Diez maneras en que la inteligencia artificial podría causar daños sin precedentes en 2026

10 Ways AI Will Do Unprecedented Damage in 2026, Experts Warn.” ZDNet, 2026. https://www.zdnet.com/article/10-ways-ai-will-do-unprecedented-damage-in-2026-experts-warn/

La inteligencia artificial puede causar daños graves al facilitar la desinformación masiva, la manipulación política, el fraude y los ciberataques, erosionando la confianza social y la seguridad digital. Al mismo tiempo, acelera la pérdida de empleos, concentra el poder en grandes corporaciones y refuerza sistemas de vigilancia y control que amenazan derechos fundamentales. Todo ello se ve agravado por la amplificación de sesgos, la dependencia excesiva de estas tecnologías y la ausencia de marcos regulatorios eficaces que limiten sus impactos negativos.

En primer lugar, uno de los principales temas que advierten los expertos es la erosión de la confianza pública en la información y la percepción de la realidad. Con tecnologías de generación de contenido cada vez más sofisticadas, como los deepfakes, resulta cada vez más difícil distinguir lo auténtico de lo manipulado, lo que podría minar la credibilidad periodística, distorsionar procesos democráticos o amplificar campañas de desinformación en medios y redes sociales. Esta tendencia —que muchos investigadores observan con creciente alarma— tiene profundas implicaciones para la cohesión social, el debate público y la gobernanza global, ya que la sociedad se enfrenta a un entorno informativo fragmentado y saturado donde “ver ya no es creer”.

En segundo lugar, los expertos han enfatizado que la IA continuará intensificando profundas disrupciones económicas y laborales. El desarrollo acelerado de sistemas automatizados y agentes autónomos está transformando industrias enteras, lo que, si bien puede aumentar eficiencia y productividad, también amenaza con eliminar grandes cantidades de puestos de trabajo tradicionales y reconfigurar mercados laborales enteros. Este fenómeno —descrito en términos similares por autoridades económicas como la directora del Fondo Monetario Internacional— presenta un futuro donde la brecha entre trabajadores altamente especializados y aquellos cuyas tareas pueden ser automatizadas se amplía, agravando desigualdades y presionando los sistemas educativos, de protección social y de empleo para que se adapten con rapidez a una nueva realidad económica.

Además, otro conjunto de riesgos señalados por académicos y analistas se centra en las amenazas sistémicas para la estabilidad social y política, como la proliferación de operaciones de influencia automatizadas o “enjambres” de agentes de IA capaces de coordinar campañas de desinformación dirigidas y manipulaciones de opinión pública a gran escala. Estos sistemas, aún en desarrollo pero ya objeto de investigación avanzada, podrían infiltrarse en plataformas digitales, replicar comportamiento humano de manera convincente y explotar vulnerabilidades sociales para exacerbar polarización, socavar procesos electorales o incluso sembrar desconfianza en instituciones. Las implicaciones de tales capacidades son particularmente significativas en un contexto global donde los sistemas democráticos están bajo presión y la competencia por hegemonía tecnológica entre grandes potencias geopolíticas continúa intensificándose.

Finalmente, junto a estos peligros sociales y políticos, los expertos también advierten de riesgos más amplios vinculados al avance tecnológico desregulado, como la posibilidad de que sistemas de IA altamente capaces operen de manera no alineada con los valores humanos o con consecuencias no previstas por sus desarrolladores. Esto incluye la preocupación por que sistemas autónomos podrían perseguir objetivos incompatibles con el bienestar humano si no se incorporan mecanismos robustos de control y alineación. Aunque todavía existe debate entre los investigadores sobre la probabilidad de escenarios extremadamente adversos —incluyendo estimaciones sobre daños catastróficos— el consenso sugiere que sin una gobernanza proactiva, mecanismos de supervisión y marcos regulatorios internacionales sólidos, las oportunidades de progreso pueden verse superadas por los desafíos éticos, estratégicos y de seguridad asociados con las tecnologías de IA en 2026.