comerciales bien establecidas. A un joven profesor que acaba de empezar su carrera académica, que elige publicar exclusivamente en lugares de acceso abierto, le será más difícil progresar profesionalmente, y obtener financiación para sus proyectos de investigación, si no dispone de publicaciones con factor de impacto y prestigio en las revistas comerciales de su campo, colocando a este investigador en desventaja competitiva con sus compañeros.

Los investigadores que eligen publicar sus investigaciones en sus sitios web personales o institucionales, o en repositorios como arXiv se encuentra que esos artículos no cuentan para sus evaluaciones de desempeño de cara a la acreditación y promoción. En el ámbito académico  sólo se tiene en cuenta las publicaciones revisadas por pares e indexadas en los sitios de referencias que indican las agencias de evaluación, por lo que es difícil cuando se crean nuevas revistas de acceso totalmente abierto convencer a los profesores para que presenten sus publicaciones más valiosas en un lugar sin un factor de impacto establecido.

Al final, alguien tiene que pagar por la investigación que se publica en línea, pueden ser los propios autores o del público en general. Por otra parte, ¿cómo nos aseguramos de que lo que se publica hoy en revistas de acceso abierto se conserva durante décadas y siglos? ¿De donde vendrá la financiación para asegurar que un artículo publicado en 2016 sigue siendo accesible en 2116?

Mientras que casi cualquier otra información se ha reinventado en cierto modo en la era de Internet, la literatura académica se ha mantenido firmemente bloqueada en el formato de suscripción tradicional. Una posible solución es transferir la carga de los costos de suscripción a los gobiernos como un servicio a sus ciudadanos. El año pasado el gobierno de Egipto puso en marcha una ambiciosa iniciativa llamada Egyptian Knowledge Bank, En vez del modelo americano en el que cada universidad adquiere sus propias suscripciones a las revistas y los ciudadanos por lo general no disponen de acceso a las publicaciones, el gobierno egipcio adquiere licencias nacionales para una amplia gama de contenidos, por lo que son de libre acceso a sus ciudadanos. Sin embargo, se ha encontrado con la realidad de que la simple colocación de contenido en manos de los ciudadanos no es suficiente si el 70-80% del material que se publica en un idioma que no se es capaz de leer, hecho extensible a Internet en general. A medida que el acceso abierto continúa creciendo, el debate sobre el futuro de cómo se publica la investigación es más intenso. En paralelo, se está dando otro debate en torno a al intercambio y reutilización de los datos de investigación, la presión para cambiar la forma en la universidad gestiona sus contenidos llegará a un punto de ruptura donde el cambio será inevitable. Al final, el mundo de la investigación en el que nació la web moderna, ha sido uno de los más resistentes al cambio y uno de los últimos en abrazar la revolución de Internet.

 

 

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